Pablo Lisotto - La Nación/GDA
La primera jornada del juicio a Pity Álvarez, transcurrió dentro de los carriles imaginados: un arribo caótico al tribunal, rodeado por un enjambre de cámaras y micrófonos que se llevó puestas dos motos estacionadas, un nuevo intento de su defensa por anular el debate por considerar que el cantante no está en condiciones mentales de afrontar el proceso en el que está acusado de homicidio calificado de Cristian Díaz, un vecino suyo de Villa Lugano al que mató de cuatro tiros en julio de 2018, y la férrea postura de la querella de avanzar, algo que se ratificó con la citación de los primeros cinco testigos (de un total de 70) para este miércoles.
Pity ingresó en la sala de audiencias con un sombrero negro de plush y lentes de sol: un look de rockstar más que el de un acusado de asesinato. El músico llevaba puesta una remera negra con la frase “Si esperas vas a entender”, frase de “Nunca quise”, una canción emblemática de Intoxicados, una de sus bandas.
Apenas se sentó, se recostó y apoyó la cabeza en la pared. La primera vez que miró a alguien a los ojos fue cuando apretó su mano derecha en un saludo con el fiscal Sandro Abraldes, a cargo de la acusación pública.
El debate está a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°29, integrado por los jueces Gustavo Goerner (que fue el que llevó las riendas del juicio), Juan María Ramos Padilla y Hugo Navarro. El abogado Fernando Burlando representa a la querella y Álvarez es defendido por el defensor oficial Javier Aldo Marino.
El cantante está acusado de haber asesinado de cuatro balazos a Cristian Díaz, a quien conocían como El Gringo en el barrio Samoré (Buenos Aires). El cargo concreto es el de homicidio agravado por uso de arma de fuego, cuya pena va de 10 años y ocho meses a 33 años y cuatro meses de prisión.
Mientras se relataron los hechos en la lectura del acta de elevación a juicio, Pity mantuvo apretados los labios con fuerza y jugó nervioso con sus manos: primero con su gorro y luego con sus lentes. Solo levantó la mirada cuando lo nombraron. Allí volvió a mirar a los ojos a Gustavo Goerner, uno de los jueces, quien, además de leerle sus derechos, le pidió que prestara atención a todo lo que se dijera.
Pero también hubo situaciones infrecuentes en un juicio. Por ejemplo, mientras el magistrado Goerner anunciaba que Álvarez quedaba absuelto por prescripción en la causa de violencia y privación ilegítima de la libertad de dos mujeres (hecho ocurrido en 2016), Pity permaneció recostado, con los brazos abiertos y apoyados en las sillas que tenía a sus lados, la cabeza apoyada en la pared y los ojos cerrados.
Después lo invitaron a sentarse frente al tribunal para declarar en relación con el homicidio del que es acusado. El juez Goerner le explicó con claridad que, si se negaba a declarar ahora, podría hacerlo más adelante o no hacerlo, sin que su decisión afecte su situación procesal.
En ese sentido, cuando el magistrado le preguntó qué iba a hacer, Pity se tomó unos segundos en los que la sala permaneció en absoluto silencio hasta que dijo: “Voy a declarar más adelante”.
Luego, ante consultas básicas para completar el formulario del juicio no recordó su número de documento. Cuando Goerner se lo dictó, aportó: “Arranca con 22 millones, pero lo demás no sé”. En relación con eventuales problemas de salud, dijo tener dificultades en la cadera e hipertensión.
Luego le preguntaron si consumía algún tipo de droga. Hubo otro silencio pesado hasta que dijo: “En algún momento sí, y estuve en tratamiento; pero ahora no. Fui adicto a lo que se conoce como pasta base, pero no consumo desde el año 1992”.
Cuando finalizó, pidió ir al baño. En su ida y vuelta caminó con dificultad, pero al mismo tiempo se mostró muy lúcido para abrir y cerrar la puerta que separa a los protagonistas del juicio del público general y para evitar tropezarse con un cable que cruzaba su camino. Después se volvió a sentar y se cruzó de brazos, mientras se leían declaraciones suyas vinculadas con su adicción a las drogas.
Al advertir que Pity pareció dormirse —incluso pareció escucharse un ronquido—, su defensor pidió la palabra: “El derecho de legítima defensa es de él, y él no está ni puede estar. Por eso pido que se suspenda la audiencia de debate hasta que se haga lo que pidió el Cuerpo Médico Forense. Si el tribunal no hace lugar a este pedido, les pido que me tengan paciencia, porque lo plantearé cada vez que lo considere necesario”.
Agregó: “Las instancias están agotadas porque la Cámara de Casación ya rechazó este pedido. El Código expresa con claridad que si no quiere estar presente puede irse y que lo representen sus defensores. Estamos ante una situación en donde el acusado elige claramente cuándo estar lúcido y cuándo dormirse o aburrirse”
El Tribunal desestimó el planteo de la defensa. “Lo que advertimos todos es que el señor Álvarez Congiú está dormido o con los ojos cerrados. Pero es imposible saber si está o no en un estado de inconsciencia, como remarca la defensa”. Luego de eso, el defensor oficial Marino le golpeó el brazo y le dijo unas palabras a Pity, quien abrió los ojos y lo escuchó, para luego volver a dormirse.