Pity Álvarez después del homicidio, la cárcel en Ezeiza y las adicciones: esta es la crónica de un sobreviviente

Hace ocho años que no se subía a un escenario. Con un homicidio arriba, después de ser confinado a un área de salud mental de Ezeiza y ser declarado inimputable, reapareció en un estadio de Córdoba el hombre que le puso letra y música a una época.

Cristian "Pity" Álvarez el 20 de diciembre de 2025 en el Mario Kempes de Córdoba.
Cristian "Pity" Álvarez el 20 de diciembre de 2025 en el Mario Kempes de Córdoba.

En Buenos Aires
El sujeto que está ahí arriba, en el escenario del Kempes, tocando desde hace dos horas y media para las 40 mil personas que esta noche llenamos el estadio en Córdoba, se llama Cristian Álvarez, de sobrenombre Pity. Y es la estrella de rock más salvaje, más real, menos editada, más cruda, en cierto sentido más verdadera, más verosímil, del inverosímil presente argentino. Ningún filtro de redes, para el Pity Álvarez. Ningún filtro de nada.

Hace ocho años que no se subía a un escenario. Después de matar a un transa, después de ir preso por matar a un transa, después de ser confinado a un área de salud mental de la cárcel de Ezeiza, después de ser declarado inimputable e incapaz de comprender sus actos, después de cumplir arresto domiciliario y después de que la fiscalía pidiera quitarle la tobillera, después de las adicciones, las pastillas y la abstinencia, después de cruzar el Rubicón de todos sus abismos, ahí lo tienen, a los 53, entero, sobrevivido, soltando de a una las canciones con las que se tomó el trabajo de narrar la descomposición argentina durante este primer cuarto de siglo. Porque el Pity es —también— un cronista, un historiador urgente, el testimonio viviente de su época, que además es la nuestra. Le puso letra y música a nuestro derrumbe, hasta volverlo propio. Porque, finalmente, fatalmente, como todo artista mayor, lo que compone lo compone con el cuerpo.

Concierto de Cristian "Pity" Álvarez el 20 de diciembre de 2025 en el Mario Kempes de Córdoba.
Concierto de Cristian "Pity" Álvarez el 20 de diciembre de 2025 en el Mario Kempes de Córdoba.

Un fan que arrancó a los veinte siguiendo a Viejas Locas y ahora tiene cuarenta, y está acá con su hija pequeña y su mujer, se me acerca y me dice, emocionado, de golpe y a cuento de lo que le está pasando: “Es un milagro lo que estamos viendo”. Entonces miro a Álvarez amplificado en las pantallas, tocando tranquilo, respetando el calibre de su propia obra, sin desfigurarla, y estando él mismo a la altura de su propio regreso, vuelvo a mirar al fan que está con la familia y le confieso mis ganas de que tenga razón. Un milagro ¿por qué no?

Homero está cansado, come y se quiere acostar / vuelve a amanecer y entre diario y mates se pregunta cuánto más.

Promediando el show, Álvarez dice que va a tocar la vieja canción que le compuso a su padre, y que por suerte su padre llegó a escuchar antes de morir. Homero, se llama la pieza, un fresco de clase cuyo estribillo dice que es así, que la vida del obrero es así, que la vida en un barrio es así y que pocos son los que van a zafar.

El padre de Álvarez fue empleado raso de Mau Mau, un nodo aristocrático que reunió en el final de los sesenta y durante todos los setenta al sistema de celebridades de Buenos Aires. Modelos, actores y actrices, deportistas y militares de alto rango pasaron por las mesas de esta boite, antecesora de la disco a gran escala. Álvarez padre picaba hielo, pinchaba discos y hacía lo que sus jefes necesitaran que hiciera. Volvía cansado, que es una forma negociada de decir que volvía desecho, al departamento de Rivadavia y Pichincha, a cuatro cuadras del Congreso Nacional, donde el niño Pity creció hasta los siete años. Después se mudaron a San Justo, periferia conurbana de los bordes, corazón de La Matanza, y terminaron comprando en mil millones de cuotas, Fondo Nacional de la Vivienda mediante, un tres ambientes en los monoblocks de Piedrabuena, la patria inaugural del artista que terminó siendo, su primera versión real del mundo. Pity dijo no hace tanto que no sabe si esas cuotas alguien las terminó de pagar.

El monoblock no es menos barrio de emergencia de lo que hoy cortésmente se llama barrio de emergencia y antes, más en seco, se llamó villa o villa miseria. Solo que el monoblock está organizado en altura y hecho de concreto.

