ENTREVISTA
La periodista habló con El País de su salida de Canal 4, el recuerdo de su padre, habla del lugar de la mujer en los medios y las criticas a su juventud
El jueves entre lágrimas, Magdalena Prado se despidió de Buen Día, el magazine matutino de Canal 4 al que vio nacer, agradeciendo a la audiencia y al canal por la oportunidad.
Y por más que pensó que la mañana siguiente sería distinta, volvió a despertarse a las cinco de la mañana.
“Pensé que me iba a dormir todo, y me desperté como siempre. Tengo el reloj biológico un poco cambiado y estaba como pasada de revoluciones por la cantidad de llamadas, mensajes y comentarios en redes sociales. No he tenido tiempo de caer en mi nueva rutina”, le dijo Prado a El País.

La mañana la empezó con una sorpresa, sus amigas le enviaron un desayuno a su casa, sabiendo que desde ahora, sus mañanas serán distintas. “Empecé el día con mi pareja y ese gesto de mis amigas”, dijo.
—En tu despedida de Buen Día recordaste a tu padre, el fallecido periodista Matías Prado. ¿Cuál sentis que ha sido su influencia en vos?
—A los 17 años decidí hacer periodismo porque tenía que elegir una carrera, pero era algo que siempre tuve medio definido. A veces parece un tanto idílico decir “siempre supe lo que quería hacer”, pero la realidad es que el periodismo siempre estuvo en mi lista. Tuve la mala suerte de perder ese año a mi papá, cuando empezaba ese camino en el que me había proyectado compartiéndolo con él, encontrándonos como padre e hija desde otro lado. Pero la realidad es que lo he encontrado en las personas con las que he compartido y fueron sus colegas. Todos me remarcaron lo que sabía, el tremendo profesional que era mi padre, y sobre todo que era una buena persona.
—¿Cómo lo recordás?
—Trabajando con rigor, con la responsabilidad profesional que tiene un periodista. Vi a mi padre dormir poco, enojarse mucho, indignarse, tener esa sensibilidad social que a mí me ha marcado mucho.
—Y esos valores son los que intentás mantener..
—Sí, el rigor periodístico, la idea siempre puesta que laburamos para la gente, y tener los oídos bien abiertos para escuchar y los ojos preparados para ver las necesidades de la gente y para ser el contralor del poder. Ese es nuestro rol como periodistas.
—¿Cambió el lugar de la mujer en los medios?
—Las mujeres todavía tenemos un camino tremendo por el que dar batalla para llegar a lugares de decisión. Agradezco a una infinidad de mujeres que han sido pioneras y nos han dado la posibilidad a las que hoy estamos trabajando de tener los lugares que tenemos. Se ha avanzado, pero falta un montón. Siempre que la mujer llega a un lugar, está el comentario de con quién habrá estado, con quién se acostó, o si llegó a dedo. Y en televisión la mujer tiene una exigencia de imagen mucho más potente que la del hombre. No hay mujeres obesas en televisión y si hay, son muy pocas. Hombres sí. A las mujeres les exigen cánones de belleza que tienen que seguir y a veces lo primero que miran es eso y no el potencial que podemos tener. Pero a mí se me ha cuestionado más por ser joven que por ser mujer.
—¿Cómo es eso?
—Arranqué como conductora de Viva la tarde con Kairo Herrera cuando tenía veintipoco, y creo que he tenido buena aceptación del público, pero muchas veces se me ha cuestionado y se cuestiona hasta hoy mi juventud.
—¿Por qué?
—Porque trato ciertos temas, como el pasado reciente, y como no tengo la experiencia de muchos años vividos se me cuestiona más por ser joven. Como que no puedo opinar de ciertas cosas: porque no viví esos años, porque no soy madre, o lo que sea. La juventud en este país a la gente grande le molesta un poco. A mí me ha pasado eso, porque como mujer nunca me he sentido discriminada por mi condición. Soy de la idea que los periodistas no tenemos que tener bandera y, no tenemos que militar. Pero las mujeres tenemos que hablar de nuestra invisibilidad. El mensaje no va por ir a la marcha del 8M, o cambiar mi foto de perfil de Facebook por el símbolo de la mujer. Tenemos que ser empáticas con otras mujeres, potenciarnos entre todas y destacar el trabajo de todas. Va por ahí, pero siento que somos nosotras las que tenemos que visibilizarnos para poder cambiar eso.