ENTREVISTA

Victoria Rodríguez y la vigencia de "Esta boca es mía": "Tuve que pagar derecho de piso"

"Fue un cambio muy abrupto y me cobraron que haya pasado del glamour a los problemas sociales", le dice a El País Victoria Rodríguez, la conductora de "Esta boca es mía" desde 2008.

Victoria Rodríguez. Foto: Estefanía Leal.
Victoria Rodríguez. Foto: Estefanía Leal.

“La vigencia de Esta boca es mía se explica por la vigencia del formato”, le dice Victoria Rodríguez a El País. “Es como el informativo: siempre suma porque todos queremos ser partícipes de lo que pasa”. Es la explicación más clara de que el programa que irrumpió en las tardes de Canal 12 mantenga su lugar tras 13 años al aire.

Si al debate en torno a la agenda periodística se le añade la palabra de los defensores de cada postura —“la polifonía y el concepto de lo coral”, define— y el aporte de panelistas que cambian cada determinado tiempo, se vuelve difícil que el programa caiga en la repetición.

El combo se completa con el aporte de Rodríguez, cuyo rol como mediadora en temas políticos y sociales sorprendió en el lejano 2008, quien se encarga de bajar a tierra cada uno de los conceptos tratados en Esta boca es mía.

Y, por más de que últimamente han surgido otros programas de debate en la televisión local —como Todas las voces (Canal 4) y Polémica en el bar (Canal 10)—, el programa conducido por Rodríguez tuvo que ganarse su espacio en un horario que supo estar dominado por las clásicas telenovelas brasileñas de la Globo.

Pero Esta boca es mía es mucho más que debate. También fue el lugar donde Rodríguez logró reinventar su imagen en los medios y demostrar que su faceta iba mucho más allá de glamour y sus apariciones en los programas de verano en Punta del Este. Fue un camino que se inició con A conciencia y que el año pasado creció con Referentes, el programa de entrevistas donde trabajó junto a Guillermo Amoroso y Alejandra Borques.

Sobre el camino recorrido al frente de Esta boca es mía y sus miedos al momento de cambiar de rubro, Rodríguez habló con El País.

Esta boca es mía lleva 13 años al aire. ¿Qué reflexión te genera su permanencia?

—Mi primera reflexión tiene que tener obligatoriamente con el contexto en el que estamos viviendo, porque todos los días ves producciones que cierran, compañeros de trabajo que quedan sin sus espacios. Entonces, cuando me hablás de la permanencia del programa no puedo evitar, más que nunca, dar gracias todas las mañanas. Cuando arrancamos Esta boca es mía hace 13 años, sentí que me estaban dando un premio consuelo porque durante mucho tiempo no se sabía muy bien qué hacer conmigo. Conversé con el canal porque habían sido muchos años de Los viajes del 12 y los programas de verano, y yo insistía en que quería cambiar el rumbo para que las temáticas que abordara acompañaran mi maduración personal. Así surgió A conciencia, que fue un antes y un después. Fue un cambio muy abrupto y me cobraron que haya pasado del glamour a los problemas sociales, pero pagué el derecho de piso. Eso me permitió entrar en Esta boca es mía, que empezó más light y se fue politizando a través del tiempo.

—Lo que empezó con temas más cercanos a la familia y la educación se fue transformando en un programa más político con distintos puntos de vista. ¿Esa es la clave de su vigencia?

—La capacidad de polifonía del programa es clave. Se trata de poner a debatir a todas las voces y de que vayan rotando todo el tiempo. Además está la moderación, que aunque a veces se cuele mi pensamiento, tiene el ejercicio de pinchar cuando la cosa no está movida. Que los panelistas sean rotatorios es importante para no agotar al televidente, porque si uno ya sabe lo que el otro va a decir se pierde el dinamismo. A esta altura, todo el mundo ha venido a Esta boca es mía, y al que no le guste el debate puede estar presente a través de llamadas. Es válido, porque el debate no es para cualquiera.

—En un momento en el que las redes sociales muestran una polarización creciente, que haya un programa con variedad de voces es algo valioso. ¿Sentís que eso le da cierto valor agregado a Esta boca es mía?