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Concierto de Cristian "Pity" Álvarez el 20 de diciembre de 2025 en el Mario Kempes de Córdoba.

No voy a dejar de pedalear, hasta que salga por atrás a la calle Pilar y voy / a doblar en Echeandia porque yo sé que ahí hay un solo policía.

Cuando los Álvarez llegaron, Piedrabuena todavía estaba en construcción. Cristian niño se metía en los departamentos vacíos, todavía sin adjudicar, y jugaba a tener casa propia. Afuera había pinchetos, pibes que se inyectaban a cielo abierto. Pity se iba a hacer amigo de algunos. Tenía ocho años. Iba a vivir en Piedrabuena hasta los 26.

Ese me conoce no me va a parar, sabe que no ando en nada ilegal / sabe que solo vengo de comprar mi yerba para tirarme bajo y sol y fumarme una vela.

Una vela”, el himno con el que Álvarez abre su segunda parte del concierto en el Kempes, es una cartografía social del monoblock argentino, ya sea que se trate de Fuerte Apache, Barrio Copello, Cardenal Samoré, Lugano I y II. O Piedrabuena mismo.

Pero ¿por qué himno?

La canción, que apoya toda su fuerza en una línea de bajo que parecen los pasos de una monstruosidad acercándose, no quiere ser una descripción urbana, más bien se ubica como mapa de circulación de una vida dentro de una arquitectura áspera y sin redención. Es una canción-recorrido, pero sin vista aérea, sin plano general. Todo ocurre al ras: cerca de mi casa vive una piba que por cinco mangos se chupa la pinga / yo la conozco desde muy pendeja por eso no me cobra si quiero tocar sus tetas. Al ras el cuerpo y al ras el espíritu. La escuchamos todos en 2003. La Argentina llevaba dos años de haber tocado fondo.

En “Una vela” todo está roto, el Estado incluido: los policías en su patrullero no pueden atrapar al chico de la bicicleta porque “la lancha no me alcanza, está hecha mierda”. Y como tienen miedo “tiran sin preguntar primero”. Si el Estado somos todos, el Estado con miedo es la suma de todos nuestros terrores. Hay que ser un poeta en serio para atrapar un país en un momento de su circunstancia histórica y dejarlo dicho para siempre en tres minutos de canción.

Concierto de Cristian "Pity" Álvarez el 20 de diciembre de 2025 en el Mario Kempes de Córdoba.
Concierto de Cristian "Pity" Álvarez el 20 de diciembre de 2025 en el Mario Kempes de Córdoba.
CONCIERTO

El regreso en el Kempes en Córdoba

En agosto de 2025, con el nombre de @pityalvarezok, el músico inauguró una cuenta en la red social Instagram y anunció oficialmente, para el 5 de diciembre pasado, su gran show del regreso en el estadio Vélez. Bueno, no ocurrió. Y las entradas no llegaron ni a salir a la venta para ese día en ese estadio. Cristian Pity Álvarez terminó tocando en la ciudad de Córdoba, provincia donde vivió (podríamos decir que refugiado de Buenos Aires), donde fue estrella del Cosquín Rock y donde tiene su cuartel general José Palazzo, hacedor del Cosquín y productor de este regreso. Además de líder de Los Mentidores, banda de blues que teloneó a Pity en el concierto en el Mario Kempes el 20 de diciembre.

Uno podría pensar que de esta oscuridad solo puede salir un show del caos y el reviente, pero el Kempes está tranquilo, como si el público del Pity hubiera crecido, como si él mismo hubiera crecido. Es un concierto intenso, pero amable. Nadie rompe nada, nadie se delira, los bidones de agua en los puestos de hidratación funcionan por sobre el fernet y la cerveza, no hay logias de vomitados ni nadie poniendo cocaína sobre una Visa débito. Me apurás un poco y te digo que es un show familiar. Me apurás un poco más y te digo que capaz Álvarez está empezando a separar su vida tremenda de su tremenda literatura. Ojalá. Es deseo.

Pero ¿por qué milagro?

Anda diciendo que su banda tiene aguante, poniéndole su caño en la cabeza a un laburante / Mis amigos paraguayos con su faca en la cintura te buscan porque saben que sos una basura

En el invierno de 2018, Cristian Díaz y Cristian Álvarez quedaron frente a frente. Arrastraban varios meses de mandarse a decir cosas entre los wachos del barrio Samoré, a donde Pity había vuelto a vivir un año antes. Lo primero que comprobó en ese regreso es que las cosas habían cambiado, los códigos habían cambiado, los pibes de antes que lo respetaban ya no vivían allí, o estaban presos o estaban muertos, y con los nuevos era mejor tener cuidado. En 2008, Álvarez le había dicho a la revista Rolling Stone que él no quería matar a nadie, que si fuera por él, las cosas podían seguir resolviéndose a las trompadas, pero que había tomado la decisión de andar armado porque de golpe todo el mundo andaba armado y él no iba a dar ventajas.

