Nina Peloso es la nueva Eva Duarte

MIGUEL CARBAJAL

Lo único que les ha sobado algo el ego fue la jugada de Messi en donde repite la travesía por media cancha que realizó Maradona en el partido ante Inglaterra, obteniendo una verdadera hazaña deportiva. El contexto es distinto, claro, pero el resto resulta idéntico. Con Maradona internado y en plena decadencia, Messi, un fiasco en el último Mundial, se revela como un futbolista de excepción. Hasta ahora no se sabía, cuánto de verdad y cuánto de marketing existía detrás de los elogios en torno al jugador de Barcelona que partió de un problema hormonal hasta transformarse en un prodigio. El video con la jugada está ahí para aquilatar su habilidad.

Fue una buena noticia en medio de desalientos varios. A meses de las elecciones nacionales, el panorama político parece funcionar como un lastre para los periodistas argentinos. ¿Cómo volver atractivo algo deslucido? El Presidente Kirchner no concede entrevistas, con excepción de las que bajo cuerda le canjea -se dice- al tucumano Joaquín Morales Solá. Ese contrato oculto ha servido a ambos. ¿Es tan independiente Morales Solá como cree parte de la kultura uruguaya? Se maneja muy bien y se mueve en los polos opuestos de un Neustdat o de un Grondona, pero el podio de la credibilidad está en manos de Nelson Castro, Santo Biasatti o Magdalena Ruiz Guiñazú. El resto opera como puede. Y puede poco. La única referencia lúcida y brutalmente dialéctica que tenían, Elisa Carrió, se fue por el sumidero. Alfonsín, con sus contradicciones, está muy mayor. El justicialismo es impresentable. Cristina Kirchner sólo se muestra en los actos culturales con mucho glamour del exterior. Pero si no fuera por su carrera de legisladora se la creería muda. La izquierda está diezmada y siempre confusa. Los caudillos del interior tienen mala prensa de Neuquén para adelante. La atracción fatal que D`Elía sufrió por Irán, lo apartó del juego. Y Moyano, otra vez canoso, sigue juntando grasa y dinero. ¿Cómo se arma un panel político en estas circunstancias?

Gracias a Dios existe Marcelo Tinelli. Cuando todo parecía perdido introdujo a Nina Peloso en Bailando por un sueño. La competencia es un certamen más pero el conductor la transforma en un talk-show con la complicidad del jurado. Se requiere un voltaje más alto en el terreno de la maledicencia y sube la temperatura en un instante. El jurado es de por sí una vergüenza. Graciela Alfano tiene a su novio entre los concursantes. El propio Tinelli apadrina a su esposa. Moria Casán está sólo para vengarse, y elogiarse todo el tiempo. Sofovich defiende a sus pupilas y demuestra el liberalismo porteño: haber sido íntimo de Menem no le cercenó la carrera. Los bailarines también se defienden. Sólo con Carmen Barbieri y Florencia de la V está asegurado el espectáculo. Lo de la Suller fue un acto de autenticidad entre tanta quincalla. Y ahora reina la Peloso con piqueteros que colman las instalaciones, bloquean las calles de acceso y simulan protestas falsas delante de un Castells tan chocho como el último Perón. Eva Duarte ha resucitado.

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