El candombe está en la vida de Maximiliano Surraco (38) desde antes de nacer. Viene de un linaje de escoberos y, aunque nadie se lo impuso —ni siquiera se lo enseñaron—, el amor por la escoba estaba ahí, implícito. Nació en esos asados y reuniones familiares donde su padre y su abuelo —ambos llamados Hugo Jorge Surraco y campeones con Morenada— improvisaban bailes con cualquier escoba o lampazo que apareciera entre charlas y risas. Ese niño miraba, absorbía de forma inconsciente y se maravillaba con la escena. Después, se paraba solo frente al espejo e imitaba esos movimientos.
“Cuando cometía errores estaban ahí para marcarme, pero me fui haciendo solo”, comenta a El País el ganador a mejor escobero del Desfile de Llamadas 2025 con Más que Lonja, comparsa revelación que se quedó con el segundo puesto, detrás de Cuareim 1080.
Esa noche de febrero, antes de salir por Isla de Flores, Maximiliano miró al cielo. Le mandó un beso a su hermano Hugo Mathías, fallecido ocho años atrás y también escobero, y se encomendó a su abuelo, a quien había perdido un año antes. Les pidió fuerza y sabiduría. El ruego fue escuchado y saldó una cuenta pendiente: consagrarse en las Llamadas capitalinas.
“En 21 años no había tenido la suerte de sacar un premio individual en Montevideo. Durante los fallos no escuché mi nombre, porque cuando Más que Lonja salió segunda fue una locura. Me avisó mi primo —Daniel Cerrudo, dueño del conjunto— y no lo podía creer. Nos abrazamos, lloré y la primera llamada que hice fue a mi viejo, que estaba durmiendo, a las seis de la mañana. Me dijo palabras hermosas, pero no las recuerdo porque sentí una emoción inmensa. Un año atrás había fallecido mi abuelo y fue un regalo”, resume, con la voz quebrada.
Pertenece a la cuarta generación de escoberos —desde su bisabuelo Leandro— y la tradición tiene continuidad asegurada. Cuatro de sus cinco hermanos siguieron el mismo camino y Alexander, el único que había quedado por fuera, este año se sumó como escobero en Batea de Tacuarí. Maximiliano se dio el lujo de compartir Llamadas con su padre en Nigeria, y hoy repite ese privilegio en Más que Lonja, donde desfila junto a su hermano Pablo y su sobrino Axel, de 13 años. Son los tres escoberos de la comparsa.
A Axel le transmite lo mismo que aprendió de su abuelo y de su padre: que lo más importante es disfrutar, sonreír y bailar para la gente, porque cuando eso se pierde, la escoba deja de tener sentido.
“Cambia todo si transmitís alegría, y cuando ya no te guste, no lo hagas más; se lo repito siempre a mi sobrino”, asegura. Esta noche, en Isla de Flores, va por todo: está recién operado de la nariz, pero no se podía perder la chance de defender el título a mejor escobero.
Más que Lonja debutó en el Concurso Oficial del Carnaval 2026, pero él no pudo sumarse, algo que le dejó un sabor amargo. “No salí porque tengo dos trabajos: en la Intendencia de tarde y en una pizzería de noche, cocinando. Me hubiera encantado, pero no puedo descuidar el trabajo dos meses”, explica.
Aun así, el Teatro de Verano no le es ajeno. Defendió a Nigeria en 2013 y a Senegal en 2016. “Tengo ganas de volver a subir. El año que viene espero poder hacerme un tiempo”, dice ilusionado.
Mientras tanto, esta noche volverá a hacer lo que mejor sabe: disfrutar. Y lo hará con la misma escoba que estrenó en el Desfile 2025 y le dio suerte, una cábala que lo acompañará otra vez por Isla de Flores.
El tradicional Desfile de Llamadas 2026 se celebra hoy y mañana y recorre la calle Isla de Flores, en los barrios Sur y Palermo de Montevideo, a partir de las 20:00 horas cada noche.
Se trata de una de las expresiones más emblemáticas del candombe, con unas 50 agrupaciones provenientes de distintos rincones del país y miles de tambores que llenan de ritmo y color la noche montevideana.
Cuareim 1080 defenderá su título de campeona, obtenido en dos ediciones consecutivas, y también habrá otros premios individuales en disputa, como mejor cuerda de tambores, cuerpo de baile, escobero, vedette, gramillero, entre otros.
Las entradas para presenciar el desfile pueden adquirirse en la red Abitab, con precios desde 300 pesos. También hubo opciones de palcos con servicios exclusivos, a la venta por Redtickets, que ya se encuentran agotadas.
Tradición escobera y bailar para la gente
Las primeras Llamadas de Maximiliano fueron en 2005. Venía de salir en el corso de Piedras Blancas, de la mano de Alianza Lubola, la comparsa que nació a partir de un cuadro de fútbol que tenían sus tíos y su abuelo y con la que ganaban año tras año. Cuando se fusionaron con la recién armada Estrellas Negras, debutó como escobero.
Antes, a los siete años, se había probado como gramillero en la comparsa familiar. No estaba muy metido: le gustaba más jugar al fútbol y los ensayos le aburrían. Pero el sonido del chico, el piano y el repique le tiraba: “Cuando escucho el tambor, me gusta todo”, resume.
El vínculo con la escoba es tan fuerte que ni la reciente operación de nariz logró frenarlo. Coincidió con el Desfile Inaugural del Carnaval 2026 y, aunque no estaba para salir, acompañó a Más que Lonja desde afuera. Desfiló al costado, pero al dejar la Plaza Cagancha no aguantó más: le pidió la escoba a su hermano y esa cuadra la hizo bailando. “Me moría de ganas”, asegura.
Las Llamadas, dice, siempre son distintas, pero cada vez que pisa Isla de Flores es una experiencia única y llena de adrenalina. El peso del apellido también se siente. Nieto del "Bebe" Surraco e hijo del "Yayo" Surraco, sabe que en el Carnaval ese nombre exige. “Tenés que hacerlo bien, no te podés equivocar”, asume.
Entre las satisfacciones que le regaló el candombe, hay una que sobresale: haber salido junto a su padre en las Llamadas de 2012, con Nigeria. “Tener al lado a mi referente fue espectacular”, sintetiza.
Esta noche, en su cabeza estará el premio individual que le toca defender, pero sin perder de vista lo esencial: cautivar almas y robarse esas miradas que no siempre van a parar al escobero. Su rol, admite, muchas veces pasa desapercibido. Por eso, desde hace un par de años baila para los niños que van en brazos y, con esa estrategia, se gana a toda la familia. Como mamó desde chico: en la calle, para la gente, gozando y dejando el legado familiar bien arriba.
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