Tributo a la imaginación por un gran dibujante

| El artista que vive en Florida une trabajos realizados desde 1997 hasta el presente

JORGE ABBONDANZA

Mañana a las 19.30 horas en la sala de exposiciones de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación (San José 1116) se inaugura la muestra "Fragmentos" que consiste en dibujos de Oscar Larroca pertenecientes al período 1997-2005. La exposición quedará habilitada hasta el 28 de noviembre y podrá visitarse de lunes a viernes entre 10 y 18 horas, con libre acceso para todo público.

Las obras de Larroca están realizadas con lápices policromos, grafito y pastel-óleo, herramientas con las cuales el artista extrae de la realidad una imaginería de precisión tan absoluta que hace falta detener el ojo y demorarse sobre cada detalle para descubrir el micromundo que allí se abre, la minuciosidad con que reproduce la línea de un rostro, el pliegue de un fragmento anatómico o la calidad táctil de un objeto inanimado. Hasta la caligrafía que a veces llena con un fondo de palabras diminutas los espacios entre un panel de estampas, está guiada por esa obstinación miniaturista que absorbe la mirada con un alcance hipnótico.

La maestría del trazo es tan sorprendente que las obras de Larroca corren el peligro de ser confundidas con una reproducción mecánica de la realidad que recrean, cuando en verdad son el devorador trabajo manual de un dibujante capaz de llevar sus depuraciones a extremos de asombro. Pero la diferenciación sólo se percibe cuando el contemplador se aproxima a la superficie de esos trabajos, descubriendo que la distancia entre el ojo y el papel puede acortarse indefinidamente, porque la cercanía gradual es también una paulatina comprobación de las pequeñas delicias del itinerario del lápiz, que no se reduce al grafito sino que abre un abanico cromático sin perder la delicadeza de los recorridos ni las sutiles ondulaciones del claroscuro.

El cromatismo añade otros goces visuales a lo que antes era rigurosamente blanco, gris y negro. Esos goces derivan de la sutileza con la que rojos o verdes se expanden para trazar el remoto paisaje de un plano de ciudad o abren las profundidades de una cavidad bucal, mientras el artista juega de manera igualmente afinada con sus vistazos críticos al mundo que reproduce, sus ironías sobre personajes míticos, sus retratos de celebridades, su obsesión por la figura humana que el lápiz filtra como un instrumento radiográfico o rastrea igual que una lente microscópica, a la que no escapa el craquelado, con cuya red Larroca alude a otros quebrantos de este mundo. Lo notable del resultado plástico es que el hábito de frecuentar su obra no disminuye el disfrute, la admiración ni la sorpresa.

Larroca tuvo formación autodidacta pero en su juventud siguió los lineamientos de colegas mayores como Jorge Satut y Manuel Espínola Gómez. Luego ha dejado durante veinticinco años una hilera de constancias de su maestría, ha obtenido premios en el país y en el exterior, ha profundizado su análisis del arte contemporáneo sobre el que escribió numerosos ensayos parcialmente recopilados en un libro y hasta fue ilustrador a nivel periodístico, manteniendo durante años su colaboración con esta sección Espectáculos de El País. Ahora, en la madurez de la vida, casado y con dos hijas, sensatamente refugiado en la calma de la ciudad de Florida, el artista baja a Montevideo a exhibir una vez más las pruebas de su virtuosismo.

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