Son dos actores de peso, con trayectorias que cruzan el cine, el teatro y la televisión argentina. Germán Palacios e Inés Estévez llegan a Montevideo con El hombre inesperado, la obra de Yasmina Reza que coprotagonizan y codirigen. Se presentarán el 14 de noviembre en el Teatro Stella, con entradas a través de RedTickets.
Traen una historia mínima y a la vez profunda: dos desconocidos coinciden en un vagón de tren. Él es escritor. Ella, su lectora más fiel. Y lo que el público escucha no son sus diálogos, sino lo que piensan, callan e imaginan. Entre esos pensamientos se teje una conexión llena de humor, inteligencia y misterio.
“Estábamos deseando venir a Montevideo a hacer esta obra”, dice Estévez. “Porque es un material que tiene una hondura y una altura intelectual tamizada con humor, para que ese material ingrese en cualquier espíritu. Pero fue una apuesta decidir hacer esta obra”, agrega.
La actriz que fue parte de éxitos de la televisión como Vulnerables, Guapas, El maestro y pequeña Victoria, y películas como Acusada, Pipa y Mensaje en una botella, fue convocada por Palacios, con quien había trabajado hacía mucho tiempo. El actor de tiras como La banda del Golden Rocket, Celeste, Tiempo final y Tumberos —que filmó en Uruguay la película Franklin, historia de un billete— la convocó para esta obra escrita por Yasmina Reza, autora francesa de éxitos como Art y Un dios salvaje.
—¿Cómo es actuarla y además dirigirla entre los dos?
Palacios: Se dio de manera muy natural. Ya había tenido experiencias de codirección y me gusta porque permite intercambiar ideas. Con Inés coincidimos desde el principio en la lectura del material y en cómo imaginábamos la puesta, así que dijimos: “¿para qué llamar a otro?”. Decidimos formar un grupo afín, casi una familia, donde todos entendieran qué queríamos hacer y cómo. Así fuimos construyendo la obra, con decisiones firmes y un equipo que nos acompaña hasta hoy
—¿Ya habían trabajado antes?
Estévez: Sí, hace muchos años en una de las primeras cosas que hicimos, una coproducción hermosa que se llamó Diario para un cuento, que la dirigió una checa, Jana Bokova sobre un cuento de Cortázar. Pero de esto hace 30 años, y después nunca más.
—¿Y cómo surgió convocarla?
Palacios: Porque te queda el recuerdo. Creo que lo mejor que te puede pasar en esto es tener ganas de trabajar de nuevo con la gente que ya te cruzaste. Hay otra gente con la cual no tenés ganas de volver a trabajar. O tenés claro que no vas para el mismo lado. Inés, por suerte, está en esa lista que quedó como pendiente volver a trabajar.
Estévez: Me pasó exactamente lo mismo.
Palacios: Entonces, cuando leí la obra y en la charla con los productores que tenían una lista muy larga de actrices, les expliqué que esa lista esa era una ficción. Porque la obra tenía una limitación muy importante: había muy pocas actrices que pudieran hacer ese rol, por los requerimientos propios del personaje. Les dije que quería llamar a Inés, lo hice y ya está.
—Y vos miraste la agenda, no había nada y aceptaste.
Estévez: Ni la miré, dije: “estoy”. La verdad que no tenía tiempo, porque estaba por estrenar otra obra, pero le dije: “no importa, vamos a ver cómo y la hacemos”. Al final todo coincidió, no hubo que hacer ningún esfuerzo. De hecho nos quedamos entusiasmados con seguir trabajando juntos, y tenemos algunas ideas para hacer. Igual, la idea es seguir con esta obra porque es un proyecto que podemos sacarlo de la galera cuando queramos. O sea, podemos parar y retomarlo después, y en Uruguay nos queda pendiente hacer una gira por el interior.
—Más allá de que toda obra tiene su producción, esta tiene pocos elementos, como para poder llevarla a cualquier lado.
Palacios: Sí, es una puesta de carácter minimalista. Tiene escenografía y vestuario, claro, pero es un tipo de obra donde eso no es lo primordial. Lo importante es el texto. Mirá, hace poco estábamos de gira y la camioneta que llevaba la escenografía, vestuario y sonido se fundió en el medio de la ruta. En Santiago del Estero, camino a Jujuy, en medio de la nada, y sin posibilidades de mandar otro vehículo a buscarlo, porque faltaban pocas horas para la función. Yo suelo descansar en la tarde y me llama Inés que hacía una hora y media estaba conversando las opciones con el productor, que estaba en Buenos Aires.
Estévez: Despierto a Germán, le damos un mate y le contamos. Y Germán dice, “estamos nosotros, la obra existe, la hacemos de alguna manera”, y salimos como hormiguitas a buscar los elementos, y se armó una apuesta con todo lo que nos proporcionaron en el lugar.
Palacios: Los técnicos del teatro construyeron un mueble, fuimos al sótano a buscar trastos, una vestuarista nos probaba opciones, y fue una función extraordinaria. Fue una experiencia increíble.
—La obra se centra en dos personas que se encuentran en un vagón de tren. Una lectora y un escritor.
Estévez: Es un escritor, y su lectora más ferviente que lleva en su cartera su último libro. Entonces, ella lo conoce a través de su obra.
Palacios: Mientras que él no tiene la menor idea de quién es ella. Y es maravilloso porque la obra está construida en base a los pensamientos, así que la gente lo que escucha son los pensamientos de los personajes, sin filtro.
Estévez: Y este autor está inmerso en sus propios mundos que oscilan entre entre lo existencial, el mundo intelectual y cosas absolutamente prosaicas y de orden doméstico. Y la obra tiene un humor de una acidez tremenda, porque está enojadísimo con un montón de cosas del mundo.
Palacios: Y mientras deambula, la gente empieza a reírse de las cosas que el tipo piensa. Porque la autora va estructurando el viaje y el vínculo entre los dos personajes como si el espectador fuera una antena. O sea, a través de lo que van diciendo uno y otro, se empieza a tejer un vínculo entre ellos, que va creciendo. Lo dejamos ahí para no espoilear nada, pero pone al espectador como un partícipe necesario, casi como un voyeur, cosa que hace mucho Yasmina, como en Art.
Estévez: Y todo construido con una dinámica entretenida porque salta de tema a tema, como los pensamientos, con cierta anarquía. No tiene la coherencia del discurso consciente.
—¿Y les ha pasado de encontrarse con gente que les dice que los admira?
Palacios: Pasa, pero con mucho respeto en general.
Estévez: Los dos hemos hecho un camino muy protegido, muy ligado a la calidad del contenido. Entonces la gente que se te acerca, lo hace desde ese mismo lugar, con respeto.
Palacios: El conflicto que presenta la obra es si va a estar bueno o no, conocer a alguien que admirás. Y me ha pasado de conocer al ídolo, y disgustarme de haberlo conocido. Me hubiese quedado con su obra. Me pasó, y es algo muy feo.
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