La revista "NOTICIAS" —en su N° 1405 del 29 de noviembre ppdo.— dedica tres páginas a las estrellas de Hollywood que están dispuestas a defender sus kilos contra viento y marea.
Al parecer, algo así como una revolución se produjo allí cuando Liv Tyler (¿la recuerdan en "El señor de los anillos"?) terminó de rodar la trilogía de ese título... y siguió rodando como una bola, porque pesaba 14 kilos más que al comienzo de la filmación. "Me siento muy feliz con mis curvas naturales" —dijo entonces— "y no pienso alterarlas con un régimen absurdo".
Diversas "llenitas" se plegaron a la Tyler. La mayoría de ellas confesó que les encanta comer: galletitas de chocolate, papas fritas, pastas, figuran en sus menús preferidos. Drew Barrymore, Sandra Bullock y Sharon Stone se pusieron al frente de la manifestación, y Catherine Zeta-Jones (nada menos que esa delicia de "Chicago") esgrimió el estandarte declarando: "Adoro tener curvas. Eso de enseñar las vértebras no es mi estilo de belleza. Si encuentro en mi camino un buen pedazo de torta de chocolate, no lo rechazo como si fuera el enemigo".
Es que son actrices, no modelos: éstas viven (o sobreviven) en constante combate con la balanza. En cierta ocasión, había un desfile de modas que coincidió con una fecha patria; y al diseñador que lo prestigiaba con su sello se le ocurrió que una de sus flacuchas favoritas lo encabezara envuelta en una bandera del país. Comentaban sobre eso dos señoras asistentes:
—La chica es ideal para lucir la bandera...
—Sí... Es el asta perfecta.
Los venezolanos se han adelantado al probable suceso de las "obesitas". Crearon una telenovela titulada "Mi gorda bella" y la convirtieron en delirio nacional y éxito internacional. En la acción, la protagonista se olvida de controlar su peso: y en base a su inteligencia, ternura y simpatía enamora a un primo que, según opinan las "fans" del culebrón, es un bombonazo. La gorda zarpó de las pantallas de Venezuela, y está repartiendo sus kilos en la TV de América Central y del Este europeo. Puso en pie de guerra a las colegas de medio mundo, para luchar en defensa de su tonelaje.
Sospecho que luego de leer esa nota del semanario argentino, Elisita Carrió ya sueña con filmar en la Meca del Cine deslizándose en grúa hasta los brazos de Robert Redford. No sería la primera vez que consideraría una posibilidad cinematográfica de auténtica jerarquía. Ya en una oportunidad (y advierto que esto que voy a decir no he podido confirmarlo personalmente) los productores de "Titanic" le hicieron llegar un ofrecimiento para participar del gigantesco proyecto. Se sintió honradísima con la propuesta, y hasta pensó que como "star" hollywoodense podría superar su imagen —por entonces naciente— de política correctísima, incorruptible, insobornable, antidrogas, etc. A punto de aceptar —feliz de que su volumen no fuera un impedimento como a menudo lo era—usó del derecho de preguntar cuál sería su rol en la película:
—Perdón... pero, quisiera saber qué debo hacer en la trama. Estimo que tendría un papel protagónico...
—En cierto modo, sí.
—¡Cómo "en cierto modo"?... ¿Qué quiere decir con eso?...
—Bueno, que... que usted haría de transatlántico.