Emanero: su nuevo show en el Antel Arena y la canción que escribió tras despedir a su padre en Portezuelo

El músico argentino vuelve este sábado al estadio cerrado que agotó en 2025 para presentar "Todo por un beso". Antes del show, habla de su padre uruguayo, la murga y las canciones que ya no le pertenecen.

Emanero.
Emanero.
Foto: Darwin Borrelli.

La vuelta de Emanero a Uruguay será a lo grande. Este sábado, un año después de haber agotado las entradas del Antel Arena, el argentino detrás de éxitos como “Atorrante”, “Sinvergüenza” y “Bandido” regresará al estadio cerrado para presentar el disco Todo por un beso.

“Cuando se alinean los planetas y podés venir a otro país, hacer un Arena y recibir tanto cariño, la tendencia es a pensar: ‘Bueno, tuve suerte, se pudo hacer’. Poder repetirlo es seguir profundizando en eso y darte cuenta de que lo que pasó en Uruguay es un amor del público hermoso, enorme y sostenido en el tiempo”, dice a El País.

Volver lo llena de orgullo porque siente que pudo replicar en un país “vecino y hermano” algo de lo construido en Argentina. Uruguay, además, ocupa un lugar importante en su vida: su padre era uruguayo y él pasó mucho tiempo de este lado del Río de la Plata.

En su nuevo disco, Emanero aborda el amor desde un lugar diferente al despecho que había marcado buena parte de sus canciones anteriores. El repertorio cruza baladas, cumbia tropical y merengue, e incluye colaboraciones con David Bisbal, Luciano Pereyra, L-Gante y Ángela Leiva Además, fue pensado para el vivo.

El regreso mantendrá la Experiencia Runfla, que lleva al escenario la estética de sus videoclips. Frente al escenario y en dos palcos habrá 72 mesas de cuatro sillas. Emanero dice que son las primeras localidades en agotarse y no exagera: cada asiento cuesta 8000 pesos y, al cierre de esta edición, solo quedaba uno disponible. Los precios de los demás sectores van de 1800 a 6000 pesos; se venden en Tickantel.

En diálogo con El País, Emanero habla de ese regreso, la huella de su padre, su fascinación por la música uruguaya y las canciones que, una vez publicadas, cobran vida propia.

—Volvés al Antel Arena con Todo por un beso. ¿Qué necesitabas decir en este disco que no habías dicho hasta ahora?

—Tenía ganas de mostrar otro costado del amor en mi música. Sentía que en las primeras canciones había una sobrecarga —no en el mal sentido— de despecho y desamor. Entonces quise hacer un álbum que abordara el amor desde otro lugar. Por eso compuse temas como “Aquella playa”, “Siempre te amaré”, “Me despido” y “La traición”. También hay canciones que van por otros lados como “Todo por un beso”, que le da nombre al disco. Y sigue apareciendo el despecho en temas como “Podés pedirme perdón” o “La peligrosa”, pero ya no domina el álbum. Si hay desamor, está planteado desde otro lugar.

—“Aquella playa”, por ejemplo, habla de recordar lo bueno de una persona a pesar de que ya no esté. Incluso puede referirse a un ser querido y no necesariamente a una relación amorosa.

—Exacto. De hecho, escribí esa canción pensando en mi viejo y en la playa de Portezuelo, en Maldonado, donde tiramos sus cenizas. Nació un poco de eso, pero, mientras la escribía, traté de que las palabras fueran lo más ambiguas y universales posible, para que pudieran generar identificación en otras situaciones y no solamente en la mía. Para mí tiene ese significado; supongo que para otras personas tendrá otro.

—¿Cómo surgió la canción?

—La compuse con Oscar Ariel Domínguez. Él es coproductor de varias de mis canciones y la persona en la que me apoyo cuando no estoy en Buenos Aires. Le digo: “Che, se me ocurrió esta idea, empecé a trabajarla”. En este caso, él había armado una primera versión que iba por otro lado: las melodías ya estaban, pero la letra era distinta y musicalmente se acercaba más a una balada. Yo la fui llevando hacia una cumbia tropical lenta y cambié toda la letra. Quería que no fuera tan fácil de decodificar qué estaba diciendo o a qué me refería, pero que el conjunto de las frases generara una sensación.

—En una entrevista mencionaste que gracias a tu padre descubriste a artistas como Tabaré Cardozo y Ruben Rada. ¿Qué otra herencia te dejó?

