SEBASTIÁN AUYANET
En una de las salas Elepé que el batero del Cuarteto de Nos, Álvaro Pintos, tiene por Montevideo, el Peyote ensaya y se apronta para volver y cerrar la nueva edición del Pilsen Rock.
Diez años después de peleas, indecisiones y un ómnibus de la fama que, como todos pasó, sus miembros miran atrás sin rencor y se aprontan para divertirse en Durazno. La energía recuperada es la clave.
Hace menos de una semana que ensayan. Uno ya está afónico. El otro recuerda los cassettes que aún conserva con los ensayos grabados en un Aiwa portátil. Otro confirma que la furia no necesita recalibrarse: los músicos del Peyote se juntaron un lunes y apenas sonó el primer acorde de Guacho, se dieron cuenta de que ninguno de sus miembros precisa refrescar la memoria.
"De grandes peleas han salido grandes bandas". La frase del bajista Daniel Benia se cuela en una marea de comentarios que todos los músicos del Peyote, menos el ausente Pepe Canedo, van tirando sobre la ronda improvisada en el estudio. Ante cada pregunta, uno de los cuatro presentes (Carlos Casacuberta, Fernando Santullo y Juan Campodónico son los otros concurrentes) tiene algo para decir, pero esa frase sirve para enganchar con el momento del Peyote Asesino, tiempo antes de desmembrarse.
Corría el año 1999, Peñarol dejaba su cetro de cinco años seguidos, la MTV tenía poco que ver con lo que hoy es y el Peyote estaba en ebullición hacia fuera por el voltaje de sus presentaciones y la respuesta del público, y hacia dentro por la combustión interna de sus músicos.
El cóctel era bravo. Un contrato firmado, un disco que se expandía como virus por Latinoamérica, giras en las que había que seguir invirtiendo para recuperar después, la ausencia de referencias en Uruguay y una interna debilitada en la que cada cuestión tenía por lo menos, tres opiniones encontradas. Las risas y las ganas de provocar como en aquel concierto en el que le abrieron a Traidores con Gavilán o paloma de José José, estaban bien lejos.
"Hablábamos poco o directamente entre algunos no había diálogo", tira Santullo, el hombre que el domingo 22 va a volver a ser LMental sobre un escenario. "Ahora, en cada ensayo y en cada toque, la banda era cada vez más un caño". Campodónico y Casacuberta, ayer guitarristas y hoy además productores, asienten sobre aquella etapa en la que un grupo en fase de descomposición llegó a uno de los primeros puntos clave en la historia de una banda: entrar o no entrar a la industria. Dejar trabajos y proyectos personales e ir por todas. "Todo ese problema personal era energético en cierta medida: que hubiera portazos, la gente que no se hablaba. Porque si todo hubiera sido en calma y con inciensos ¿quién sabe qué música estaríamos haciendo? Toda esa carga negativa se traducía en música", agrega Carlos.
El sello estaba y pedía movimiento. La demanda del público llegaba a su punto más alto y cada estribillo que profería El Peyote Asesino era un "hit" en un país que recién entendía que ahora había una banda de proyección internacional. Era bastante más de lo que El Peyote podía aguantar sin romperse. "Al menos, nadie nos vio en decadencia", dice Casacuberta soltando una risa.
DEL RESTO ME OLVIDO. "Y sí. Llegás a ese momento en el que tenés que tomar una decisión sólida de seguir en un viaje con un grupo de gente y meterte de lleno al profesionalismo o no. Pasa de ser algo más amateur y de disfrute personal a algo profesional. Y nosotros en ese momento no teníamos a quién preguntarle qué carajo hacemos", explica Campodónico.
"Las cosas que nos dividían eran más de lo cotidiano. De si vamos a tocar con El Otro Yo de gira ocho fechas al Sur de Argentina por el pancho y la coca. Y de que uno quería y otro no. Que hay uno del grupo que acepta y el resto no… ¡Hasta los managers daban pasos al costado!", recuerda Casacuberta.
El resto es historia conocida: una carta incendiaria en la que LMental reparte palos para todos sus compañeros del grupo, denuncia haber sido despedido y define las tres prioridades de sus colegas: "el éxito, las minas y la guita" y negaba haberse alejado de la música por haberse convertido en padre, algo que se comentaba bastante en aquella época. El cantante formó KATO y se fue a España. Casacuberta comenzó a producir a Jorge Drexler con Juan Campodónico, que trabajaría con No Te Va Gustar y ya comenzaba a delinear el proyecto Bajofondo. Benia se fue con su proyecto Surelectro por México para luego llegar a Barcelona y de Pepe se sabe por su actividad con La Vela Puerca.
Pero con la misma naturalidad que en cualquier grupo de amigos con más de quince años de relación, después de un tiempo el vínculo se reactivó. Santullo dice que "Los afectos prevalecen y el tiempo se encarga de poner todo en su lugar, como dice la frase. Pero por supuesto, el hecho de que esos vínculos hayan recomenzado no se tradujo en seguida en música. Yo quería decir que las relaciones personales se arreglaron muy rápido", añade Carlos. "Después del Peyote pasó un momento y en seguida nos seguimos comunicando. Con Fernando nos seguimos comunicando por chat, ese tipo de cosas". El vocalista y Campodónico arreglaron sus diferencias años después, y el reenganche se dio en 2005, durante el concierto de los 21 años del Cuarteto de Nos. Ambos trabajaron en el nuevo material de Santullo (que llegará en abril presentado bajo el paraguas de Bajofondo), y desde ahí empezó a picar el bichito de reunir a la banda de nuevo. Pero todavía era una idea lejana para los músicos.
