ENTREVISTA
El actor presenta "El Ardor" junto a Juana Viale en Uruguay con funciones el 23 de enero en Rosario, el 25 en Treinta y Tres y el 27 en el Auditorio del Sodre de Montevideo.
—¿Cómo fueron tus días de teatro en Punta del Este?
—Llegamos y nos tiramos derecho al ensayo. Los primeros días fueron de ensayos extenuantes porque la escenografía estaba recién hecha y había que ajustar un montón de cosas técnicas. Pero a mí me encanta la experiencia de hacer giras. De hecho, me gusta mucho más que estar fijo en un lugar. Demanda más físicamente, pero cuando uno no está del todo cómodo salen cosas buenas. Está bueno moverse.
—¿Cómo es trabajar con Juana Viale, tu compañera en el espectáculo?
—Ella es divina. Es trabajadora, comprometida. Tiene muy buenas formas. Coincidimos en que a esta altura, no importa si es cine, teatro o televisión, lo importante es trabajar con gente que uno quiera y a la que le respete lo que hace. Lo otro es tener el privilegio de contar una buena historia, que en este caso se le suma que durante dos años la gente miró historias solo a través de pantallas.
—¿La gente está yendo a los teatros o todavía le cuesta salir?
—Es periódico. Ahora hay muchos casos, pero hasta el momento no se han puesto nuevas restricciones. Alguna gente va al teatro y hay otra que todavía tiene miedo y es razonable. Afortunadamente en Buenos Aires y en la costa hay mucha oferta teatral. Nosotros tenemos una en Uruguay que tiene que ver con la palabra, sin trucos ni bailes. Es palabra en acción, en una comedia dramática que genera risa por la incomodidad, por lo absurdo de las situaciones.
—¿Hay escenas de alto voltaje?
—No, hay situaciones que se insinúan, pero tienen que ver más con una cuestión simbólica que con la desnudez concreta de ver a tal o a cual con sus partes pudendas arriba del escenario. Además el cuerpo para el actor es su herramienta de trabajo. Es increíble que todavía en 2022 la sexualidad siga siendo como un tobillo en un tranvía. Me llama la atención que se haga hincapié sobre eso. Tendrá que ver sobre cuestiones que se reprimen. El interés sobre los temas sexuales es directamente proporcional a la represión que la gente tiene.
—Uno de los grandes éxitos de tu carrera fue Historias de Sexo de Gente Común (2005), que rompía moldes en ese sentido...
—Sí, pero lo más interesante era lo que contaba, que era el vínculo que tenían dos abogados con sus respectivas mujeres. Uno no podía decir lo que quería y el otro era un desbandado que hacía lo que se le cantaba y sufría las consecuencias. Los guiones y las historias eran muy potentes y provocadoras. Teníamos muchísima libertad. Yo no sé si hoy podríamos tener una historia así. Con el control que tienen las plataformas sobre los guiones, creo que todo sería muy lavado.
—¿Está pasando eso?, ¿los responsables de las plataformas modifican mucho los contenidos de sus ficciones para hacerlas más "lavadas"?
—Sí porque ellos las producen. Determinan qué se dice, qué no se dice, qué puede ser ofensivo. Tanta corrección política termina siendo aburrida.
—¿Te ha pasado de participar de un proyecto en el que sentías que los responsables atentaban contra la esencia del producto?
—No a mí, o las veces que me pasó me las ingenié para hacer lo que quería más sutilmente. Esto no es nuevo, viene de toda la vida. Siempre ha habido alguna restricción o censura. Por suerte muchos actores y actrices han logrado eludir eso para contar lo que había que contar. Lo que no se dice y está latente ahí tiene más fuerza.

—Otro de tus personajes más recordados fue el galán que interpretaste en Floricienta (2004), programa del que resolviste dar un paso al costado hacia la segunda temporada, ¿cómo recordás aquella situación?
—Decidí irme de ahí después de un año porque entendía que las modas son peligrosas. Pasaron 18 años y uno puede estar haciendo Hamlet, pero siempre sigue habiendo referencias a aquel personaje. Forma parte del álbum de figuritas que tiene la gente que lo sigue a uno. Por ahí le preguntan más por una que le gusta más que otra. También pasa que las chicas recuerdan mucho ese personaje de su infancia. Yo no me peleo con eso.
—En aquel momento generó mucha polémica la muerte de tu personaje por tratarse de un programa infantil, ¿te lo reprochaba mucho el público?
—Habría que recriminarle a quien tomó la decisión, yo simplemente dije que me iba. Podrían haber elegido otra forma, pero uno no toma esas decisiones sobre sus personajes.
—Hace diez años grabaste la ficción uruguaya Dance en Montevideo, ¿qué te dejó aquella experiencia?
—Nos trataron muy bien. Estuvimos cuatro meses viviendo en Pocitos y éramos muy felices. Recuerdo que me llamaba la atención el olor a leña que había en la calle. Me explicaron que había mucha calefacción a leña, lo cual nos parecía fantástico porque Buenos Aires no tiene eso. Era como un cuento salir a la calle y sentir las chimeneas. También me acuerdo que andaba en una moto y venía a Punta del Este por la interbalnearia. He tenido mucha suerte.
—¿Cómo enfrentaste estos últimos dos años en términos profesionales con el impacto de la pandemia y la cuarentena en Argentina?
—Lo viví como todo el mundo: cruzando los dedos para que esto termine pronto. Intenté volverme introspectivo e ingenioso, y me sirvió para mirar para adentro. Yo tenía postergada la escritura de un montón de cosas y me sirvió para ponérmelo a hacer. Escribí dos miniseries. Una la vamos a producir ahora y la otra la habíamos llevado a España antes de la pandemia.
—Ante la baja de ficciones hay actores que se han volcado para la conducción, ¿te interesaría probarte en ese rol?
—No. Mi viejo era periodista, pero yo no lo sé hacer. Y no me pica, no me va. Yo necesito personajes para expresar lo que quiero. No me siento cómodo exponiéndome sin máscara. Lo que sí me pasa es que cada vez me divierte más escribir y producir.