Un director inglés que maneja bien al elenco oficial

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HARPER

Ficha

Autor: Simon Stephens. Dirección: Anthony Fletcher. Escenografía e iluminación: Claudia Sánchez. Vestuario: Paula Villalba. Música original: Martín Buscaglia, Mateo Moreno. Actores: Alejandra Wolf, Juan Antonio Saraví, Andrés Papaleo, Lucio Hernández, Stefanie Neukirch, Isabel Legarra, Luis Martínez, Carlos Rodríguez, Elisa Contreras, Daniel Spinno Lara, Bruno Pereyra. Sala: Verdi (Soriano 914, tel. 2901 7453). Funciones:

Viernes y sábados a las 21 horas y domingos a las 19 horas. Entradas: $ 90.

La primera idea que puede venir a la mente del espectador cuando comienza a ver Harper es la exquisita pieza teatral de David Mamet, Edmond. En ella (muy conocida tanto a través del cine como del teatro), un individuo se va de su casa y comienza un viaje alocado por un mundo urbano hostil, donde se cruza con seres que cada vez más le hacen sentir lo solo que está, y lo difícil que resulta comunicarse con la gente.

En ciertos aspectos Harper es como la versión femenina de Edmond, aunque su autor, Stephens, va más en profundidad y analiza más qué le pasa a su protagonista, que en este montaje de la Comedia Nacional interpreta impecablemente Alejandra Wolf.

Claro que el periplo al que se somete Harper, la protagonista, es más verosímil y tiene más vueltas de tuerca que la obra de Mamet, que es más breve y lineal. Para llevarla a escena, Fletcher cuenta con un equipo de artistas talentosos, entre los que destaca Claudia Sánchez, quien se hizo cargo de la escenografía y del diseño de iluminación.

La artista ideó una escenografía útil, sintética, que expresa bien las tensiones que vive la protagonista y su entorno. El juego de vectores que ella propone, sumados al uso de las luces, tensa progresivamente la representación.

En ese entorno el director trabaja distintos espacios, utilizando un elenco numeroso, generalmente en escenas de pocos personajes, que se van cruzando en grupos chicos. A través de un montaje de tono sombrío, y colores bastante apagados, la protagonista va luchando por conciliar lo que ella siente con lo que piensa, y con los deberes que como madre y esposa siente que tiene que asumir. Más allá de la propia protagonista, los distintos personajes van poniendo sobre el tapete un mundo ganado por la incomunicación, en el que parece que cada vez se hace más difícil vivir.

La obra, cuya representación dura dos horas y media, se puede hacer un poco larga para el espectador poco experimentado, dado que se trata de un teatro de texto, en el que además los datos que arman la trama van llegando al público de modo lento y disperso. El espectador podrá disfrutar de la obra siempre que esté con la cabeza despierta a los menores detalles, dado que hay muchas pistas sueltas que es interesante aunar. El elenco, de diferentes edades, que incluye algunos de los actores recién contratados por la compañía esta temporada, defiende la obra con fuerza.

Fletcher es un director de teatro que irrumpió en la escena local y está llegando a ocupar un lugar destacado en relativamente poco tiempo. Si bien sus primeros contactos con el teatro uruguayo se remontan a tiempo atrás, fue a través de una obra de su autoría (Pelea de osos, en el Teatro del Anglo, en 2009) que fue señalado como un artista de interés, concepto que se fortaleció con su versión de Traición, de Pinter, que fue nominada a seis premios Florencio. Ahora, en su primer montaje con la Comedia Nacional, Fletcher vuelve a mostrar su sensibilidad y su solvencia.

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