Zoe Zeniodi, Miss Dynamite, regresa a Montevideo y encuentra en la ciudad algo que su Atenas ya perdió

La directora griega regresa a Montevideo para celebrar los 170 años del Solís junto a la Filarmónica de Buenos Aires y habla del destino, Mozart, Tchaikovsky y las mujeres en el podio.

Zoe Zeniodi.
Zoe Zeniodi.
Foto: Difusión.

Dos años después de su primera presentación en Uruguay, Zoe Zeniodi vuelve al Teatro Solís. La directora griega, apodada Miss Dynamite y reconocida por su energía e intensidad, llega mañana a Montevideo para dirigir a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en una Gala por los 170 años del principal escenario uruguayo.

En su primera visita dirigió a la Banda Sinfónica de Montevideo y ahora regresa junto a uno de los ensambles más importantes de América Latina, con sede en el Teatro Colón, y un programa que une a dos maestros de la música. Entradas por Tickantel desde 400 pesos.

La primera parte será el Concierto para violín N.º 4 de Mozart, y seguirá con la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, una obra que Zeniodi ha dirigido más de diez veces y que, dice, tiene nuevas lecturas.

Nacida en Atenas, Zeniodi se formó en piano y dirección de orquesta en Londres, Salzburgo y Miami. Dirigió sinfónicas y filarmónicas de distintos países, así como ópera y ballet. También es directora artística de El Sistema Grecia, proyecto que brinda formación musical gratuita a niños griegos, refugiados e inmigrantes.

Su carrera la mantiene en movimiento entre Grecia, Argentina y distintos países europeos. En febrero estuvo en la Ópera de París y luego pasó por Suecia y España, mientras continúa al frente de la Filarmónica de Buenos Aires. Ese ritmo no parece haberle quitado energía.

Antes de hablar del programa, las mujeres en la dirección de orquestas, o explique por qué ya no tiene paciencia para discutir cuestiones superadas, en un correcto español pide que la tutee.

—¿Qué es lo que encontrás en Montevideo cuando volvés?
—No es solamente que tengo amigos, que los tengo. Es la sensación y el ambiente de la ciudad, porque es un poco más lenta que otras ciudades del mundo, y eso lo extraño muchísimo. Es bello que esta ciudad haya mantenido este ritmo de vida. Y lo que tiene también Montevideo es humanidad. Siento que hay mucho respeto a la gente. Además es un lugar que puedo visitar y estar frente al mar, tiene espacio para caminar, ver el atardecer. Para mí, que soy griega, se parece a lo que era Atenas en los ochenta. Atenas lo perdió y ustedes lo tienen todavía. Entonces sí, son afortunados.

Zoe Zeniodi.
Zoe Zeniodi.
Foto: JB Millot

—Has dirigido esta Sinfonía de Tchaikovsky muchas veces. ¿Todavía se sigue aprendiendo de ella?
—Por supuesto. Además es muy personal para mí, por su temática. La Quinta de Tchaikovsky habla del destino que ya está dado, por el universo desde el nacimiento, y cómo una persona puede cambiar y crear su destino. Y esa sinfonía es muy importante para mí por eso. Y siempre estoy aprendiendo porque siempre estoy cambiando y creando mi propio destino.

—Tu apodo es Miss Dynamite, por esa intensidad con la que vivís la música. ¿Sentís que con los años esa energía cambió o aprendiste a administrarla?
—Creo que es lo que pasa con los años. Como me dijo mi marido hace unos días (muy chistoso): “Tú sabes que estás en el segundo tiempo”. Y ya estoy en los últimos 45 minutos. Y cuando sabés que el juez en algún momento va a hacer sonar el silbato, para terminar el partido, la vida es muy diferente. Entonces la energía y la manera en que vas por la vida es muy, muy diferente de la primera parte del partido. La diferencia entre el primer y el segundo tiempo es que en el primero tenés que, de muchas maneras, poder demostrarte a vos misma y a otros que ya estás en tu lugar. Y en el segundo no tenés que demostrar nada. Y la energía va con esto. La energía es siempre grande. Si necesito menos, uso menos. Si necesito más, uso más.

—Tu agenda te lleva de un continente a otro, de un país a otro. ¿Cómo hacés para llegar a una orquesta nueva y generar confianza en pocos días de ensayo?
—Cada vez que voy a una orquesta, ellos siempre ven qué puedo hacer. Una orquesta puede ver en 30 segundos qué puede hacer un director. Pero he sentido que hay algo en mí que les da la confianza de que puedo hacer este trabajo. Siempre soy totalmente honesta, totalmente clara. Si les gusta, bien. Si no, tambien. No voy a cambiar lo que soy por alguien. No hay razón.

Zoe Zeniodi durante un ensayo con la Banda Sinfónica de Montevideo.
Zoe Zeniodi en un ensayo junto a la Banda Sinfónica de Montevideo. Foto: Archivo.
Foto: Difusión.

—Volvés con un programa que reúne a Mozart y Tchaikovsky, dos grandes compositores y distintos…
—Sí, son dos grandes. Creo que Tchaikovsky es un género en la música; y Mozart es todo un idioma. Quería empezar el programa con una pieza importante para nosotros, es la primera vez que nuestra concertino adjunta, Tatiana Glava, es solista. Y luego vamos a Tchaikovsky, y esta grandeza del destino. Queríamos obras grandes en sí mismas, y estas obras no necesitan nada más.

—Después de tantos años de haber dirigido a Mozart y Tchaikovsky, ¿siguen siendo un desafío?
—Para mí siempre se exige más. Siempre es complicado porque he hecho muchas veces estas obras y siempre estoy aprendiendo. Cada vez que vuelvo a ellos estoy aprendiendo de mí y de ellos, porque dan una nueva mirada. Y a la orquesta también, porque cada vez que la toca es diferente, porque estamos vivos y eso es importante.

—Formás parte de una generación de directoras que está ocupando espacios que durante décadas fueron reservados a hombres. ¿Sentís que la conversación cambió o todavía queda camino?
—La conversación cambió y todavía queda camino. Porque la verdad es que sí, ha cambiado la cosa, y hay personas que no están informadas de este cambio. A lo mejor no quieren informarse, o no pueden. Eso no es problema de nosotras, porque sí ha cambiado la cosa. Lo veo en todos lados. Ha cambiado también en América del Sur. Es muy importante poner a las mujeres en el juego, porque aquí estamos y podemos hacerlo, y siempre fue difícil. He vivido comportamientos que son tan difíciles que llega un momento en que decís: esto no es aceptable. No estamos en los 70, ni en los 40. Estamos casi en 2030. Ya pasó el tiempo y lo tienen que entender todos.

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