Arturo Puig vuelve a Uruguay con una obra en la que cuenta su vida a través de los textos que lo marcaron

El actor argentino estará en El Galpón, el 20 de mayo con "Buenas palabras", un espectáculo en el que lee poemas, cartas, fragmentos teatrales en un formato íntimo

Arturo Puig

Arturo Puig está un poco triste. Está charlando con El País al día siguiente de la muerte de Luis Brandoni de quien, dice, era muy amigo aunque nunca trabajaron juntos.

Pero la conversación estaba pactada por la llegada de Puig a El Galpón con Buenas palabras, una obra en la que reúne textos que han sido importantes en su vida, en su carrera y en su formación. Tiene dirección y dramaturgia de Rita Terranova y música original de Martín Bianchedi. Va el viernes 22 de mayo a las 20.00 y ya hay entradas (de 1.570 a 2.070 pesos) disponibles enRedTickets.

La obra incluye poemas, letras de canciones, fragmentos teatrales, relatos, cartas en los que Puig va revelándose en historias divertidas o emotivas en un ambiente íntimo en el que él, una estrellaa del espectáculo rioplatense, consigue un gran acercamiento con el público.

Puig tiene 81 años y comenzó su carrera a mitad de la década de 1950, dividiéndose desde entonces entre el cine, el teatro y la televisión (y hasta la música: tiene cinco discos grabados). Fue en la pantalla chica que consiguió sus éxitos más populares incluyendo, claro, Grande Pá!, la comedia familiar que lo tuvo durante cinco temporadas como el rey indiscutido de la televisión argentina.

A esa popularidad, Puig le ha sumado el prestigio de haber trabajado en grandes obras clásicas, incluyendo varias de Arthur Miller (fue figurante en 1956 y protagonista en 2004 de Panorama desde el puente), un actor del que dice, es el actor que más lo interpretó en su país.

En Buenas palabras que recibió buenas críticas cuando su estreno en elTeatroSanMartín porteño, hay varios textos de esos que lo acompañaron en su carrera. Sobre esas cosas, Puig charló, vía telefónica, con El País.

—No ha venido mucho a actuar a Uruguay. En 2019 estuvo con El vestidor, con Jorge Marrale. Y en 2015 trajo al Conrad de Punta del Este, con Selva Alemán, Cartas de amor y Le prénom. ¿Por qué nos ha tenido tan abandonados?

—Amo ir a Montevideo y a Punta del Este también, pero depende de la producción, de si arreglan o no arreglan. Vericuetos de los que uno está de pronto ajeno. El público uruguayo, además, es muy teatrero, así que realmente es un placer ir a hacer teatro allí. Estoy muy contento.

—Y además viene con Buenas palabras, que se siente como una obra muy personal...

—Sí, totalmente personal. Es un espectáculo que hemos armado con Rita Terranova con diferentes textos, grandes textos. Es un espectáculo de bolsillo, de prácticamente 55 minutos de duración, en los que leo diferentes partes de distintas obras, un tango, la carta de Richard Burton a Liz Taylor, que es conmovedora, la carta de Beethoven, y termino con el discurso de El gran dictador de Chaplin.

—¿Son textos que lo han acompañado siempre y que son parte de su formación?

—Sí, claro. Por ejemplo, lo de Chaplin es extraordinario porque lo escribió en 1940 y es como si lo hubiera escrito ayer. Me ha ido muy bien aquí en el Teatro San Martín, con buenas críticas.

—La obra recupera, además, el contacto con el público en un ambiente de cierta intimidad. ¿Esa era su intención con obra?

—Sí, también. Había tenido varios llamados para hacer teatro pero no estaba en condiciones, no me sentía demasiado bien. Yo quería un espectáculo que lo pudiera hacer cuando quisiera. Y esto es lo que sucede con "Buenas palabras". En Instagram vi que en el Royal Theatre de Londres varios actores muy importantes leían distintos textos de Shakespeare, sí, pero también textos y cartas muy modernas. Ahí me empecé a inspirar para hacer esto de leer las cartas.

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"Grande Pa!"

—O sea que el personaje de Buenas palabras es usted arriba del escenario...

—En un momento cuento un viaje que hice a Nueva York en los años setenta. Había hecho un teleteatro que se llamaba Nino, que protagonizaba Enzo Viena. Era un elenco maravilloso: María Rosa Gallo, Tito Alonso, María Aurelia Bisutti, Mauricio Guedes. Era una coproducción con Perú y uno de los productores, yo creo que hizo una hazaña directamente porque le vendió Nino a un canal de Nueva York, que era todo en inglés y de pronto aparecíamos nosotros con Nino. Entonces, después de un tiempo, nos llamaron para ir a hacer teatro a Nueva York. Nos imaginábamos que íbamos a ir a Broadway. El productor era un puertorriqueño, venía con una pistola .45, porque decía que las calles estaban muy peligrosas, cosa que era cierto. En la obra cuento lo que nos fue pasando de divertido en ese viaje y lo uno con una poesía sobre la ciudad de Nueva York. Eso sintetiza bien el tono del espectáculo.

