Es el colmo del romanticismo. En la turbulenta Shanghai de 1936, con los invasores japoneses golpeando a la puerta de China, el protagonista (Ralph Fiennes) aparece como un diplomático norteamericano que ha quedado ciego y sueña con instalar un club nocturno.
Ella (Natasha Richardson) es la condesa rusa emigrada que convive con su aristocrática familia en un tugurio y se prostituye un poco para mantener a esa parentela. Pasará luego a regentear el club de Fiennes, que no puede verla pero la ama en silencio, mientras los acontecimientos políticos pueden precipitarse y estropear las garufas noctámbulas del héroe. Como lo saben quienes hayan estudiado las tragedias de China en los años 30, el mundo en torno a los personajes se hace pedazos, pero la película también.
El director James Ivory es un refinado con famosa tendencia por reconstruir épocas pasadas (La mansión Howard, El señor y la señora Bridges) y aquí hace un gran despliegue, con momentos de movimiento de masas donde el viejo barrio internacional de Shanghai parece volver a la vida. Pero en ese marco, el libretista Kazuo Ishiguro, un japonés afincado en Inglaterra que ha ganado prestigio como novelista (Lo que queda del día) toma el camino de la lujosa historieta, mezcla con la pareja central a una tía soñadora, una madre rapaz, un amigo japonés pero temible y algunas niñas trémulas, hasta obtener una telenovela de la que nadie sale ileso.
Alguien dijo que el modelo de este film era Casablanca, ya que aquí hay otro hombre desilusionado a cargo de un night-club en una ciudad exótica rodeada por la guerra, pero la añeja película de Michael Curtiz (1942), que era tan folletinesca como ésta, tenía ventajas, entre ellas la de durar media hora menos.
Los nostálgicos tendrán compensaciones, a pesar de todo, porque en la banda sonora ya no escuchan As Time Goes By, pero oyen en cambio After You`ve Gone, que es un buen equivalente.
Hablando en inglés como un norteamericano (pirueta sonora en la que algunos británicos son especialistas) Ralph Fiennes sigue siendo el buen actor de siempre. En cambio Natasha Richardson confirma que es una actriz desabrida, hija en la vida real de una madre (Vanessa Redgrave) y sobrina de una tía (Lynn Redgrave) bastante ilustres, que aquí acceden con toda elegancia a componer a sus parientas rusas. Por lo menos el lustre de ese elenco justifica una ojeada a la "chinoiserie".
CRITICA/JORGE ABBONDANZA
La condesa blanca
Director. James Ivory
Guion. Kazuo Ishiguro
Musica. Richard Robbins
Fotografia. Christopher Doyle
Elenco. Ralph Fiennes, Natasha Richardson, Vanessa Redgrave
Inglaterra. 2005