SAN FRANCISCO | MATÍAS CASTRO
A diferencia de lo que parece a través de sus personajes en el cine, Willem Dafoe es de estatura media, amable, tranquilo y atento. Pero al igual que lo que se ve en el cine, es un tipo de cincuenta y seis años, fibroso y en buena forma.
Dafoe terminó de filmar en el desierto hace poco tiempo sus escenas para John Carter, una producción de Disney con efectos digitales de Pixar, que se estrenará en marzo y en la que interpreta a un alienígena de tres metros de altura y cuatro brazos que se parece poco y nada a él. En San Francisco participó del lanzamiento del film ante prensa de todo el mundo. "Era extraño, por momentos me sentía como una gran marioneta", dice sobre este trabajo. El comentario, más que una crítica, tiene que ver con su forma de ver la actuación, como explicará después.
Su frase también tiene que ver con la forma en que tuvo que trabajar para esta película de ciencia ficción que resume varias de las novelas de John Carter escritas hace unos cien años por Edgar Rice Burroughs, el creador de Tarzán. Tuvo que usar zancos, como los demás actores que encarnaban a otros personajes de la misma raza marciana, y acostumbrarse a caminar sobre terrenos rocosos, arenosos e irregulares. Además, vistió un traje gris, con un casco apretado, una batería en la espalda que alimentaba dos cámaras pequeñas que estaban delante de su cara, puntos marcados sobre el rostro y todo el cuerpo y, en ocasiones, extensiones en los brazos para simular la anatomía de los extraterrestres.
"Es parte del trabajo y parte de la habilidad que uno pone, al manejar los aspectos físicos de la actuación de las más diversas maneras. Es nada más que otro elemento que te sirve para imaginarte al personaje, al estar en una postura física distinta podés pensar mejor como si fueras otro y no vos mismo", dice con respecto a la actuación en estas condiciones.
Pero esta forma de actuar para una superproducción tan marcada por los efectos digitales es nueva para él y al mismo tiempo tiene algunos puntos en común con el resto de su trayectoria, como explica después.
Hasta hoy su ocupación más frecuente, aunque menos conocida, es en el teatro. Primero con el Wooster Group, en el que estuvo veintiséis años, y luego con otras compañías ha recorrido el mundo con las más diversas obras. Gracias a eso, por ejemplo, puede comentar que entre sus cuentas pendientes estaba visitar Uruguay, cosa que nunca pudo hacer cuando pasó por Argentina con sus obras. El cine es lo que lo ha hecho mundialmente famoso con una variedad de papeles que pocos actores se pueden dar el lujo de conseguir, desde el Sargento Elías de Pelotón hasta Jesús en La última tentación de Cristo, El Duende Verde en las tres Spider-Man de Sam Raimi e infinidad de trabajos a las órdenes de directores como John Waters, David Lynch, Anthony Minghela, Paul Auster, David Cronenberg, Wes Anderson, Lars Von Trier y Spike Lee. Es probable que pocos colegas suyos puedan presumir de una carrera tan variada entre superproducciones, cine europeo, cine de bajo presupuesto y más.
"En realidad no balanceo todo esto", contó en una entrevista mano a mano. "Intento encontrar situaciones interesantes y así se va desarrollando mi trabajo. No es que haga una película chica y luego me proponga hacer una grande, para pasar a hacer una chica otra vez. Es bastante natural… Pero en definitiva, busco gente en situaciones distintas; no personajes sino situaciones".
En John Carter, la situación de Tars Tarkas, su personaje, implica una historia de rivalidad y luego amistad con el terrícola que da título a la historia, que es un soldado estadounidense misteriosamente trasladado a Marte en pleno siglo XIX. Y es, aunque no lo diga expresamente, una de esas oportunidades laborales que le permiten continuar cómodamente con su trabajo en teatro, con sus participaciones en películas de bajo presupuesto y con proyectos como los filmes que escribió y actuó con su esposa, la actriz y directora Giada Colagrande. "Pasan cosas como que si hago seis películas chicas de corrido en algún punto empiezo a pensar en que necesito algo más de dinero y también en el hecho de que eso te puede alejar de la industria y que si eso te pasa perdés tu valor. Es decir, hay circunstancias en que tenés que hacer esas consideraciones", explica.
A diferencia de los alienígenas azules de Avatar, similares a los actores que los hacen, el que interpreta Dafoe en esta nueva película no se le parece mucho en el rostro. Él lo reconoce y dice con una gran sonrisa y un gesto cómplice que causa la risa de los que están en la sala de la entrevista, que tal vez sea la sonrisa lo único que reconoce de sí mismo en el personaje. Ese mismo humor que emplea para el pequeño guiño se repite cuando se le pregunta si leyó las once novelas de John Carter para preparar el papel, cosa que responde casi con una guiñada y una amplia sonrisa marcada por los pliegues de sus mejillas: "Me guardé algunas para más adelante".
Todo el vestuario que usó, incluidas las dos cámaras chicas fijas delante de su cara (algo que todo el tiempo obstaculizaba su visión, sirve para que luego el equipo de captura de movimientos convierta cada uno de sus gestos en un personaje digital. Los puntos que le marcaban en el rostro y en el cuerpo sirven para que la computadora siga milimétricamente sus movimientos y le dé vida de forma realista al personaje virtual. La técnica es casi la misma que se usó en Avatar, Los fantasmas de Scrooge, Tintin y algunas más, pero sin cámaras 3D y en escenarios naturales, no en estudios cerrados de pantalla verde.