Cristian “Pity” Álvarez y su víctima, Cristian Díaz
Cristian “Pity” Álvarez y su víctima, Cristian Díaz.

Díaz había estado preso por robo, lo que no era extraño porque se dedicaba al robo de poca monta y a vender droga al menudeo. Extraño era que hubiera robado en su mismo barrio y a sus mismos vecinos. Se había puesto a remisear desde que lo amenazaron otros narcos por asuntos del territorio.

No me gusta que cualquier tarado ande dado vuelta, haciendo bardo en nuestro barrio / yo te digo, hermano, no te hagás el mexicano que esto es Argentina, que esto es Lugano

Unos meses antes, Díaz había llevado a Pity en un viaje hasta la villa. Pity iba con una mochila con dinero en efectivo. Llegaron. Pity bajó. Dejó la mochila en el auto. Fue a comprar lo suyo. Volvió con lo suyo comprado. Díaz lo llevó de regreso a Samoré. Ya estaba en su casa, Pity, cuando abrió la mochila y vio que le faltaban billetes. Volvió a la remisería. Preguntó por Díaz. Le dijeron que había hecho un último viaje y se había ido. Entonces Pity empezó a decirle a quien quisiera escucharlo: “A ese gordo rastrero le voy a pegar un tiro”.

El periodista Nahuel Gallotta reconstruyó para la revista Rolling Stone el minuto a minuto de un momento crucial: era la una y media de la mañana del jueves 12 de julio de 2018 y Pity salió de la Torre 12, donde estaba viviendo junto a su novia. Una vez abajo, escuchó que alguien lo llamaba a los gritos. Reconoció a Cristian Díaz, que se le acercaba amenazante con sus 120 kilos, listo para pelear. Se le paró adelante, al Pity, y le dio un manotazo a la gorra blanca que el Pity llevaba puesta. Entonces le recordó lo que el Pity andaba diciendo. Le gritó en la cara que él no era ningún rastrero. Le dijo gato. Al Pity, le dijo, pedazo de gato. Y después remató: “Si vas a tirar, tirá”.

Y Cristian Álvarez tiró.

El Pity llevaba encima una pistola calibre 7.65. El primer disparo fue a la cara. Díaz cayó de espaldas al piso. Pity gatilló tres veces más, las tres veces sobre la cara de Cristian Díaz. Después subió a un auto y fue a bailar a Pinar de Rocha. Después se entregó. Confesó el crimen de inmediato, se diría que naturalmente. Frente a la policía y frente a los móviles de prensa que lo vieron llegar. Lo escuchamos todos, al Pity. Lo vimos todos decir: “Era él o yo, cualquier animal hubiera hecho lo mismo”. Cuenta Gallotta que, cuatro meses después, no había murales con la cara de Cristian Díaz en las paredes del barrio Samoré. Ni uno.

Cristian "Pity" Álvarez
Cristian "Pity" Álvarez.

Volvió a sonar fuerte, por entonces, una canción de Intoxicados que dice: “Te la vamos a dar el día menos pensado”. Y ahora está tocando acá, en el estadio mundialista de la ciudad de Córdoba. Pueden llamar a esto como más les guste, pero “milagro” juega, es una posibilidad.

Cuando Álvarez ya estaba en escena, el notero de TN, saliendo en vivo, dijo: “Está sucediendo. Contra todo pronóstico, está sucediendo”. Si yo hubiera sido el director de cámara le metía un zoom cerrado a esa carita porque, en la línea que el periodista acababa de soltar, había un claro tono de felicidad, una alegría que —ahora sí— era irrevocable.

La verdad es que nunca fue como sacar entradas para ver a Abel Pintos. Unas horas antes, unos días, unas semanas, unos meses antes, nadie jugaba un pleno a que el regreso de Pity fuera a ocurrir. A veces, treinta años de rock y drogas duras son demasiado. Entonces la idea de “el Pity en el Kempes” nació como nacen los eventos sin garantías, pero en los que uno tiene muchas ganas de creer. Fue, hasta que sonó el primer acorde, un concierto del anhelo. Todo quedó atrás cuando Pity, ahí arriba, cantó: a nadie importa si yo cuido mi flor, yo la protejo contra el viento.

