"Nunca fuimos revolucionarios"

2008-04-29 00:00:00 300x300

Carlos Reyes

- ¿A qué atribuye usted esa permanencia de 40 años?

- Punto uno, somos una familia bien avenida, con discusiones entre hermanos, pero lo que en el fondo nos une es querer seguir siendo como una familia. Y por otro lado, una cuestión utilitaria, de interés: pero no sólo económico, aparte de que nos va muy bien y hemos vivido de esto sin ningún sobresalto laboral y económico. Hay un tema vocacional: ninguno de nosotros pudo en sus incursiones individuales superar el éxito del grupo. Este fenómeno, sin duda, es lo más importante para cada uno de nosotros, y dan ganas de cuidarlo.

- ¿En qué medida son herederos del espíritu de los años 60?

- Les Luthiers surge poco antes del mayo francés, pero no participábamos de la rebeldía. Aquello implicaba una apuesta a un cambio radical, y nosotros nunca fuimos revolucionarios. No nos sentíamos militantes, pero sí nos influyó un clima que había en Buenos Aires, donde el ambiente universitario era un bastión de cultura y libertad. Nosotros heredamos todo ese espíritu de la década, que lamentablemente después duró poco.

- Pero el grupo conservó ese espíritu hasta hoy...

- Nos hemos refugiado nosotros y un pequeño gran grupo de clientes que tenemos, en una especie de organización no gubernamental (como se dice ahora), en la que tenemos un pacto privado: nosotros trabajamos espectáculos distintos a lo que se ve en el televisor, y una gran minoría lo agradece. Ellos nos mantienen a nosotros y nosotros les retribuimos tratando de hacer bien nuestro trabajo.

- Hablando de televisión, ¿le gusta TVR?

- No, lo miré un poco al principio pero después dejó de gustarme, porque pasó a ser la mera repetición, la mera burla. Han entrado a formar parte de una televisión a la que es divertido asomarse cada tanto para enterarse de las barbaridades y tonterías que se dicen por ahí. De vez en cuando es bueno verlos, como una vacuna, para estimular los anticuerpos. Pero lo que muestran, y el comentario con que lo presenta, es también vergonzoso. Les falta un mínimo de nobleza, o de agudeza, porque si no estamos en la misma.

- ¿Con Rabinovich hacen un dúo dentro de Les Luthiers?

- Sí, se fue decantando con los años, digamos que somos los más lanzados a la hora de la actuación, y hemos creado personajes a dúo: hemos sido una pareja de políticos, dos locutores de un programa de radio, en este caso, animadores. Y sí, hemos desarrollado una especie de dúo cómico de actuación.

- ¿Cómo definiría esa química?

- Es difícil, compartimos los recursos generales del conjunto. Básicamente, un humor que por absurdo deja de ser elaborado. Es decir, no nos permitimos cualquier cosa: no partimos de cuestiones sexuales, o del bofetazo, o de la suegra. Hacemos chistes un poco más refinados, aunque no demasiado intelectuales: no hace falta haber leído filosofía para entendernos.

- ¿Qué referencias de humor tuvieron en sus orígenes?

- No muchas, salvo algunas muy generales, como Chaplin o Woody Allen. Y algunas experiencias que tenían que ver con la música clásica, como los festivales Hoffnung de Londres, que se hicieron en los años 60 en el Royal Festival Hall. Eran grandes conciertos organizados por un tubista de la sinfónica, Gerald Hoffnung, que era humorista, donde se representaban parodias de óperas y conciertos de gran nivel. Eran para público de conciertos, y nunca salieron del ámbito de la música. Una vez nos llegó un disco que alguien en un viaje se trajo. También había un americano, Peter Schickele, que curiosamente tenía un personaje que cumplía algunas funciones parecidas a nuestro Mastropiero. Y tocaba obras de él, también grabadas con solista y orquestas grandes. Eso acá tampoco se conocía, y a medida que nos metíamos en este asunto, nos íbamos enterando. Y había otro, un pianista danés, Victor Borge, que había sido un gran solista de piano, que daba giras, pero le pasó algo físico que no pudo seguir tocando a ese nivel, y entonces se sentaba al piano en un teatro y contaba historias. Y era espectacular: un humorista maravilloso.

- ¿Y de Telecataplum?

