"También los crímenes son parte de nuestras vidas"

| Se relevaron diarios, revistas, discusiones parlamentarias y las memorias de la policía

INTERMINABLE. El famoso caso del crimen de La Ternera, que tuvo lugar en Treinta y Tres en 1929 y se resolvió en agosto de 1937. 200x140
INTERMINABLE. El famoso caso del crimen de La Ternera, que tuvo lugar en Treinta y Tres en 1929 y se resolvió en agosto de 1937.

CARLOS REYES

Hay homicidios que son transmitidos por el informativo en pocos segundos, y pese a la truculencia que tienen, pasan de largo y prácticamente se pierden en la memoria de la colectividad. Otros, por el contrario, llegan a los medios para quedarse, y son revisitados continuamente, siendo motivo de análisis y polémicas. No es fácil determinar la causa, pero la crónica roja es selectiva, y puede tener muy buena o muy mala memoria. A partir de hoy a las 22 hs., un programa de Canal 4 exhumará algunos de los crímenes famosos que sacudieron a la opinión pública uruguaya, y que hasta hoy siguen dando que hablar.

El ciclo Cosecha de sangre, producido por Montecarlo y por Claroscuro, cuenta con la conducción de Homero Rodríguez Tabeira y ofrecerá en su primera etapa cuatro programas. Son unitarios semanales de carácter documental, y el ciclo puede continuar el año próximo si la audiencia responde. Con dirección general de Gonzalo Gatto, la dirección de televisión va por cuenta de Alvaro Mato y la edición es de Alvaro Almeida.

Para dar mayor rigor histórico a los tristemente célebres episodios, el equipo contó con el asesoramiento de la historiadora Ivette Trochón, quien afirma: "Esta es una idea vieja que teníamos con mi hijo Gonzalo Gatto, el dueño de la productora Claroscuro, y justo se concretó ahora, coincidiendo con la relevancia que tomaron estos temas. Fuimos seleccionando los casos un poco en base a la memoria de la gente, a veces por comentarios familiares o de personas mayores".

"En general los elegimos por el impacto que tuvieron en los medios, prestando especial atención a cómo esos crímenes fueron absorbidos por la sociedad. También nos detuvimos mucho en cómo los distintos medios de prensa encararon la noticia, y principalmente cómo se fue construyendo esa noticia, y el modo en que sin falsear la realidad, fue cambiando un poco de sustancia según el interés de la gente".

Los cuatro programas de este ciclo no contemplaron el orden cronológico, dedicando dos entregas al caso Pablo Goncalves (ocurrido hacia 1992), y saltando en el tiempo para abordar los crímenes de La Ternera (Treinta y Tres, 1929) y el de la Rambla Wilson (Parque Rodó, 1923). El próximo año podrían sumarse los crímenes de Punta del Este, el del empresario González y el del Cementerio Central, entre otros.

RAZONES. "Sin quitar mérito a los otros programas de este estilo, creo que la diferencia de este es que hicimos hincapié en la investigación histórica, sin buscar un regodeo en lo truculento, por más que el título haga pensar eso, aunque está inspirado en un libro de Dashiell Hammet llamado Cosecha roja".

Según la historiadora, hay imponderables que determinan que unos hechos de sangre pasen a la historia y otros queden en el olvido, asunto que no es exclusivo de la crónica roja, sino que abarca a todos los hechos históricos en general. Sin embargo, algunos elementos pueden ayudar a que un crimen perdure en la memoria de un pueblo. Por ejemplo, si un caso tarda mucho tiempo en resolverse, es más fácil que quede vivo en el recuerdo, puesto que si el lapso de incertidumbre es mayor, en la gente queda más presente la sensación de miedo.

"También la mayor o menor receptividad de un crimen en la opinión pública —afirma Trochón— tiene que ver con los valores que ese hecho daña, o que la comunidad siente que fueron dañados. Siempre son hechos desestabilizantes. El caso Goncalves, por ejemplo, planteó el problema de los serial killers, que en la sociedad uruguaya no estaba presente. Del mismo modo, es curioso cómo opera el rumor, y cómo se instala y luego se incorpora a la noticia, incluso hasta distorsionarla".

