El cambio se produjo a lo largo de 50 años, a medida que el aficionado cinematográfico abandonaba las salas de exhibición y se habituaba a ver televisión en casa. Esa evacuación de un espacio en beneficio de otro fue gradual pero masiva, porque en el Montevideo de 1953 se vendieron 19 millones de entradas al cine y esa cifra debe ser dividida por nueve para llegar a las que se vendieron en 2011.
Sentado en un cine, el espectador tiene menos capacidad de maniobra que en su entorno familiar. En una butaca de platea debe mantenerse inmóvil y silencioso, limitándose a ver la película de principio a fin en horarios fijados por otro. Debe ser obediente, disciplinado y puntual, pero en su casa delante del televisor puede en cambio moverse y hablar en voz alta, comer o ir al baño, cambiar de canal o apagar el aparato cuando quiera. El paso del cine a la Tv ha sido una conquista de ciertas libertades que quizás aumenten la comodidad o la distensión del espectador.
Pero también se han perdido cosas por el camino. Se perdió por ejemplo el clima indefinible de una sala oscura y en silencio, donde la quietud con que se veía cine tenía algo contagioso y sacramental, contribuía a mantener viva la atención, concentraba la mirada en las imágenes proyectadas y constituía un ritual envuelto en cierta magia. Lo que se obtuvo a cambio es el relativo desorden de un ámbito doméstico, donde las voces y movimientos propios o ajenos interfieren en la relación con el espectáculo que se contempla, dispersan en alguna medida la concentración y derivan en una experiencia menos absorbente.
El espectador perdió asimismo el valor de congregación social que tenía una sala llena, donde se compartían las emociones o la diversión como elementos de una integración con el prójimo. El aislamiento que la televisión reclama y favorece, propicia lo contrario y es un factor de dispersión social que nadie parece lamentar, pero que sufren todos y debe tener su peso en el juego entre individualismo y solidaridad, entre reunión y desencuentro, entre agrupación y soledad. En eso estamos.