—Creo que el uruguayo tiene una personalidad muy marcada. Por lo menos, lo que yo veo es su orden y su pausa: una pausa para pensar y tomar buenas decisiones. Eso lo vi en mi viejo y lo incorporé a mi vida. Obviamente, al principio no: todo era desordenado. Pero con los años te independizás, empezás a trabajar y entendés por qué a él le gustaba abrir un cajoncito y encontrar el destornillador siempre en el mismo lugar (se ríe). Ahora lo entiendo; en ese momento, yo lo dejaba en cualquier lado.

—Esa herencia también te conectó con la música uruguaya. ¿Qué encontrás de especial en ese sonido?

—Amo la música uruguaya: cada vez que me pongo a investigar, descubro algo buenísimo. Así llegué a Tabaré Cardozo, La Vela Puerca, el Negro Rada y tantas otras cosas. Lo que más me impacta es la murga, porque es algo muy propio de Uruguay, que no se replica del otro lado del Río de la Plata. Una vez me crucé con el video de una murga que cantaba “Sinvergüenza”, una canción mía, en un tablado. Le habían cambiado la letra para hablar de las noticias de esa semana. Aprendo mucho de todo eso.

—¿Qué te pasa cuando ves hasta dónde puede llegar una canción?

—Es increíble, una sensación hermosa. Me da mucho orgullo porque creo que las canciones son exactamente eso: no son solamente la música o la letra, sino también todo lo que le puede llegar a pasar después. Es como las canciones de cancha, que a veces se vuelven más conocidas con otra letra que por su versión original. Bueno, quizás “Sinvergüenza” estaba destinada a explorar esos rumbos.

—¿Cuándo entendiste que una canción podía llegar más lejos de lo que imaginabas?

—Primero me pasó con “Bandido”. Cuando llegaron “Atorrante” y “Adicto”, sentía que estaba replicando algo que ya había vivido. Pero con “Sinvergüenza” hubo un cambio: fue más fuerte, más intenso y más sólido. Además, se sostuvo muchísimo tiempo; después de más de un año, todavía era el cuarto videoclip musical más visto de YouTube en Argentina. Esa canción me hizo pensar: “Uf, siempre puede venir algo más grande”.

—Volvés al Antel Arena después de haberlo llenado el año pasado. ¿Cómo transformó esa experiencia el show que estás preparando?

—El año pasado me fui muy sorprendido por la respuesta del público. Hay shows multitudinarios donde la reacción es más plana, pero en el Antel Arena sentí un cariño y unas ganas reales de estar presente. Después de ese show me tomé 20 días de vacaciones y volví con muchas ideas. Pensé: “Che, quiero estar más a la altura”. El show había sido hermoso y había fluido muy bien, pero me quedé con ganas de mejorarlo, sumar canciones y darles más protagonismo a los momentos en los que la gente baila. Y ese fue un poco el motivo por el que hice Todo por un beso. Es un disco pensado para el repertorio de los shows.

—Tus shows tienen algo particular: la Experiencia Runfla, que traslada al vivo la estética de tus videoclips, con mesas frente al escenario. ¿Cómo nació la idea?

—En los videoclips tenemos el escenario y, abajo, las mesas. Quería que el show se pareciera lo más posible a ese universo. En lugar de hacer un sector VIP separado por una valla, con las mismas butacas que el resto, pensamos en mesas donde la gente pudiera sentirse dentro del videoclip: tomar una copa de vino, comer una picada, bailar y vivir el recital de una manera más parecida a una fiesta. Es una propuesta que disfrutan públicos muy distintos, desde chicos de ocho años hasta personas de setenta. La estrenamos en el primer Luna Park, en 2024, y desde entonces las mesas suelen ser lo primero que se agota. Además, generan un efecto contagio muy lindo en el resto del lugar.

—¿Qué sentís cuando ves al público en la misma sintonía durante dos horas, cantando tus canciones?

—Me pasan un montón de cosas por la cabeza. Ver el lugar lleno es increíble y escuchar a la gente cantar también te relaja porque si están disfrutando, quiere decir que todo está saliendo bien. Ese es el termómetro que tengo sobre el escenario. Es muy lindo y me da mucho orgullo. Además, durante el show me abstraigo por completo; estoy tan metido que después me cuesta recordar qué pasó o cuánto duró. Se me pasa volando.

—¿Y qué te pasa en el momento en que estás por salir al escenario? ¿Qué cambia en vos cuando te subís al escenario para convertirte en Emanero?

—Más que transformarme en un personaje, siento que salgo a defender las canciones. Uno no vive las 24 horas con la energía y la intensidad que tienen esos temas. Con el tiempo aprendí a entrar rápidamente en esa sintonía, soltarme y disfrutar. Trato de recordar qué buscaba con cada canción, qué sentí cuando la compuse, y volver a invocar todo eso sobre el escenario. Eso se mezcla con una adrenalina que te recarga y te da mucha fuerza.

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