El actor que llegó a "Verano del 98" por accidente, actuó con Darín y ahora hace temporada en Punta del Este

Tomás Fonzi se instaló en el balneario esteño con un fin laboral: presentar la comedia "Una Navidad de mierda" en Enjoy. La obra es una excusa para repasar su carrera y hablar de su presente.

El actor Tomás Fonzi durante el lanzamiento de la temporada 2026 en OVO Beach.
El actor Tomás Fonzi durante el lanzamiento de la temporada 2026 en OVO Beach.
Foto: Ricardo Figueredo

Pasaron casi 30 años y sigue siendo inevitable asociar a Tomás Fonzi con Verano del 98. La telenovela de Cris Morena que marcó a toda una generación fue, para él, un despertar absoluto: allí se descubrió actor y conoció las obligaciones del mundo adulto con apenas 16 años. También llegó la fama, algo que hoy parece tener sin cuidado quien cultiva un perfil bajo.

A esa ficción —que en Uruguay se llamó Verano Eterno— llegó de rebote: acompañó a su hermana Dolores Fonzi a un casting y, mientras esperaban, un productor lo vio y lo invitó a audicionar. Lo que vino después es historia conocida.

Entre risas, recuerda a El País que en los primeros capítulos “escupía la letra y salía corriendo”. Pero ese set lo entusiasmó tanto que lo llevó a tomar clases de actuación. Más tarde, haciendo Shakespeare en el Teatro San Martín, sintió el llamado de la vocación y encontró su lugar.

Luego llegarían éxitos como Costumbres argentinas, Los Roldán y Botineras; el protagónico en cine en Una noche con Sabrina Love, junto a Cecilia Roth; y la posibilidad de compartir con Ricardo Darín y Leticia Bredice en Nueve Reinas, entre tantos proyectos.

El presente lo encuentra instalado en Punta del Este, por primera vez en plena temporada alta —confiesa que suele escaparle al “malón” y a las “Harley Davidson”— y con un motivo laboral: integra el elenco de Una Navidad de mierda, la comedia que agotó en Buenos Aires y que se presenta de jueves a domingos en Enjoy Punta del Este. Entradas a la venta por Suticket.

Con la excusa de la obra, charló con El País sobre sus comienzos, el amor por los deportes de aventura y la música, Nueve Reinas, Verano del 98 y mucho más.

—¿Qué disfrutás hacer en Punta del Este?
—Soy un enfermo del mar y la pesca. Me estoy levantando muy temprano y buscando el point, descubriendo las especies y la técnica adecuada, y sin preguntar.

—Sos fanático de los deportes aventura, también por Código viaje (Telefé) ¿Qué vino primero, el programa o ese gusto?
—Hice snowboard de chico, salté en paracaídas, soy aficionado a la aviación. Y el programa me dio la posibilidad de probar por primera vez un montón de disciplinas que me encantaron: el windsurf, el wakeboard y el parapente.

—Definiste Una Navidad de mierda como “un disparate total”. ¿Con qué se encuentra el público?
—El secreto de la obra es que tiene una situación que puede pasar en cualquier familia disfuncional, con los rayes y miserias de cada uno. Es un matrimonio con dos hijos: la hija se había ido a Europa por problemas familiares y vuelve para presentar a su novia, que tiene una particularidad especial y nos obliga a todos a ponernos muy creativos para lidiar con su presencia.

—¿Cuánto te identifica el título? ¿Padecés las fiestas?
— Hay mucho estrés en la organización: cuál es la sede, quién va, quién se emborracha antes o habla de política y la caga. De hecho, una de las grandes noticias fue venir a pasar acá y alejarme de toda esa locura. Disfrutamos de una cena show con mi esposa, mis hijos y mis compañeros.

El elenco Una "Navidad de Mierda" en OVO Beach.
El elenco Una "Navidad de Mierda" en OVO Beach.
Foto: Nicolas Donatte

—¿Cómo te llevas con la fama? ¿La has padecido?
—Hace mucho tiempo, cuando todavía los paparazzis te perseguían y te esperaban. Ahora ya hay celulares por todos lados.

—Tuviste una mala experiencia con una fan, que te esperaba en la puerta del canal y hasta fue a tu casa, ¿no?
—Sí. Había un tema de salud mental, muy delicado. Era una época donde solo había televisión y no se sabía nada de los artistas, salvo por las revistas. Ahora hay otra cercanía con las redes, te escriben y uno puede interactuar.

—¿Contestás?
—Siempre. Cuando alguien dedica un tiempo a escribirme o me hace una devolución de mi trabajo, me parece respetuoso tener una interacción.

—¿Te afecta el hate?
—No. Hubo que desarrollar un cuero más grueso. La primera vez que alguien te insulta por las redes, te lo tomas muy personal. Pero atrás de un teclado se puede decir cualquier cosa. A veces interactuás con el que te está bardeando y al toque se desarma todo. Tampoco soy polémico ni me interesa contar lo que pienso.

—Se estrenó Nueve Auras, el documental sobre Nueve Reinas, ¿cómo recordás esa experiencia?
—Tremendos actores y tremenda película que quedó en acervo cultural como una de las mejores del cine argentino. Volví por primera vez después de 20 y pico de años a la lavandería del hotel Hilton donde le pego el rodillazo famoso a Darín, y fue muy emocionante.

—Hermoso trabajar con un profesional como Darín, ¿no?
—Un tipazo, sumamente inteligente y empático.

—¿Cómo llegaste a la película?
—Medio de carambola. Venía de filmar Una noche con Sabrina Love, que era la misma productora, a Fabián Bielinsky (director) le faltaba ese personaje, me lo crucé en un pasillo y dije, “lo hago”. “Pero venís de protagonizar, y esto es un personaje muy chico”. “No me importa, quiero hacer cine de cualquier color y tamaño”. Terminó siendo una gran decisión.

—¿Qué significó para vos Verano del 98?
—Fue entrar a un mundo laboral adulto con problemáticas de gente grande a los 16 años, y sobre todo fue descubrir la actuación. Ves los primeros capítulos y decís, qué hace ese pibe ahí que no se entiende lo que dice, escupe la letra y sale corriendo. En función de eso me puse a estudiar teatro, y la primera vez que pisé un escenario dije, acá hay algo mágico y muy privilegiado.

¿Qué hiciste esa vez?
La tempestad de Shakespeare en el Teatro San Martín con Alfredo Alcón a los 19.

—Y todo gracias a Verano del 98
—Gracias a que empecé a estudiar por la tira, así que sí. El director era un vasco español y ni idea tenía de quién era yo. Entré por una audición y fue revelador.

Hoy hay mucho material viejo en plataformas, ¿te gusta verte?
—Pocas cosas. Costumbres Argentina es un programa que disfrutamos muchísimo hacer y cada vez que vuelvo recuerdo lo hermoso que viví.

¿Qué lugar ocupa la música en tu vida?
—Siempre tuve bandas en paralelo. Salimos de gira y grabamos discos. Es una cuenta pendiente que en algún momento saldaré.

—¿Qué proyectos tenés para el 2026?
—En marzo volvemos con la obra a Buenos Aires. Sigo con el programa de viajes. Hay una chance de que se genere un programa con la misma productora, pero enfocado en lo culinario porque también cocino. Dicen que el que mucho abarca poco aprieta, pero yo trato de apretar todo lo que puedo.

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