Ojos de madera Roberto Suárez en su primer filme

Rodaje. Esta semana se empezó a rodar la primera película del talentoso artista

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CARLOS REYES

En una casa en la calle Tapes se empezó a rodar "Ojos de madera", la primera película del multipremiado director teatral Roberto Suárez. Es uno de los mayores artistas uruguayos de su generación, que ahora salta a la dirección cinematográfica.

La mayor parte de las locaciones son en el interior de una casa, donde vive Víctor, un chico de unos ocho años que protagoniza el filme. La acción se ubica medio siglo atrás, y para el rodaje se alquiló una casa grande, vieja, que Paula Villalba y Francisco Garay ambientaron con el tono de la película.

"Se armó ahí una especie de set que es maravilloso, porque está toda la casa armada, como si fuera la casa realmente, y se pusieron parrillas en el techo, para las luces y los cables. Entonces, vos entrás y es todo un set armado, pero la casa es la casa: es increíble, porque además, la película es de terror psicológico, y la casa es perturbadora ya en la realidad", relató a El País Natacha López, productora ejecutiva del filme.

Sobre el trabajo de decorado del inmueble, López señala que en las obras de teatro de Suárez, la ambientación "es un factor muy destacado, que además tiene mucho que ver con la narrativa. No es solamente decorativo: tiene que ver con el clima que se crea".

La fuente agrega, un poco en broma, que la mayor complejidad de este trabajo "es que es un niño el protagonista, y no queremos torturarlo ni dejarlo traumado: es un niño en una película de terror. De terror pero no es Viernes 13, no es de cuchillos y sangre. Es más bien una cosa psicológica, de suspenso, perturbadora. Igual, el niño parece estar llevándola bárbaro. Él es hijo del actor Yamandú Cruz, que también está en el elenco: el chico en realidad es más grande, lo que pasa es que es chiquito y da ocho".

Con dirección de fotografía de Arauco Hernández, el filme tiene un claro objetivo final: "que te desacomode la cabeza", según explica su productor creativo Guillermo Casanova. "Está buenísimo porque trabaja como la imagen de todos los recuerdos de nosotros de niños, yendo a casas oscuras. Es una película bastante sugestiva: todo el arte que tiene es impresionante. Ha llevado mucha preproducción buscando todos los materiales, todos los actores, las locaciones", comenta Casanova, quien observa que es atípico que en un trabajo para cine se dedique tanto tiempo a todo eso.

Suárez es al teatro uruguayo lo que Almodóvar al cine español. Surgido en el under de principios de los `90, cuando integraba un dúo cómico con César Troncoso, su nombre se afirmó a lo largo de esa década con montajes revolucionarios.

Por ejemplo, Rococó Kitsch, de 1996, donde desde el escenario del Circular ofrecía una obra con personajes monstruosos mientras el público era encerrado entre rejas. Luego sus puestas se fueron tornando más prolijas, más cargadas de sentidos, llegando a uno de sus puntos más altos en El bosque de Sasha, que hizo en la Quinta de Santos en 2000, conquistando el Florencio al mejor espectáculo del año. Otro hito en su carrera fue El hombre inventado, que convirtió a la Sala Verdi en una gran pajarera abandonada junto a un estanque. En una maqueta mecánica, los personajes de la obra eran reproducidos a escala.

Experto en crear climas y en colorear escenas, este director ha crecido de alguna manera de espaldas al gran público. "Sus obras de teatro no han sido para un público masivo. Ojalá que con el cine Roberto sea más reconocido. Creo que es un cine arte, una obra de autor, donde no se busca un público específico, con un perfil determinado, sino un público general", comenta Casanova.

En cuanto a la posproducción, López señala que hubo un cambios de rumbo desde que el proyecto se empezó a gestar. "En un principio la película iba a tener mucho trabajo de posproducción, mucho trucaje digital. Hoy por hoy el concepto se ha adaptado a una cosa más sobria, donde en realidad lo perturbador va a estar en el rodaje mismo y no tanto con efectos. Creo que va a tener un trabajo importante en el tratamiento del color. Probablemente va a ser en blanco y negro, con un acento en las sombras y los claroscuros. Ahora se puede hacer mucha cosa de ese tipo en posproducción".

"La película trabaja sobre la perturbación y lo ominoso"

"La verdad es que estamos trabajando muy bien, mejor de lo esperado", comentó a El País el director Roberto Suárez, quien antes de comenzar el rodaje ensayó intensamente con los actores. "Nos estuvimos preparando, sobre todo porque la película está colocada en una zona que es realista pero no es costumbrista. Estuvimos trabajando esa codificación para empastarnos y que la película tuviera la densidad que buscamos".

Suárez subraya que los códigos del cine no tienen nada que ver con los del escenario: "En el cine no existe la energía del teatro, porque todo esto pasa a través de una máquina". Aunque agrega que "quizá la película sí tenga un acercamiento que es natural, por la manera de trabajar que uno tiene, pero está colocada en una zona un poco diferente: estamos en la visión de un niño del universo".

"Es una película que para mí tiene una densidad especial, porque está colocada en un estado mental. Me cuesta mucho decir si es un thriller psicológico, u otro género, prefiero no decirlo. Sí tiene una densidad especial, porque es una película que trabaja sobre la perturbación y lo ominoso".

"Es el punto de vista de un niño que vive la crueldad del mundo adulto, pero tampoco está planteado desde un punto de vista simbólico, para hablar de todos los niños del mundo".

"No tengo ni idea para qué público es. Es para quien le guste. La verdad es que no pienso en eso. Mientras la hacemos estamos tratando de ser lo más honestos posible, y más que en el público estamos pensando en que nos guste a nosotros. Estamos tratando de trabajar desde un lugar de estar despiertos en lo artístico. Y la verdad, me estoy llevando divino con el cine".

Un niño ante la violencia del universo de los adultos

A mediados de los años cincuenta, Víctor, un niño de aspecto débil y enfermizo, recorre la casa donde hay un cumpleaños infantil. Así arranca el argumento de Ojos de madera, de cuyo elenco destacan Gloria Demassi, Elena Zuasti, Florencia Zabaleta y César Troncoso.

El chico escucha las conversaciones de los adultos, contaminadas del conservadurismo de una sociedad reprimida y enferma. A eso se suma un mundo místico, donde entre la brujería y el mal de ojo, se suceden terribles secretos, capaces de proyectar la imaginación de Víctor a zonas oscuras. "Parece que se llevan a los niños", dice una señora a otra en voz baja, y el chiquilín las escucha. Luego del cumpleaños, el auto de sus padres sufre un accidente del que él es el único sobreviviente. Víctor es adoptado por sus tíos, una pareja infértil que lleva una vida miserable. El tío es un personaje aciago, rodeado de amigos misteriosos y cuya profesión recuerda épocas opresivas. El pueblo donde vive es un lugar decadente pero con cierto aire encantado: sus habitantes son un juguetero, un carnicero, dos curanderas, una niña ciega y una bruja, todos de costumbres raras.

Sobre guión de Suárez y Germán Tejeira se edifica Ojos de madera, un proyecto que ganó el FONA 2004, junto a Lavorágine Films, y donde participan artistas venezolanos, como la actriz Haydeé Faverola. El estreno está previsto para dentro de un año.

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