Premio Matos Rodríguez para Maidana

HUGO GARCÍA ROBLES

Cada año, el día 5 de octubre, día consagrado al Tango Uruguayo, se otorga el premio Matos Rodríguez que reconoce en el género popular citado canto, danza, poesía y música. Existe desde Arturo Ferrer, en danza Omar Correa, en canto Miguel Ángel Maidana y en música a Nelson Alberti, director de la orquesta A lo D`Arienzo.

Al premio lo promueve la Federación Uruguaya del Tango, que preside el maestro Julio Arregui, integrada por la Comisión de Fomento Homenajes de la Unión, Joven Tango, Fundación Carlos Gardel (Tacuarembó), Fundación Julio Sosa (Las Piedras). Cuenta con el auspicio de la I.M. de Montevideo, el Sodre, Agadu, Sudei, Audem, Fonam, Radio Clarín y el programa televisivo Buscadores.

En esta ocasión se realizó la ceremonia en la sala Nelly Goitiño del Sodre, que con sus instalaciones colmadas por el público dio cabida al espectáculo realizado con la participación de Hugo Ojeda, Shirley Enríquez, Gabriel Scarone, Lina Pacheco, el trío integrado por Luis Etchebarne en piano, el bandoneón de Tarantino y Jorge Álvarez en el bajo. Además, la orquesta Los Solistas de Miguel Villasboas. Hubo despliegue del tango bailado gracias a Jorge Galatti y Adriana Enebu; Pepe Solari y Mónica de Souza.

Entre los premiados de esa ocasión se destacan dos nombres que son Horacio Arturo Ferrer, el uruguayo que radicado en Buenos Aires desde décadas ha aportado a las letras y a la poesía del tango varias obras maestras renovadoras del género como Balada para un loco musicalizada por Astor Piazzolla y la operita María de Buenos Aires. El otro es Miguel Ángel Maidana que ha paseado su voz y su estilo por el mundo, regresando siempre al suelo natal. Maidana es dueño de un instrumento vocal poderoso, en un área donde brillan otros como Raúl el Ciruja Montero y Nelson Pino.

Quien escribe ha tenido ocasión de realizar con Miguel Ángel Maidana varios eventos, entre los cuales se cuentan Tango y Champagne y La mesa de Gardel.

Al margen de sus virtudes vocales, Maidana es dueño de una presencia escénica que no traiciona al tango genuino, librándolo de todo riesgo de grosería o sentimentalismo exagerado. Podría definirse su estilo como un ejemplo de equilibrio sobrio, clásico.

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