Aceptó actuar en "Envidiosa" por necesidad, cumplió un sueño con Fito Páez y vuelve con su exitoso biodrama

Lorena Vega habló con El País del fenómeno "Envidiosa", su inesperada popularidad, el encuentro con Fito Páez y el regreso a Uruguay con "Imprenteros", la obra que transformó su historia familiar en arte.

La actriz, dramaturga y directora argentina Lorena Vega.
La actriz, dramaturga y directora argentina Lorena Vega.
Foto: Ignacio Sánchez

La madre de Lorena Vega suele repetir que su hija hablaba hasta por los codos y que se la pasaba actuando. Ella, sin embargo, tiene otra percepción: se recuerda como una niña observadora y retraída. El clic llegó a los 15 años, cuando una amiga la llevó a una clase gratuita de teatro, y no hubo marcha atrás. Trabajó de lo que encontró para sobrevivir —fue moza, recepcionista, vendedora de artesanías—, pero desde esa primera clase supo que actuar no sería un pasatiempo, sino su forma de estar en el mundo.

La que hoy encarna a la psicóloga Fernanda, uno de los personajes más queridos de Envidiosa —que este miércoles 19 estrena su tercera temporada en Netflix—, jamás soñó con la fama. Sin embargo, hace un año que la paran por la calle para felicitarla y lo que más le piden es que los psicoanalice.

“Es un gran elogio, pero no puedo hacerlo porque no soy psicoanalista. Cuando me ven y se ríen, ya eso es un poco un remedio”, dice a El País la actriz, que aceptó ese papel porque necesitaba trabajar y por el lujo de compartir con Griselda Siciliani.

Su horizonte artístico siempre fue actuar lo mejor posible y hacer teatro del más sofisticado. Quería experimentar, investigar, desafiarse, y lo logró con Imprenteros, un biodrama familiar ambientado en el taller de su padre, donde comparte escena con sus dos hermanos y otros actores.

La obra es, desde hace siete años, un éxito de convocatoria y de crítica. Tiene además un libro y una película, que Vega presentó el viernes pasado en Cinemateca. Imprenteros fue la primera obra que escribió, dirigió, actuó y produjo. Le permitió —dice— “mover ciertos dolores” y hoy la llena de orgullo porque el resultado trascendió el amor propio.

En 2022 la trajo a Uruguay en el marco del Festival Internacional de Artes Escénicas (FIDAE) y vivió una de las experiencias más bellas con la pieza.

“Hay mucha recepción porque compartimos en el Río de la Plata esa mirada sobre la clase obrera, esos emprendimientos familiares donde el oficio se transmite de generación en generación, y donde se batalla con los cambios económicos que van atravesando los países”, expresa.

La chance de ver Imprenteros, que agota localidades en Argentina, es el 29 de noviembre en el Teatro El Galpón. Las entradas se venden en Redtickets.

A continuación, un resumen de la charla que mantuvo El País con Lorena Vega.

Lorena Vega y Griselda Siciliani en la serie "Envidiosa".
Foto: Alina Schrwarcz /Netflix

—Saliste de la primera clase de teatro sabiendo que era mágico, ¿qué te fascinó?
—Que podía ser otra, vivir otra vida. Tenía la oportunidad de olvidarme de lo que tenía en la cabeza y entrar en otra película solo con cambiar algo en el cuerpo. Con el tiempo entendí que era la chance de mirar las cosas desde otro lugar, y fue uno de los descubrimientos más poderosos.

—En Imprenteros te reencontraste con tu vivencia y tu voz de dramaturga. ¿Por qué quisiste contar esa historia?
—Cuando empecé no sabía que quería contar esa historia. Había un dolor que necesitaba ser expresado y lo canalicé en una pieza artística. Siempre tuve resistencia a los relatos escénicos en primera persona porque veía el riesgo del ego o de caer en la terapia pública. Estaba abierta a investigar y abordé todo eso que criticaba como desafíos a batallar. Luego vino todo lo demás. No partí de la necesidad de hablar de mí, aunque evidentemente lo necesitaba.

—¿Te sirvió para sanar ese dolor?
—Sí, movió el dolor de lugar, resignificó el relato que tenía de los hechos y el vínculo con las personas.

—Tu plan no era incluir a tus hermanos, pero durante la investigación surgió que actuaran. ¿Qué significa tenerlos en escena?
—Es bello y transformador. Me hizo ser muy cuidadosa y puntillosa. Me estimuló mucho creativamente. Asumí muchos roles por primera vez y recuerdo haber dado pasos con mucha consciencia y cuidado desde el inicio.