Y aunque podría parecer muy novedosa para su carrera esta forma de trabajar, tan marcada por la tecnología y los cuidados técnicos, tiene mucho que ver con su forma de ver la actuación. "En realidad es otro personaje más, creo que es lo mismo. Lo que la gente no entiende es que uno está impulsado desde adentro cuando actúa. Incluso cuando interpreto lo que parecen ser personajes naturalistas, uno está conducido por un impulso, no estoy pensando si mi cara tiene que estar de tal o cual modo. Al menos no es la clase de actuación que hago. Del mismo modo, cuando interpreto a Tars Tarkas trabajo igual y no pienso que tengo que hacer tal o cual gesto. Tal vez en este personaje tan particular lo pensé un poquito más, pero no demasiado. Mi trabajo es escuchar, actuar e intentar lograr los objetivos de la historia".
Alguna vez dijo que su enfoque de la actuación era intuitivo y no dirigido a causar un efecto particular en el espectador. ¿Pero cómo se siente en una superproducción de aventuras que está diseñada para causar un efecto, ya sea emoción, terror o risa? La respuesta tiene que ver con su enfoque de la actuación en general. "Creo que acá es lo mismo. Creo que requiere intuición. Hay algo muy lindo en que la gente calcule lo que produce, pero no tengo talento para eso. Mi talento se enfoca en sacrificarme a mí mismo para lograr algo, mi talento es olvidarme de mí mismo. En ciertos ambientes eso es valioso, pero a veces necesitás algo más. De otra manera diluís tu impulso y tus pasiones. En este contexto de producciones muy grandes y teniendo en cuenta que la naturaleza de las películas es de colaboración, yo me someto a la visión de otra persona. Estoy ahí para servir a esa persona".
Una vida cerca de Hollywood, pero fuera de él
Dafoe se ha mantenido con constancia en toda su carrera, con un pie en el mundo del cine y otro en el teatro. Y la mayor parte del tiempo pisa con los dos en el segundo. "Durante veintiséis años el Wooster Group fue mi principal línea de trabajo y aunque para la gente parezca difícil de entender, las películas en todo ese tiempo fueron mi trabajo B. Por supuesto que todo eso tuvo un efecto en lo que hago y en lo que pienso, también en mi forma de trabajar". Esa, ha dicho en más de una ocasión, es su manera de conservar sus raíces frescas y presentes. Por ello no vive lo que denomina "Vida de Hollywood" sino que elige proyectos en situaciones y realidades muy distintas. Y del mismo modo los divismos quedan fuera de lo que hace. "No es tanto lo que puedo poner de nuevo en un personaje que tiene once novelas atrás, sino el hecho de que me pongo a mí mismo en él. No pienso en esos términos, sino en que soy un colaborador. Mi aproximación a mi trabajo es personal, pero a la vez me dejo a mí mismo afuera. Es algo que cae sobre mí, pero no se trata de mí. En John Carter tenía que estar a la altura de lo que pide el proyecto, trabajar con pantalla verde, en zancos, moverme en un ambiente duro. Es como ser atleta. ¿Qué le da el atleta al juego? Le da su entrenamiento". Esa forma de trabajar se extiende a su vida privada, aunque sea una figura pública. "No estoy interesado en el mundo de Hollywood aparte de la producción de las películas. Yo sigo trabajando en teatro pero es difícil encontrar proyectos. Eso de las raíces tiene que ver con la manera en que vivís tu vida, los libros que leés, la gente con la que te juntás, cómo pasás tu tiempo libre, si te dedicás a ir a una gala o si visitás una galería de arte".
Las ideas y la experiencia
Industria "Solo sé que la industria del cine acá y lo mismo se refleja en cualquier otro lado, está produciendo películas muy grandes y películas muy chicas, pero nada en el medio. Y no creo que eso sea especialmente saludable. Supongo que habrá un ajuste en algún momento".
Técnicas "Yo entiendo que hago las cosas desde mí, pero no para mí. En las películas tradicionales intento tener una aproximación física al tema, ser más como un animal y no planificar toda la historia. Escribir una historia de fondo para tu personaje, como hacen otros actores, podría orientarte sobre quién es ese personaje pero no te ayudará a ser el personaje. Me interesa más la idea de estar en movimiento, que me pasen situaciones, que haya cosas que pueda saborear y sentir".
Ego "No siento la necesidad de verme a mí mismo en el personaje. La verdad es que no soy sólo yo. Pienso que esto le pasa a muchos actores. Uno quiere liberarse. Los actores no son tan narcisistas como se creen, se quieren liberar de sí mismos y estar en algo más grande".
Viajero "Me siento nómade. Siempre viví en otros sitios. Y en el cine siempre me atrajeron las películas que me permitieran ir a otros sitios. Siempre me sentí como ciudadano del mundo, y me gusta... Siempre estoy interesado en las historias de la gente y en buscar cuáles son los puntos comunes a unos y otros y también qué nos hace distintos. Eso es tonificante desde el punto de vista artístico, pero también desde el momento en que intentás entender la naturaleza humana y sus puntos comunes".