La chica del dragón tatuado
ficha
EEUU, 2012. Título original: The girl with the dragon tatoo. Dirección: David Fincher. Intérpretes: Daniel Craig, Rooney Mara. Guión: Steven Zaillian, basada en "Man som hatar kvinnor" de Stieg Larsson. Fotografía: Jeff Cronenweth. Género: Drama/ suspenso. Vestuario: Trish Summerville.
El primer cuestionamiento que se le puede hacer a este film policial es extracinematográfico y en definitiva irrelevante. Acaso a alguien le importe, pero en realidad no debería. Se trata de lo siguiente: ¿era necesario volver a filmar en inglés la novela original de Stieg Larsson (y se vienen las continuaciones) cuando ya existía ya un competente antecedente sueco (Los hombres que no amaban a las mujeres) que tiene apenas dos años? Si la respuesta es "no", quien la dé puede saltearse La chica del dragón tatuado.
Naturalmente, hay toda clase de público: los que leyeron la novela de Larsson pero no vieron la película sueca, los que vieron la película pero no leyeron el libro, los que conocen ambos, los que no conocen ninguno de los dos. Las reacciones de esos diversos grupos ante esta película de Fincher pueden tener por lo tanto sus matices. El concepto comercial del proyecto es claro: hay unas novelas que han tenido éxito, y seguramente van a tenerlo más en cine si se las hace en inglés que en sueco. Pero ese no es un criterio estético. La consecuencia es una película, está en la pantalla, y corresponde juzgarla de acuerdo a sus propios méritos.
Digámoslo casi de entrada: no está nada mal. Y esto lo escribe alguien que no es un particular admirador de Larsson, ni de David Fincher. Debe significar algo.
Entre otras cosas significa que Fincher se siente cómodo con el material. Las novelas de Larsson tienen todo lo que a Fincher lo fascina: oscuridad, obsesión, dosis de violencia, sexo y truculencia (por eso es tan mala El curioso caso de Benjamin Button: el director jamás podría creer en un libreto que le proporciona quince puestas de sol y veinte monólogos de manual de autoayuda o galletita de la suerte). En La chica del dragón tatuado hay en cambio (como en Pecados capitales o Zodíaco) un misterio, personajes de comportamiento ambiguo, rasgos de sordidez y un buen manejo de las tensiones y las expectativas.
Mucha gente conoce ya los libros o las películas suecas, pero para los que no es preferible no ser demasiado específicos acerca del argumento. Hay un periodista en la mala (Daniel Craig) contratado para encontrar a una joven que desapareció o fue asesinada cuarenta años antes, una "hacker" bisexual y de comportamiento extravagante que lo ayuda (Rooney Mara), varios personajes secundarios (algunos de ellos bastante desagradables) que suscitan diversos grados de sospecha.
Fincher y su equipo saben que están jugando en la cuerda floja. Por una parte deben respetar el material previo (si no lo hacen, los conocedores protestarían), pero al mismo tiempo deben introducir aquí y allá algunas variantes para que el espectador no salga con la sensación de haber visto "más de lo mismo". Lo hacen con bastante inteligencia; agregan cosas que estaban en el libro pero no en la película sueca, muestran otras que solo se mencionaban, cambian algunos detalles, y por lo menos se equivocan en un punto: los títulos de crédito (que están muy bien resueltos) tienen más que ver con una película de James Bond. Es también típico de Fincher que el sexo sea más explícito y brutal, o que añada algún efectismo que estaba en el libro pero no en la película original.
¿Jugamos el juego de las odiosas comparaciones? ¿Cuál de las dos películas es mejor, la escandinava o la angloparlante? Ambas funcionan con eficacia. La sueca (con menos producción) tiene un aire más rudo que la vuelve acaso más cercana al espectador. Fincher dispone de un presupuesto más abultado y lo luce en su aprovechamiento del decorado y el paisaje, la amplitud de sus tomas, el acabado profesional que incluye un montaje espléndido. ¿Los actores? Aquí ganan los escandinavos. El Mikael Blomkqvist de Michael Nyqvist tiene más aspecto de "tipo normal", y uno puede preocuparse más por lo que le pasa. Daniel Craig (que es un buen actor) carga con ser James Bond. Rooney Mara es una interesante Lisbeth Salander (de hecho, lo interesante es Lisbeth Salander, sin duda el personaje mejor perfilado de la saga, y probablemente la verdadera razón de su éxito), pero no borra el recuerdo de Noomi Rapace. Todo eso no pasa de ser charla de sobremesa, sin embargo. Quien quiera un buen policial para adultos, aquí lo tiene.