—Dudabas de a quién podía interesarle la historia de una chica en el taller de su papá, y terminó siendo un suceso.
—Pero no porque les importe mi historia. Puede haber gente que venga por curiosidad, para ver cómo es la vida de esta actriz que conocen de una serie. Pero hay seis años en los que la gente iba a ver este experimento y se encontraba con una historia que no tiene nada de extraordinario. Es eso común lo que interesa: la vida de cualquier familia. Y eso me da orgullo, si no sería un ejercicio más vinculado al ego.

Envidiosa fue tu trampolín a la fama, algo que nunca buscaste. ¿Cómo la recibiste?
—Me imaginaba que la serie iba a funcionar porque estaba bien hecha y tenía muchos condimentos a favor, pero no que mi personaje iba a pegar tanto. Lo recibí con sorpresa. No estaba ni preparada ni esperándolo. Después me dio mucha alegría porque todo lo que recibo es afecto y buena onda.

—Y además te permite arrastrar gente al teatro.
—Me di cuenta de que era la posibilidad de invitar al teatro, que es mi lugar, donde se despliega mi actuación en otro sentido. Estoy en siete obras entre las que actúo y dirijo, y me da orgullo convocar; siento que invito a una buena fiesta.

Lorena Vega en la obra "Imprenteros".
Lorena Vega en la obra "Imprenteros".
Foto: @imprenteros.laobra

—Aceptaste ser Fernanda porque te entusiasmaba actuar con Siciliani y la dupla fue angelada. ¿Qué te llevás de trabajar con ella?
—Acepté porque era un lujo trabajar al lado de Griselda y porque necesitaba trabajo. Me entusiasmaba el director (Gabriel Medina) y entraba en la compleja agenda que tenía. Me llevo la admiración absoluta de un toro de la actuación. Observé mucho lo que significa ser una protagonista absoluta. La vi teniendo en la cabeza y el cuerpo los diez capítulos presentes. Una persona comprometida, generosa y divertida. Fue todo con viento a favor.

—Hasta Graciela Borges te felicitó. ¿Alguna otra sorpresa?
—No nos conocíamos, la admiro profundamente y de pronto tenía un audio de ella. Pasan cosas increíbles. Hace poco recibí otro de Claudio García Satur. En Imprenteros. digo que mi papá se parecía a él cuando hacía Rolando Rivas, taxista, y me decía: “Te agradezco que me hagas subir al escenario todas las noches cuando hacés tu obra de teatro”. Nos hizo llorar a todos.

—Otro regalo fue la invitación de Fito Páez para participar en su disco Novela. ¿Cómo lo viviste?
—Fue una de las mejores cosas que me pasaron en la vida. Mi voz está para siempre en un disco de Fito Páez. El placer es absoluto. Cuando estoy un poco depre o me pongo mal, me acuerdo de ese momento y digo: “Pará, hay cosas para sentirse bien”, y me vuelve la sonrisa. Fue una experiencia preciosa, lo sentía como un amigo de toda la vida. Cada tanto me tenía que recordar: “Estás con Fito”. Pero él era uno más.

—Te vimos en El fin del amor (Prime Video), y fue contar una historia que querías y con personajes que te interesaban. ¿no?
—La serie cuenta historias transgresoras, con el mundo de la diversidad muy presente, algo que hoy en Argentina es atacado y denostado. En ese contexto, tiene mucha relevancia. Fue un trabajo precioso, escrito y conducido por mujeres, protagonizado por una referente absoluta como Lali. Tuve el privilegio de compartir escenas muy jugadas con ella y con un elenco buenísimo.

—Después de la psicóloga o la Zurda de En el barro, ¿qué te dan ganas de hacer?
—Tengo mucho por hacer. En general, me llegan cosas que ni me imaginé, que aparecen como sorpresa y después pienso: claro, me tenía que tocar. Con la psicóloga muchos me dicen “era re para vos” y yo nunca lo hubiese imaginado. Creía que iba a hacer algo más como la Zurda, porque es un universo que conozco más, pero tampoco pensé que me iba a tocar. Cuando me invitaron a la serie ni sabían qué personaje iba a hacer, y terminó siendo ese. Ahora no me imagino otro.

—Preferís dejarte sorprender. ¿Qué proyectos se vienen?
—Mi pareja, Gonzalo Zapico, escribió un guion que va a dirigir y hay un personaje para mí. Además estoy filmando una serie donde interpreto a una religiosa, y me resulta el más difícil de todos porque siento que estoy lejísima. Sin embargo, fui encontrando puntos de contacto, cierto vínculo con la fe. A priori pensaba que lo tendría que haber hecho otra actriz, pero ahora digo: "Qué bueno que lo hice".

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