Después cayeron varios mails de productores con ganas de armar la reunión. "Ok yo quiero hacer la reunión, se haría en tal lado", nos decían. Y nosotros sin caer mucho, preguntándonos "¿Por qué lo haríamos? ¿Qué motivos tendríamos? Había que encontrarle un sentido pero antes que nada sentirnos bien nosotros. Porque hay que pararse y cantar Criminal a esta edad ¿no? Ya no sos la misma persona. Y creo que hasta hace tres días, cuando empezamos a ensayar, no podíamos ver eso".
TE LO DIGO DOS. Apenas había que darle un chispazo para reanimar al Frankenstein. "El Peyote era un lugar desde el que todos experimentamos mezclando de todo y del que salía un monstruo, algo armado de rock, de electrónica, que tenía al hip hop de base pero en el que había funk, metal... Es una cosa que es totalmente contemporánea".
Si quedaban dudas de la raíz "peyotera" de Bajofondo, la presencia de Santullo y Casacuberta para cantar Mal de la cabeza en un concierto del Teatro de Verano, hace meses no dejaba dudas. "El encuentro en el show de Bajofondo era un chiste interno que quería mostrar de dónde viene la música que hacemos ahí. Pero la idea era mostrárselo a la gente como un recordatorio. En cambio nos encontramos con que todo el teatro se paró y eso terminó siendo el mejor momento del concierto. La pregunta sobre si podíamos hacer algo en vivo fue respondida ahí mismo. Y lo bueno es que hoy se puede tocar esta música, que sigue siendo super contemporánea y enérgica. El año pasado salió una serie en EE.UU., llamada The Shield que en la banda de sonido tiene un tema nuestro".
"Una cosa es lo que le pasa a la gente y otra lo que nos pasa a nosotros. Y todo eso confluyó ahí, en ese momento. Lo cierto es que hay toda una generación de gente, entre los 20 y los 23 años, que se baja los discos pero que nunca vio a la banda en vivo. Se generó una demanda que se sintió en el recital y que hoy estamos prontos para aprovechar". ¿Qué es lo que vendrá después? "Vamos a dar este primer paso, pero la banda suena muy bien", dice Carlos y con afectación de gurú, suelta: "Hasta el viaje más largo se inicia con el primer paso". Carcajada final.
La otra cara del poderoso productor Gustavo Santaolalla ante los músicos
En 1997, el grupo recibió un par de llamadas "mágicas" de parte de un Gustavo Santaolalla, que en aquel entonces estaba lejos de los premios Oscar y que recién comenzaba a mover su sello Surco. "Nosotros prendíamos el speaker del teléfono y él tiraba ideas con nosotros", recuerda Casacuberta. Al poco tiempo, el argentino llegó al estudio de Villa Española que la propia banda se había levantado cargando bolsas de arena ("mi perra se dio el gusto de morder a Santaolalla", recuerda a las carcajadas Benia) y se quedó unas semanas.
Entre ese primer estudio casero y dos meses en Los Angeles ("eso ahora no pasa, es de la última época de las vacas gordas del CD", dice Juan) se gestó Terraja, el segundo disco del grupo que los llevó a girar por Estados Unidos, México, Argentina y Chile. Carlos: "Teníamos muchos prejuicios con Gustavo. Él tenía esa cosa con el folklore y antes de que llegara nos atajábamos: `che si saca un charango me voy ¿eh?`. Pero de hecho nunca nos bajó línea. Nunca nos dijo `ok, tiren todo y saquen los charangos`. Nos hizo ver que podíamos seguir incorporando sonidos locales a lo que hacíamos sin hacerlo en joda".
Toda una generación los recuerda dentro de una camada de grupos inscriptos en la ola de rock latino con arraigo en el hip hop que dominaban grupos como Molotov, Illya Kuriaki o Control Machete. "Puede ser, pero decíamos todo lo contrario de lo que decían grupos como Molotov. Y lo mismo con los Kuriaki. En un concierto con ellos acá nos bajaron del escenario… ¡con coraceros! Era otra época", aclara Campodónico. Para el grupo las afinidades estaban más cerca, en los también ascendentes y locales Plátano Macho, donde Luciano Supervielle y Gabriel Casacuberta ya se mostraban. "Yo creo que empezamos una era de rock contemporáneo, como en el 85 la inauguraron Los Estómagos. Nosotros inauguramos lo que hoy es el rock de acá, en el que hay cerca de 8 bandas convocantes. Y ahora vamos a terminarla en el Pilsen, je". Sobre Santaolalla, Santullo recuerda: "Acá hay gente que habla de `santaolallización de la música` y en todo caso eso es hacer que las cosas suenen bien. Hay algo que me decía Gustavo que me quedó marcado: "Vos no podés hacer un disco igual que el de Green Day, dos años después que Green Day, en castellano y en peores condiciones. No te lo va a elegir nadie, van a ir a Green Day. No tenía sentido pelearle a Cypress Hill en la cancha de Cypress Hill porque no vas a ganar".
El sexto Peyote, ex Plátano
A los teclados y disparando samples, el ex Plátano Macho Luciano Supervielle se convertirá en el sexto integrante de la banda, un puesto que conoció en 1995, en el primer show que ofreció El Peyote Asesino en la vieja discoteca Enterprise de la calle Garibaldi. Para ese concierto presentaron las primeras canciones del disco que el grupo grabó después de ganar el concurso "Generación 95", y que será reeditado en breve por el sello Bizarro. Muy lejos estaba Supervielle de la exitosa carrera que siguió después. Con los años se convirtió en uno de los artistas más interesantes del Río de la Plata, tanto con su disco solista como con su colaboración con Jorge Drexler y Bajofondo.