MATÍAS CASTRO
Todavía está activo el sitio web de Ricardo Fort, cuyo subtítulo es "Un sitio prohibido para gente con problemas de envidia". Me causa gracia acordarme de cómo se hablaba de la cuestión de la envidia como supuesto fundamento para las críticas a Fort. Como si fuese imposible cuestionarlo sin ser movido por la envidia de su dinero y éxito. O supuesto éxito.
El argentino ha vuelto a ser noticia en estos días gracias a que su planificada campaña ha dado sus resultados e instaló en los medios y en el público el tema de su sexualidad. "Ahí desembarcó el catamarán de grasa", dijo Jorge Rial este lunes con respecto al musical en el que Fort se besó con un hombre en televisión este sábado. El conductor le pegó unos cuantos golpes con ironía y con cierto desprecio pero en definitiva no hizo más que reproducir lo que Fort buscaba, es decir, ser protagonista de todas las conversaciones.
Es lógico que lo hizo con un golpe de efecto al que no le puede agregar mucho más (creo, aunque la imaginación de estos personajes siempre termina por sorprenderme cuando quieren buscar cámaras). Lo que le quedaría por delante es montar un musical en el teatro en el que termine con el beso al bailarín todas las funciones y que el público vaya intrigado porque quieren ver esa escena.
En este tema conviene descartar de plano cualquier pretensión que vaya más allá del comentario sobre los besos y abrazos de Fort. Pero conviene estudiarlo y ver un nuevo ejemplo de cómo puede moverse alguien en los medios y cuáles son los mecanismos para sostenerse en primera plana. Este año el millonario acudió al tema de su sexualidad, insinuando y mostrando lo suficiente como para hacer que se hable de él. Pero está claro, y es probable que él y su manager lo sepan, que para el año que viene la repetición del esquema dudosamente funcione. Otros bichos adictos a la cámara como los Süller y algunos más ya lo han probado varias veces. Tal vez Fort haya tomado algún apunte de ellos.