MATÍAS CASTRO
Es la hora de los regresos, del reinicio del baile y del gran circo multimediático que ya es una rutina anual. Tinelli volvió con ShowMatch, con más producción, más famosos, más curvas, más peleas feroces (que no esperaron ni un día para estallar) y más ambición de público. Regresó Mirtha Legrand, aunque su estilo es muy diferente al de aquél conductor. Y Susana Giménez anunció que el primer programa de su nuevo ciclo tendrá a Enrique Iglesias como invitado estrella.
Todos los años ocurre lo mismo y desde Uruguay lo seguimos con paciencia. Así como en Estados Unidos el espectáculo televisivo verdaderamente popular es marcado en buena medida por American Idol y Oprah Winfrey, en el Río de la Plata son Legrand, Tinelli y Giménez quienes marcan el ritmo diario que sigue el público. No compiten entre sí, ni siquiera en sus propuestas, aunque Susana Giménez y Tinelli se disputaron el rating hace algunos años.
Quien está a la cabeza, como ha ocurrido en los últimos cuatro años, es Tinelli. Si bien su influencia sobre la vida cotidiana de la televisión rioplatense ha sido muy grande, los sucesivos Cantando y Bailando por un sueño lo pusieron a él y a su catarata de famosos en boca de todo el mundo. El circo que se monta entre las peleas de Aníbal Pachano y Graciela Alfano, la actitud de personajes como Ricardo Fort, el llanto de las vedettes, los escándalos por el baile del caño y demás ingredientes que han ido apareciendo, no ha hecho más que marcar una agenda de los temas de conversación en la calle. Y eso, visto con frialdad, será seguro un verdadero caso de estudio en el futuro.
Los programas de los tres conductores tienen sus notorias diferencias en cuanto a producción, a ritmo y a propuesta. Pero los tres tienen en común el elemento de la exposición, o supuesta exposición, de la intimidad. Tal vez unos lo hagan con más espectacularidad que otros, pero el tema es la constante de estos regresos que coincidieron (o casi) en esta semana.