—Usted viene de una familia vinculada al teatro, por el lado de la utilería, pero debutó como actor muy joven en Panorama desde el puente, de Arthur Miller. ¿Cómo llegó ahí?

—Yo estaba mirando el ensayo —desde el fondo de la platea con los actores— de Panorama desde el puente, que protagonizaba un gran actor, Pedro López Lagar. Él no sabía que yo era el hijo del empresario y en un momento dijo: “Suban al escenario, que les voy a marcar la escena”. Y él me marcó que yo entraba por un lateral, señalaba una cosa y me iba. Y eso fue todo.

—¿Tenía pretensiones de ser actor?

—Para nada, pero me gustaron mucho los nervios que pasé antes de entrar a escena y estar ahí en los camarines con los actores. Y, bueno, la verdad es que seguí un tiempo más, pero después fui a estudiar, me fui a preparar. Y, bueno, la verdad es que a partir de ahí empecé un poco mi carrera de actor y tuve la satisfacción de que después hice "Panorama desde el puente" en el San Martín, pero como protagonista, haciendo el personaje emblemático de Eddie Carbone. Me di el gusto de volver a hacerla, pero esta vez no entrando por un costado sino con ese maravilloso protagónico.

—Hablando de grandes actores, en los 60 trabajó con Libertad Lamarque y Raúl Rossi en una versión famosísima de Hello, Dolly! en teatro; en cine debutó con Luis Sandrini y Ubaldo Martínez, con Al diablo con este cura. ¿Cómo eran esas estrellas?

—Eran unos actores maravillosos y muy buena gente. Me acuerdo de que le tenía que tirar una trompada a la cara a Sandrini. Yo estaba muy nervioso y le decía: “Perdóneme”. Y él me dijo: “No, no, no, pibe, vos tirame la trompada, no te preocupes por mí”. Bueno, yo le tiré la trompada y él, con una habilidad increíble, me agarró la mano y la esquivó sin ningún problema. “Viste que era fácil”, me dijo.

—Hablando de su carrera, en 1991 tuvo una participación en Atreverse, uno de los grandes programas de su época, y debutó en Grande Pá!, uno de sus más grandes éxitos. Y cuando terminó la comedia hizo Cristales rotos, otra vez de Miller. ¿Esa amplitud define su carrera?

—"Cristales rotos" era en ese momento la última obra que había escrito Arthur Miller y yo la verdad es que soy un admirador de sus textos. Debo ser uno de los actores que más obras de él hizo en Argentina. Y sí, cuando terminé "Grande Pá!", estuve un tiempo en el que no me llamaban para trabajar y de pronto unos productores nos convocaron a Selva y a mí, justamente a los dos, para hacer Cristales rotos. Y, bueno, la verdad es que era una obra extraordinario con unos personajes extraordinarios.

—Y empezó como otra etapa de su carrera. ¿Es así?

—A partir de ahí empecé a seguir una línea en el teatro de autores, creo que muy importantes, porque hice "¿Quién le teme a Virginia Woolf?" de Albee, "El precio" de Miller y "El vestidor" de Harwood con Jorgito Marrale. Lo último que hice fue Largo viaje de un día hacia la noche de O’Neill en el San Martín, una obra extraordinaria de la que también hablo en Buenas palabras. A mí me impactó mucho porque él contó la historia de la familia, que era una familia muy tremenda, conflictiva. Y mi personaje era el de un actor que ganaba mucho dinero con sus temporadas en teatro, pero que estaba frustrado porque en realidad quería ser un actor shakespeariano. Y hay un monólogo de la obra en el que él habla de eso y lo incluyo en este espectáculo.

Arturo Puig, Selva Alemán.

—Cuando charlamos en 2015 con usted y con Selva Alemán, les preguntaba sobre el secreto de por qué ustedes se habían mantenido durante tanto tiempo y con proyectos interesantes. Selva me hablaba de que habría que tener una conducta en la elección de los trabajos. Y usted se refería al factor suerte. ¿Cómo lo ve hoy, 11 años después de aquella charla?

—Sí, creo que es un poco la mezcla de la opinión de Selva y la mía. La elección de los textos, a mí me parece fundamental: hay que elegir obras que uno tenga ganas de representar, tenga ganas de hacer, que vea que los personajes los puede hacer. Y después también un poco la fortuna de poder hacerlo, de que haya un productor que produzca y que también tenga ganas de hacer un buen teatro.

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