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Pity Álvarez en 2021.
Foto: captura de Twitter.

Entrevisté a Cristian Álvarez en marzo de 2015, para la edición argentina de la revista Playboy. Él mismo había llamado a la redacción para pedir que le hiciéramos la nota. Me dijo después que solía consumir porno en papel, porno analógico que se vendía en los kioskos de revistas, y quería estar en una de esas publicaciones.

Llegué a un PH sobre la avenida Jorge Newbery, frente al extenso paredón del cementerio de la Chacarita. Nos recibió alguien que se presentó como su abogado y nos invitó a esperarlo en el patio, que no era a cielo abierto porque en un arranque de paranoia Pity había mandado techar todo con unas varas de hierro. Cuando salió, con una ternura de pibe de barrio que se hospeda contra viento y marea en el fondo de toda su autodestrucción, nos hizo entrar a lo que él llamó su sala de ensayos. Natalia, la uruguaya con la que sigo casado, me acompañó ese día, pero debió irse a la media hora porque el sitio le resultó simplemente irrespirable.

Había unos slips a medio caer sobre unos amplificadores, como relojes de Dalí. Había una virulanas ennegrecidas, un perro, un colchón desnudo, un shuriken clavado en la pared, un banquito de baterista que ya no giraba, una heladera repintada a mano, unos paragüeros cilíndricos sin ningún paraguas dentro, otro colchón sin sus ropas pero de una plaza, unos cables que cruzaban el piso encharcado, unos arcos (no quise preguntar de qué) y una guitarra criolla con cuerdas de nylon.

Tal vez toda supervivencia sea supervivencia del caos. Sobreviviente es el que vuelve de lo que no pudo controlar y ahora lo controla o ya no necesita hacerlo. Pasaron diez años y diez meses desde aquella entrevista. Yo vi de primera mano ese cuerpo roto, ese mundo roto y ahora estoy acá, en el Kempes, en esta noche de sábado cordobés, viendo al artista de la nación Cristian Álvarez tocar en paz, armoniosamente, las canciones con las que se ha contado a sí mismo y también nos ha contado a nosotros. Verlo así es un sosiego porque al final también te restaura a vos.

Él, igualmente, afirma que no se trata de un regreso. Dijo, un rato antes de tocar su última canción: “Nunca me fui, me tomé vacaciones nada más”.

CAUSA JUDICIAL

Citan nueva junta médica para "Pity" Álvarez

La causa por la muerte de Cristian Díaz a manos de Cristian Pity Álvarez es una causa técnicamente suspendida. Traducido: el tribunal y la fiscalía no pudieron determinar de manera fehaciente que Álvarez, por los trastornos de su salud mental, estuviera en condiciones de ser juzgado.

Lo que se indicó entonces fue monitorear de manera periódica su estado de salud, su eventual recuperación psiquiátrica y seguir de cerca su comportamiento en libertad. Hasta acá, las autoridades judiciales se abstuvieron tanto de condenar como de absolver al imputado. Por eso Pity no es ni culpable, ni inocente. Todavía. Se determinó también que, para la mejora de su cuadro psiquiátrico, era conveniente la puesta en libertad sin tobillera. Ahora bien, resulta que Pity no comprende la gravedad de sus actos pero llena un estadio, y entonces las voces a favor y en contra de su situación procesal se cruzan y polemizan.

¿Cómo es que firmó un contrato? El contrato lo firmó su familia. ¿Cómo es que resiste el estrés de enfrentar a la multitud? Es lo que ha hecho toda la vida, consiste en una mecánica de su trabajo. ¿Está al tanto del dinero que ganó? Probablemente nunca lo haya estado.

La noche del show, la fiscalía mandó a peritar todo mediante videos. Hubo un cruce entonces entre la productora del concierto, la gerenciadora del estadio, los agentes federales que debían registrar el show y los fiscales que ordenaron la captura de imágenes. En un lapso de pocas hora hubo denuncias y contradenuncias, y finalmente el fiscal Sandro Abraldes pudo contar con el material fílmico.

¿Cómo sigue esto? El 10 de febrero habrá una junta médica que incluirá perito psiquiatra, psicólogo, médicos clínicos, para volver a revisar, a la luz de los últimos acontecimientos, concierto incluido, más la suma de todos los estudios realizados hasta hoy, en qué estado real se encuentra la conciencia del asesino confeso de Cristian Díaz.

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