- Sí, yo no sé. Lo que teníamos en común era ese intento por hacer algo mejor a lo que se estaba haciendo: darse cuenta que se podría apuntar más alto, y con elementos más refinados, y ser igual de eficaces con el público. En eso sí somos familiares, aparte de que somos y hemos sido amigos de varios de ellos. Otra cosa que nos unió fueron las presentaciones que hacía Raimundo Soto, Noches cultas, que tenían cosas en común con lo nuestro, en el planteo básico. Luego ellos iban para otro lado: no tenían la herramienta musical tan afinada como nosotros, porque salvo yo, los otros son unos músicos de gran calidad. Incluso dentro de esas Noches Cultas alguna vez actuó I Musicisti, que fue nuestro grupo precursor, y nos presentó, por cierto, Soto.

- ¿Quizá ellos no guionaban tan fino?

- Pero hay que decir en su descargo que ellos hacían un programa por semana, mientras nosotros hacemos un espectáculo cada dos años, y no sólo lo repetimos hasta que lo tenemos bien preparado, sino que lo vamos mejorando en cada función. Ese es el gran mérito de ellos, y que llegaron al público de la televisión: eso es una hazaña.

- ¿Les Luthiers está vinculado al humor judío?

- Sé muchos chistes judíos, hablo iddish, pero no sé cuál es el humor judío. Desde chico aprendí a cultivarlo, principalmente entre los judíos que vinieron desde los años 30, que vivieron en condiciones bastante adversas. Seguramente ahí había un aire que predisponía al asunto. También por algo le nombré a Chaplin y a Allen, que son judíos. Y en Les Luthiers, además de dos judíos evidentes, que somos Rabinovich y yo, hay dos judíos ocultos, que son Núñez Cortes y López Puccio, que son de madre judía. O sea que si hiciéramos una cosa bien racista de ver qué porcentaje de sangre judía tiene el grupo, sí que tenemos un alto voltaje. Pero de ahí a encontrarle una causalidad con nuestro oficio de humoristas, no me parece.

Les Luthiers

Desde hoy a las 21 horas y hasta el domingo el Teatro Solís recibe al espectáculo más exitoso de este verano en Punta del Este. "Los premios Mastropiero" permite un reencuentro con Les Luthiers, quizá el grupo de mayor calidad, convocatoria y permanencia en el ámbito del humor de todo el Río de la Plata.

Se trata de un espectáculo que tiene un formato totalizador, como es una entrega de premios. "Hemos partido del esquema de una ceremonia, la entrega de los premios Mastropiero, en la que hay números que amenizan la velada, y hacemos lecturas y comentarios de la biografía del músico".

"Los números musicales -continúa Marcos Mundstock, uno de los pilares del conjunto argentino- como de costumbre, abarcan un abanico enorme, desde una cantata pseudorreligiosa hasta el típico merengue caraqueño, un bolero, una bossa nova, aparte de la música propiamente de la entrega de los premios. Y fuera de programa quizá hagamos algunos de los números que siempre nos piden".

Los maestros de ceremonia corren por cuenta de Daniel Rabinovich y Mundstock, quien define su papel como "una especie de parodia del locutor formal y correcto".

" De hecho, es gracioso porque yo fui locutor de música clásica, y ahora, a la vejez, he vuelto a ese trabajo transmitiendo el programa del teatro Colón para Canal 7. Entonces, estoy haciendo la imitación de un personaje, que de alguna manera soy yo mismo", comenta.

Orgullo de ser fan

Jorge Guinzburg había, dicho sobre Los Premios Mastropiero: "Si me llevaran sin anticiparme que allí se presentan Les Luthiers, de todas maneras lo sabría. Alcanza con observar los rostros del público. Porque para todos la alegría comienza mucho antes que se abra el telón. Por eso yo también me siento orgulloso de ser otro militante de Les Luthiers".

En el solís

"Los Premios Mastropiero" tiene canciones insólitas, entre ellas el madrigal caribeño El desdén de Desdémona, la "bossa libidinossa" Amor a primera vista, y el dúo de amor para varios intérpretes Ella me engaña con otro. Entre los pasajes de antología: Juana Isabel, canción con forma de merengue, en el que se baila el ritmo latino a la vez que se da la receta de cómo preparar el manjar. Una comedia musical infantil para adultos (con la voz de Norma Aleandro), cierra el show que está en el Solís hoy, mañana, el viernes y el sábado a las 21 hs. y el domingo a las 18 hs. Entradas de $ 500 a $ 1.500.

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