Una circunstancia feliz hace que bares y algunos restaurantes ofrezcan música de calidad en vivo. La opción llamada "música ambiental", es grabada y suele difundirse a un nivel de volumen abrumador.
En la lista de esto lugares musicales vale la pena señalar Café Tribunales y el restaurante Ay, Carmela, situado en Avda. Luis P. Ponce 1448, esquina Palmar. Éste, desde el punto de vista de su instalación, ofrece espacio cómodo para que, en este caso, Raúl Montero y la estupenda guitarrista Ana Pierotti, más el equipo de sonido, se ubicaran sin dificultad ante los comensales presentes. El jueves 17 pasado tuvo lugar una sesión del barítono y la guitarrista citados, con la sala colmada. Lamentablemente, una buena parte de la concurrencia, señoras respetables y locuaces, hacían muy arduo el silencio necesario. Raúl Montero rogó inútilmente, en reiteradas veces, silencio.
De todos modos, las interpretaciones de los dos artistas arrancaron entusiastas aplausos que forzaron a extender más allá de lo previsto la actuación. No es fácil conciliar la mesa con su propio repertorio de exigencias con el dominio sonoro. Hubo en la historia ejemplos memorables de partituras nacidas para acompañar el yantar. Desde las Symphonies pour les soupers du Roi de Delalande, que sonorizaban las comidas del Rey Sol, hasta las Taffelmusik de Telemann. Y en el ámbito del Río de la Plata, los cafés de Buenos Aires y Montevideo, fueron capaces de recibir a Gardel y sus herederos, Julio Sosa incluido, a D`Arienzo y al Sexteto de Elvino Vardaro.
El repertorio de esa noche se centró en los tangos que el propio Raúl Montero compone. El Ciruja, apodo que lo acompaña, es un músico versátil que canta con igual solvencia a Verdi, Schubert o Cobián. Pero como es creador posee una extensa lista de tangos que sostiene letras de Enrique Estrázulas, Juan Carlos Legido y hasta de quien escribe. La noche reseñada el programa circuló por esos carriles, con la presencia de algunas personalidades, como el propio Estrázulas, que disfrutaron de la voz y la guitarra de Raúl y Ana.
Será preciso estar atento a estas ocasiones en las cuales el mantel y los sonidos se concilian con felicidad.