Cuando se trata de lanzarle una mirada al catálogo que desde 1990 hasta la fecha ha construido Buitres Después de la Una, devenido en Buitres a secas, hablando en los términos siempre riesgosos de mejor o peor disco, sus seguidores se dividen entre Maraviya (Orfeo, 1993), Rantifusa (Independiente, 1998) o Mientras (Koala Records, 2003).
Las tres opciones son igual de debatibles teniendo en cuenta sus doce trabajos de estudio —editan en promedio uno cada dos años—, pero nadie parece tener mucho para discutirle a Canciones de una noche de verano, el álbum que presentarán en La Trastienda hoy, mañana y el viernes 22 de mayo.
Es innegable la trascendencia que tuvo la producción del estadounidense Jimmy Rip (guitarrista de Television, sesionista junto a figuras de la talla de Mick Jagger y nuevo rioplatense desde que se radicó en Argentina, de donde es su mujer) en la concreción de un sonido óptimo y compacto que resalta las virtudes del quinteto y pule su costado más pop sacando el brillo necesario. A pesar de los años y de una historia pesada que viene desde Los Estómagos, los Buitres saben abrir los oídos y ser receptivos ante los (buenos) consejos.
Pero si Canciones de una noche de verano bien vale ser calificado como el mayor logro de esta banda es porque hay, también, mucho mérito propio. Tras el revés de Bailemos (Montevideo Music Group, 2010), un producto flojo que pasó con más pena que gloria, hubo una pausa de tres años para tomar una bocanada de aire fresco y reencontrarse en ella con las claves de su éxito, que van bastante más allá del sex appeal de Gabriel Peluffo: versos de poesía romántica plasmados sobre bases de rockabilly, cortes pop o baladas parcas pero profundas y, sobre todo, estribillos pegadizos. Basta apenas con escuchar los dos tracks iniciales, "Esa mirada" y "Mente hambre", para poder comprenderlo.
La mano de Rip fue la responsable de moderar los caprichos del quinteto e introducir punk y bombos estruendosos —"Calle de adoquín" fue compuesta por Guillermo Peluffo, quien le devolvió a su hermano la gentileza de "1 de mayo", incluida en el último disco de Trotsky Vengarán, Cielo salvaje— y un toque de música western con "Canelón" en mínimas dosis, acentuando la importancia de los coros (en ese rubro participaron como invitados Guillermo "Cuico" Perazzo y Diana Albornoz), uno de los pilares de la armonía pop rock que envuelve al álbum.
Buitres aportó líricas consistentes, emotivas y recargadas de figuras literarias ("Normal" es un buen modelo), y el cincel de Rip las potenció con musicalidades que difieren de las históricas de este grupo, y que dan resultados más que positivos.
El resultado de un año de intenso trabajo con el aporte creativo de todos los integrantes consiguió que viejos seguidores redescubrieran a sus ídolos y alcanzaran en el camino a los nuevos, testigos presenciales de una transición que encontró un lugar donde anclar.
En La Trastienda, Buitres tocará en vivo de principio a fin por primera vez este disco, para probar si las canciones son igual de buenas en una noche cualquiera de otoño.

Buitres presentará Canciones de una noche de verano en La Trastienda