Por otro lado, el desarrollo de la prensa tiene directamente que ver en esto. Trochón afirma que en los años 20, cuando el mercado de la prensa escrita crecía día a día —y aumentaba además la presencia de las fotografías en los diarios— se consolidó un estilo de crónica roja, muy vinculado con el auge del cine y con el poder de las imágenes, que se apoyan recíprocamente con la escritura.

A esas fuentes recurrió la investigadora, que además consultó informativos, revistas, discusiones parlamentarias, las memorias de la policía y varios libros. Por otra parte, en sus investigaciones sobre la trata de blancas (en parte publicadas en Las mercenarias del amor, editado por Taurus en 2003) se encontró repetidas veces con el tema de la delincuencia y el asesinato.

CRONISTAS. De todo ese material, Trochón revalora especialmente la crónica policial de entreguerras, señalando que algunos medios permanecían muy alejados del sensacionalismo, incluso publicando únicamente el parte policial. La figura del cronista de policiales destaca por entonces con nitidez, surgiendo un personaje que tenía que lidiar tanto con las fuerzas policiales como con el ámbito judicial y legislativo. Su relato rico en detalles, con excelentes recursos literarios, intentó ser rescatado para dar mayor sabor de época a las historias. Junto a los homicidios, otros hechos secundarios echaban leña al fuego, como las falsas pistas u otros incidentes que creaban problemas entre la policía y los cronistas, en una verdadera relación de amor-odio.

Ciertos límites del presupuesto de producción impidieron, según Trochón, echar mano a determinados recursos, como incluir dibujos tipo cómic para ilustrar los pasos del homicida. Sin embargo, la historiadora tomó especial cuidado en elaborar el guión siguiendo las fotografía e imágenes, para darle mayor dinamismo.

"En definitiva —remata Trochón— traté de ver, más allá de los homicidios en concreto, cómo los reflejaba y vivía la sociedad uruguaya, y por lo tanto, como éramos y somos los uruguayos. Me gustó mucho el proyecto y capaz que hay gente que siente rechazo por estos temas, pero creo que los crímenes forman parte de nuestra vida, y el rechazo o atracción que provocan también".

Del Horror al Morbo

GUILLERMO ZAPIOLA

La atracción de la noticia truculenta y sensacionalista es un viejo truco para cazar lectores en el caso de los medios de prensa, y espectadores en los audiovisuales, de modo que no habría que sorprenderse demasiado de que siga funcionando. Tiene que ver con la naturaleza humana, que en siglos pasados hizo de las ejecuciones públicas un espectáculo dominguero al cual ir con los nenes, generó la fama de los tabloides londinenses cuando informaban sobre las atrocidades de Jack el Destripador, y provocó en los años ’50 un aumento en las ventas del montevideano El Diario de la noche cuando se ocupaba de las hazañas del delincuente infantojuvenil "El Cacho" o conseguía para la tapa, con título catástrofe, la primicia del último crimen pasional, preferentemente con degüello y sangre salpicante incluidos.

La oleada de recientes programas de televisión centrados en casos policiales reales o ficticios puede tener algo que ver con ello, pero conviene hacer matices. Quizás su origen más próximo haya que buscarlo en los "docudramas" de los canales cable, como Detectives médicos (de Discovery) o Crónicas forenses (de The History Channel), basados en hechos reales, que combinan testimonios con reconstrucción y se centran sobre todo en la investigación de laboratorio. Las ficticias CSI en sus tres versiones (Las Vegas, Miami y Nueva York) derivan de ahí, con poco regodeo en la violencia y más "interés humano". En el caso norteamericano, el fenómeno puede enmarcarse en una perspectiva más amplia, la de las inseguridades que siguieron al 11 de setiembre y han provocado una vuelta a horario central de los "cop shows" (Cold Case, Without a trace, Law and Order) donde las instituciones funcionan y el Mal es castigado.

Hay más amarillismo y menos rigor en variantes argentinas (Forenses) y mucha más desconfianza en las instituciones (Criminal), quizás porque se trata de la Argentina, justamente, pero el mecanismo psicológico último acaso es el mismo. ¿Simple morbo? Morbo hay, pero también otras cosas: la fascinación de la investigación, el ingreso en las zonas oscuras de la psicología humana, la retribución.

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