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El recuerdo de "Telecataplum", el trabajar con Tato Bores y el unipersonal de humor que trae a Punta del Este

La comediante uruguaya Gabriela Acher se presenta este domingo en The Grand Hotel de Punta del Este con su unipersonal "¿Qué hace una chica como yo, en una edad como esta?".

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Gabriela Acher.
Gabriela Acher.
Foto: Difusión.

"Soy una convencida de que la risa exorciza los temas más ríspidos y afloja los esfínteres como nada en el mundo”, comenta Gabriela Acher. Sabe de lo que habla: lleva seis décadas en esa difícil tarea de hacer reír a la gente. Y lo ha conseguido

Debutó en televisión en 1963 y su carrera se desarrolló como actriz, comediante, presentadora de televisión y escritora. Fue parte de clásicos de la televisión rioplatense como Telecataplúm, Comicolor, Tato Diet y Juana y sus hermanas, entre otros ciclos de humor.

Se alejó de la pantalla a inicios de los noventa, cuando se sentía en la cima y ya tenía un Martín Fierro por Hagamos el humor. Allí optó por estar presente para su hijo que entonces tenía cuatro años y apenas veía por los horarios de trabajo.

Igualmente se mantuvo cerca del público. La comunicación se dio a través de libros como La guerra de los sexos, El amor en tiempos de colesterol, o Si soy tan inteligente, ¿por qué me enamoro como una imbécil?, que se convirtieron en éxitos literarios y teatrales cuando los convirtió en unipersonales.

Gabriela Acher
Gabriela Acher. Foto: Archivo.
Foto: La Nación /GDA

Este domingo a las 21.00, Acher presenta en The Grand Hotel en la rambla de la Brava de Punta del Este, su espectáculo ¿Qué hace una chica como yo, en una edad como esta? Entradas en Redtickets a 1.500 pesos.

En este unipersonal que define como una charla TED y con el que se ha presentado en Montevideo y Punta del Este, Acher desarrolla una teoría: las mujeres de hoy, a fuerza de haberse divertido más que sus madres y abuelas, cambiaron el gen del envejecimiento.

“Por lo tanto, los 60 son los nuevos 40, los 50 los nuevos 30, los 40 los nuevos 20, y las de 20 todavía no nacieron”, dice a El País antes de volver a reír.

Si hay sellos distintivos, los de Acher son su risa fuerte y cómplice, su pelo rojo y batido y personajes como “Chochi la dicharachera” o “La doctora Diu”.

La inquietud del título del unipersonal, dice Acher, refiere a un sentimiento universal, ya que aplica para cualquier generación y género.

“Los hombres también se sienten más jóvenes de lo que les dice la cédula, les devuelve el espejo, o la balanza. Y me pareció que, transitando los 70 años, era un buen momento para hablar de cómo nos pega el paso del tiempo, y cómo hacer para reírnos de eso”, comenta a modo de adelanto.

Seguidora de un estilo de humor que ya no se encuentra en la televisión, Acher ha logrado imprimir sus ideas y cuestionamientos sociales, a través de un estilo muy personal.

“Voy a llevar la bandera del humor hasta el último de mis días, porque reírme me ha salvado la vida”, dice.

Gabriela Acher. Foto: Difusión
Gabriela Acher. Foto: Difusión.

Su tipo de humor, en parte, proviene de su madre.

“Mi mamá me dejó un mensaje en el contestador: ‘anda preocupándote, después te explico’, para dar un ejemplo. Por eso reírme fue un salvoconducto desde jovencita, siempre tratando de hacer reír a mi madre, tarea ímproba, y después a todo el mundo”, comenta.

Con seis décadas de carrera a cuestas, Acher ha trabajado con grandes de la comedia, aunque hay un recuerdo imborrable: las horas junto a Ricardo Espalter en Telecataplúm.

“Una vez hacíamos un sketch donde me llamaba Elmira. Yo tenía a mi marido abajo de la mesa y Espalter intentaba levantarme. Tenía que decir “Elmira” para que le retrucara: “el mira y oye”, pero nunca me daba el pie. Me decía: “Elmirita”, o “Elmirucha”. Eso hacía que nos matáramos de la risa. Realmente era muy gracioso trabajar con un actor que no se podía aprender la letra. Lo que pasa es que Espalter ponía una cara y con eso solucionaba todo. No tenía que decir nada, era un mimo extraordinario, comenta.

También está fresco el recuerdo de su tiempo con Tato Bores, época que Acher se encargó de registrar y está disponible en su canal de Youtube.

Llegó al programa en 1989, año electoral que terminó con Carlos Menem de presidente.

“Mi personaje tenía que entrar y molestar a Tato. Trataba de ganarle el lugar, era una desubicada total. Y Tato siempre me terminaba echando. Un día le digo: ‘Tato, “usted es un machista-leninista’. Le gustó tanto la expresión que los guionistas empezaron a virar el personaje hacia una feminista acérrima, loquísima. Lo escribieron los hijos de Tato, Alejandro y Sebastián (Borensztein), y termino fabricando machos en una bañera con un jugo en polvo. Ese personaje hizo las cosas más disparatadas. Me dio mucho éxito y lucimiento”, dice.

—Pero estuvo solo dos años junto a Tato Bores.
—Sí, se enojó un poco cuando me fui. Pero la gente de Canal 13 me ofreció tener mi programa, ¿quién no se hubiera ido? Lamenté irme, pero no tenía mucha opción. Igualmente teníamos una relación buenísima con Tato. Él era chinchudo, exigente, pero conmigo estaba encantado.

—Para entonces ya había trabajado con Antonio Gasalla y en el ciclo Comicolor, donde creó personajes como “Chochi la dicharachera”.
—Sí, en 1982 hacía ese programa con excompañeros de Telecataplúm y empecé a escribir mis personajes, como “Chochi”. También escribí otros pero mis compañeros nunca los quisieron hacer. Ahí pude ver el momento de machismo máximo de ellos hacia mí, porque el siguiente año querían contratarme como actriz, pero que no escribiera nada.

Gabriela Acher
Gabriela Acher. Foto: Archivo
La Nacion/GDA

—¿Y qué hizo?
—En ese entonces la revista Gente me compró el personaje y empecé a publicarlo ahí. Hasta el día de hoy que la gente me lo pide. Y así fue que empecé con la escritura, y lo bien que hice porque me ha permitido seguir vigente.

—Se sumó a Telecataplúm en 1963 cuando el programa ya estaba al aire. ¿Lo veía?
—Era fanática. Iba al canal a verlo. En mi vida vi nada más extraordinario que ese programa. Además, pude conocer a Jorge y Daniel Scheck. Ellos escribían en Lunes, que era una revista extraordinaria con los mejores humoristas del Uruguay. No es que leía la revista, me las sabía de memoria. En una reunión Eduardo D'Angelo me dice que Telecataplúm buscaba una chica joven que cantara, bailara y actuara, y me llevó a conocer a Jorge y Daniel. Era joven e inexperta, pero cuando los vi les recité todo lo que habían escrito en Lunes. Así entré; y tal vez por eso siento que soy la memoria de Telecataplúm. Soy la única que queda, y me acuerdo hasta de las canciones. Les teníamos que cambiar las letras porque la gente no creía que éramos nosotros los que cantábamos.

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