—Por supuesto. Y ese es el pensamiento que me concilia con lo que estoy haciendo: el creer que estoy sumando algo y generando la posibilidad de que se escuchan distintas opiniones sin irte a la miércoles, que es lo que sucede en las redes sociales. Es verdad que a veces los decibeles suben un poco porque los debates son pasionales, pero estamos aportando un granito de arena a los debates que nos importan a todos. En eso es clave el rol de la producción de Tania Melgar, Lucía Núñez y durante mucho tiempo Diego Travieso, que son guerreros de todos los días. Cada programa hay que elegir dos temas y conseguir invitados, y todo con poca capacidad de planificación porque estás obligado a mantener la actualidad.

Victoria Rodríguez. Foto: Estefanía Leal.
Victoria Rodríguez. Foto: Estefanía Leal.

—¿Recordás el momento en que se sintieron listos para dejar los temas más “light” para abordar la política?

—No tengo registrado el momento, pero se fue dando con mucha naturalidad, de la misma manera que naturalmente han salido personalidades que después tuvieron una relevancia determinada en el qué hacer político y parlamentario. Y eso habla del lugar que ocupa el programa, porque por Esta boca es mía han pasado Fabiana Goyeneche, Beatriz Argimón y Graciela Bianchi. Esta es una ventana para personas que tienen intereses más allá, como una carrera política. Y eso no es mala palabra, porque a todos nos sirve.

—¿De qué manera te ha servido estar en Esta boca es mía?

—Primero que nada es trabajo y tiene que ver con mi naturaleza, que es la comunicación. Tuve todo que aprender para hacer esto, porque venía de un palo totalmente distinto, pero los desafíos me alimentan. La historia de mi vida es ser un poco autodidacta, así que fui aprendiendo con el paso del tiempo, y en eso las críticas son muy buenos maestros. También me he nutrido de las opiniones diferentes y mi mirada del mundo hoy es mucho más rica que antes; todo gracias a que estuve atenta a escuchar cómo se sienten las distintas personas sobre el país y la política.

—Dijiste que cuando entraste al programa te “cobraron” ese cambio abrupto. ¿Cómo recordás el inicio del programa, cuando todo era tan nuevo?

—Con miedos, por supuesto. Era importante hacer coincidir mis intereses con lo que quería la empresa, y cuando se llegó a este formato, tenía miedo porque la tarde era el horario de las telenovelas. Imponer producción nacional en ese horario era una jugada arriesgada, y te puedo asegurar que este es un rubro en el que nadie hace beneficencia. Si estás al aire es porque algún peso le reportás a la empresa, más allá de que todos tienen su compromiso social. Si bien tuve muchos miedos, siempre fui de las personas que trata de tomar conciencia de para qué hace las cosas. Fue un ejercicio interno que, lejos de dejarme quieta, me hizo ir para adelante.

—En estos 13 años, ¿sentís que pudiste cambiar la percepción que el público tenía de vos, o no le das importancia?

—Eso de no darle importancia es bullshit, porque siempre trabajamos para la gente. Al que te ve porque le gusta cómo trabajás o porque odia a tal panelista pero no puede dejar de mirar, siempre les agradezco. Supongo que debe haber mucha gente que se quedó en el casillero anterior, donde se me encasilló por toda una etapa de mi carrera profesional, para bien o para mal. Habrá mucha gente que no quiere ver otra cosa, pero la gran mayoría me acompaña en esa evolución: algunos pensarán que lo hago o mejor o peor. Pero de eso se trata, de que te acompañen, con la certeza de que le gusta lo que hacés.

esta boca es mía

Los límites de la discusión en pandemia

La irrupción de la pandemia del coronavirus en marzo del año pasado cambió la forma en que se manejaron los temas diarios en Esta boca es mía. “¿Quién iba a decir que todos los días íbamos a hablar de virus y bacterias? Todos los medios de prensa hemos tratado de ser lo más responsable posible en este tema tan nuevo. Teníamos que medir hasta dónde informar sin agobiar ni alarmar”, comenta Rodríguez.

Más allá de la sobreinformación, uno de los temas más discutidos en la producción del programa fue elegir hasta qué punto es posible debatir en torno a la pandemia. “Siempre tratamos de que se escuchen todas las voces, pero el gran desafío en este contexto era: ¿Ponemos la voz del antivacuna, del conspiracionista que dice que todo esto es para implantarte chip que guíe tu vida o al doctor Salle? Esa fue nuestra gran inquietud”.

“En este contexto tan especial me ganó y me ha venido ganando la selección de tener que confiar en los que saben más, aún en el acierto o el error. La ciencia es lo que nos llevó a evolucionar, y llega un momento en que tenés que jugártela”, concluye.

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