Oscar Isaac y Carey Mulligan en "Bronca": por qué la segunda temporada es más oscura y elegante que la primera

a serie ganadora del Emmy regresa con una historia de traición y corrupción generacional que ya es tendencia.

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Bronca Oscar Isaac y Carey Mulligan en la segunda temporada de "Bronca", en Netflix.
Foto: Difusión comercial.

The New York Times
Oscar Isaac y Carey Mulligan eran la imagen de una relajación opulenta. Acomodado en una lujosa cabaña en un hotel de alto nivel en Los Angeles, Isaac llevaba una camisa estampada desabotonada por debajo del pecho y una delicada cadena alrededor del cuello. Mulligan descansaba a su lado con gafas de sol de diseñador y una prenda amplia de estilo masculino. La atmósfera encajaba bien con el entorno de club de campo de la segunda temporada de Bronca, protagonizada por ambos actores y que se estrenó el jueves en Netflix.
Lo único que faltaba era una sensación subyacente de desesperación, una hostilidad generacional y de clase que hierve a fuego lento, y las consecuencias caóticas de decisiones terribles.

La primera temporada de Bronca, creada por Lee Sung Jin, ganó el Emmy a mejor serie de antología por su retrato, con humor oscuro, de dos desconocidos que se involucran en actos de destrucción cada vez mayores tras un incidente de furia al volante. (Sus protagonistas, Ali Wong y Steven Yeun, ganaron premios Emmy).

La segunda temporada, también supervisada por Lee Sung Jin, sigue una nueva historia cargada de tensión y un nuevo conjunto de personajes moralmente comprometidos. Esta vez el conflicto se centra en dos parejas en un exclusivo club de campo del sur de California. Josh Martín (Isaac) administra el club, y su esposa, la diseñadora de interiores Lindsay (Mulligan), es una presencia frecuente. La pareja de la Generación Z, Austin (Charles Melton) y Ashley (Cailee Spaeny), trabaja allí.

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Parte del elenco de "Bronca".
Fotos: Difuisión comercial.

En el episodio de estreno, Austin y Ashley capturan en video una pelea explosiva entre su jefe y su esposa, lo que pone a los cuatro en un camino de chantaje y corrupción. Ya están disponibles los ocho capítulos de la temporada.

—¿Qué los atrajo de Bronca?
Oscar Isaac: Había visto la primera temporada y sentí una gran afinidad con los temas que Sonny (Lee Sung Jin, el creador de la serie) estaba explorando, como inmigrante y especialmente con el aspecto de la iglesia evangélica. Cuando me propusieron la segunda temporada, tuve largas conversaciones por Zoom con Sonny, charlas abiertas sobre nuestras vidas y relaciones. Parecía que había mucho espacio para crear estos personajes.

—¿En ese momento la temporada ya estaba delineada? Isaac: Había un guion, el del primer episodio, y terminó siendo bastante diferente. Sonny todavía estaba ideando, porque le gusta mezclar las experiencias personales de todos con las suyas.
Mulligan: Oscar fue una gran razón por la que quise hacer la serie, pero también porque me encantó la primera temporada. Las posibilidades creativas se sentían realmente enormes.

—Lindsay siempre fue escrita como británica y Josh como latino?
Carey Mulligan: Ninguno de los dos. Yo no era Lindsay Crane-Martín. Era Lindsay Martin. Isaac: Y yo era Josh Martin. Dije: “¿Qué tal Josh Martín?” Mulligan: Yo impulsé que ella fuera inglesa porque había un poco de improvisación -con el acento se puede hacer- pero es mucho más difícil. También había algo encantador en que fuera alguien que se había manejado gracias a su capital social en su lugar de origen. Tiene un apellido compuesto. Es el tipo de chica que habría ido a un baile de debutantes y habría salido en Tatler (la revista británica de sociedad).

—¿Cómo ven a Josh y Lindsay? ¿Les caen bien como personas?
Isaac: Eso fue realmente desafiante para nosotros. Nos mirábamos al espejo y decíamos: “Mirá esos cortes de pelo ridículos. Dios, quiero abofetearlos”. Eso mismo es lo que se le plantea al público. Al principio es bastante claro dónde están las simpatías, y luego eso empieza a cambiar.

—¿Dónde creen que se ubicarán las simpatías del público?
Isaac: Con Austin y Ashley. Están enamorados. Hay una pureza en ellos. Trabajan duro para esta gente rica. Son aspiracionales. Todo eso es positivo. Pero cuando ves a estos otros con sus peinados molestos tener esa pelea horrible, algo empieza a moverse. Y luego la reacción de los chicos empieza a poner todo en cuestión. Pensás: bueno, no sé si yo haría eso. Mulligan: Es difícil conocer a cualquiera de estos personajes y decir “bien hecho”. Están en su peor momento. Si soy honesta conmigo misma, si alguien filmara la peor semana de mi vida, habría cosas de las que me avergonzaría.

