Polémica en torno a un famoso novelista

Jorge Abbondanza

Hace nueve meses, Günter Grass había reconocido públicamente que en su adolescencia integró las filas de las SS hitlerianas. Con ello el escritor alemán desató un escándalo, porque hasta entonces su obra era una denuncia del pasado nazi y un llamador de conciencia sobre la necesidad de asumir esa vieja carga política.

Se le reprochó que su confesión era tardía, formulada recién a los 79 años, aunque él sostiene que nunca había ocultado su paso por esas fuerzas paramilitares durante los últimos meses de la guerra.

Famoso mundialmente por haber recibido en 1999 el premio Nobel de literatura, la notoriedad de Grass derivaba del inmenso prestigio de su novela El tambor de hojalata (1959), una resonancia que creció cuando la obra pasó al cine (El tambor, que en 1979 fue dirigida por Volker Schlondorff) y ganó el Oscar, entre otras aclamaciones.

La reveladora declaración de Grass en agosto de 2006 coincidió con el lanzamiento de su autobiografía, Pelando la cebolla, donde rememora su juventud y alude al episodio de las SS, que no fue espectacular. Lo reclutaron al cumplir 17 años, figuró durante unos meses en ese cuerpo y según señala "nunca disparó un tiro, pero resultó herido y cayó prisionero de los norteamericanos", quedando recluído en el campo de Bad Aiblingen.

Allí conoció a un muchacho de su misma edad llamado Joseph, que tenía marcada vocación eclesiástica y que según Grass pudo ser Ratzinger, el actual pontífice romano, que "había servido en la defensa antiaérea y en el ejército".

Como se comprende, la actividad militar de esos jóvenes en plena guerra no era un acto voluntario sino parte de una imposición del régimen en el umbral de la caída del Reich.

"Igual que tantos jóvenes de entonces, me dejé seducir por el nazismo" reconoce Grass, que ahora estuvo en Madrid para presentar la versión española de su autobiografía. "Ese recuerdo se enquistó en mí y en este libro llegó el momento de contarlo todo", agrega, porque "nada debe quedar oculto, nada debe olvidarse por duro que resulte".

Sin embargo afirma que ciertas críticas en torno a su confesión le parecen "una auténtica persecución de alguna prensa que trata de hacer un ajuste de cuentas conmigo".

Una de esas voces le hizo notar que décadas después de su paso por las SS él había llamado a los alemanes "a asumir públicamente la responsabilidad de un pueblo que sostuvo a Hitler y a su régimen".

En verdad, es un asunto muy delicado extender esa responsabilidad a todo un pueblo como el alemán, que también fue víctima de los 12 años de nazismo, porque en tal caso otras responsabilidades similares alcanzarían al pueblo ruso por los 27 años de stalinismo o al pueblo español por los 36 años de franquismo.

Bajo un sistema totalitario no es fácil -ni procedente- medir las culpas colectivas, sino el peso moral que esa experiencia pueda tener dentro de cada uno.

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