—Lindsay dice que las parejas que no discuten probablemente esconden algo. ¿Creen que eso es cierto?
Mulligan: Probablemente sea cierto que si nunca expresan ningún desacuerdo, algo raro pasa. Pero el nivel de locura que hay en su casa… están de rodillas hasta que los filman. Después se unen contra un enemigo común. Isaac: Eso te saca de vos mismo. Me acuerdo de una pelea que tuve con mi esposa en la casa de verano que tenemos en Dinamarca. Era casi medianoche y dije: “Necesito tomar aire”. Salí y se veían las auroras boreales y la Vía Láctea. Ella salió también y nos pusimos a reír porque de repente te das cuenta de lo pequeño que es aquello por lo que estás peleando en el gran esquema de las cosas.

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Carey Mulligan y Oscar Isaac.
Foto: Difusión comercial.

—La segunda temporada tiene mucho para decir sobre el sistema de salud estadounidense y hasta dónde llega la gente para sobrevivir económicamente. ¿Cómo ven el estado actual de la sociedad? Isaac: Aterrador. Especialmente en Estados Unidos, la forma en que no cuidamos a la gente con seguros, lo viles que pueden ser esas compañías incluso en las situaciones más desesperadas. Tengo hijos pequeños. Estamos hablando del mundo que van a heredar. Es como la caída de Roma.
Mulligan: Es bastante duro. Creo que ha habido una verdadera caída de la empatía global. Tal vez porque estamos tan inundados de cosas terribles, es como bajar las persianas. Se siente inquietante y perturbador. Es muy fácil “convertir en otros” a los demás en este momento.

—Josh describe el club como un lugar de exclusividad y discreción, y también como “una tierra de fantasía”, como algunos llaman a Hollywood. ¿Cómo se siente estar inmersos en ese mundo?
Isaac: Vengo de orígenes humildes. Nadie pertenece realmente aquí. Encontrás tu camino y, de repente, es como: conozco a toda esta gente. Es una ventana muy pequeña en el tiempo en la que los actores han sido elevados a esto. Antes éramos vagabundos y ladrones; éramos gente de feria.

—En la serie dicen que el ser humano promedio tiene 960 meses de vida, es decir, 80 años. ¿Qué esperan hacer con los meses que les quedan?
Mulligan: Dios, eso me da ganas de llorar. Isaac: Venden esos calendarios donde podés ir tachando los meses. Salvaje.
Isaac: Simplemente estar presente hoy. No quedarse atrapado en el futuro ni tratando de reescribir el pasado. Encontrar cada día un lugar de entrega. Mulligan: Intentar mantener el hogar en pie y priorizar lo importante. En un plano más amplio, la organización benéfica con la que trabajo desde 2014, War Child, protege a niños en zonas de conflicto. Me siento comprometida con hacer suficiente trabajo de concientización sobre este tema.

—Varios personajes lidian con el envejecimiento. ¿Cómo lo viven ustedes?
Mulligan: Está bien envejecer, pero es raro cuando todos los olímpicos son 15 años más jóvenes. En los Juegos de Invierno decían: “Dios, tiene 32 y es increíble que haya vuelto”. Mis hijos me decían: “¿Por qué dicen que Lindsey Vonn es vieja? Tiene tu edad, mamá”. Me sentía bien con la edad hasta que vi los Juegos Olímpicos.
Isaac: Empieza a sentirse un poco como: bueno, estos son todos años de regalo.

—La angustia generacional es un tema fuerte. Lindsay tiene una gran línea: “Estos malditos chicos no saben con quién se metieron. Tenemos muchos más años de experiencia siendo mezquinos”.
Isaac: Tenemos más kilometraje.
Mulligan: Fue interesante en el set darnos cuenta de que nosotros éramos los adultos. Cuando nos conocimos, Cailee Spaeny y Charles Melton eran muy deferentes, de una manera adorable. Nosotros decíamos: “Somos iguales, chicos. ¡Cállense! ¿Qué quieren decir con que es un honor trabajar con nosotros? ¡Váyanse al carajo!” [Ríe].
Isaac: Siempre sentimos que éramos los chicos hasta hace muy poco. Era como: “Estoy tratando de entender todo, díganme qué hacer, estoy feliz de estar acá”. Y ahora ellos nos miran como si supiéramos lo que estamos haciendo.

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