HISTORIA DE UNA CANCIÓN

"Take My Breath Away", el hit que tomó vuelo con "Top Gun" y que sus intérpretes odiaron

Compuesto por el legendario Giorgio Moroder y entregado a un ignoto grupo synth-pop, Berlin, es uno de los casos más extremos de “one hit wonders” de la historia de la música

Top Gun
Top Gun

Una regla no escrita de la cultura remake parece ser la inversión del peso de la fama en el casting de la banda sonora original. Cuando Top Gun se estrenó en 1986 el trabajo le fue confiado por el director Tony Scott a Harold Faltermeyer y Giorgio Moroder, que venía de crear hitos audiovisuales con sus secuencias para Expreso de medianoche (1978), Flashdance (1983) y Scarface (1983). 

Moroder compuso una balada como tema central de la película y eligió al desconocido grupo synth pop Berlin para interpretarla. El éxito de “Take My Breath Away” fue uno de los casos de one hit wonder más resonantes de la historia pop: ni la canción ni mucho menos el grupo pudieron sacarse la sombra de Top Gun de encima.

Ahora, en la inagotable saga de reversiones del cine, también vuelve la historia protagonizada por Tom Cruise y la canción central ha sido encargada a Lady Gaga con “Hold My Hand”. Es así. Las remakes ponen a toda la cultura mainstream a su disposición. El próximo Batman podría ser vestido por Balenciaga; los interiores de un Disney 2.0 podrían ser confiados a Damien Hirst o, como ahora, con la sucedánea de Madonna arrebatando el foco musical de la nueva Top Gun, Maverick

Pero el agotamiento cultural de la industria de las precuelas y secuelas se traslada a la música. No hay manera de que el lanzamiento de Gaga, con todo el poder de fuego que se le conoce, vaya a eclipsar en la memoria pop a la voz de Terri Nunn en ese “Watchin’/ every motion/ in my foolish lover’s game” expresado con la convicción de alguien que sabe que quizás no habrá otra oportunidad.

Ahora bien, de “Take my Breath Away” es probable que se sepa la letra entera sin reparar ni siquiera en sus intérpretes. Si bien Moroder había nacido en Munich, la elección de Berlin (que ahora linkeamos con uno de los personajes de La casa de papel) no tuvo ningún rasgo de germanofilia o ni siquiera una correspondencia entre las ideas del compositor y el sonido continental europeo. 

Berlin, la banda, se había formado en 1979 en Orange County, California, como unos Eurythmics del Pacífico: dos sintetizadores y la voz de Terri Nunn al medio. Hasta que fueron tocados por la varita mágica de Moroder, lo de Berlin orilló la intrascendencia. Con “Sex (I am)” tuvieron un módico escándalo ya que la letra y estilo softcore de la cantante los pusieron fuera de las radios. Entonces fueron más conocidos que escuchados. Ya para cuando editaron The Metro (1982) se insinuaban como una atractiva adaptación synth de Blondie y una canción de su siguiente álbum (“No More Words”) fue elegida por Geffen como lado B de “Crazy For you”, el simple de Madonna lanzado para la película Vision Quest. 

La extraña peripecia es que el soundtrack original de esta comedia romántica había sido encargado a los alemanes Tangerine Dream, pioneros de la electrónica de los 70. Demasiados cruces para no advertir que el (breve) tiempo de Berlin estaba por llegar.

Aún así, cuando Moroder los eligió para interpretar la canción que había compuesto con Tom Whitlock los Berlin distaban de ser un grupo consagrado. Animotion, otro emergente synth pop de Los Angeles (¡qué escena rara!) al menos habían dado un golpe con “Obsession” y su absurdo videoclip. Y aquí es donde la propia historia de la canción se vuelve una película dentro de Top Gun. 

A pedido del coproductor del filme, Moroder escribió “Danger Zone” para que la cantase Kenny Loggins. Es más: pidieron una balada para una escena romántica. Moroder compuso la melodía en un sintetizador seteado en un sonido de bajo que pasaría directo a la versión final. Le tocaba entonces a Tom Whitlock completar la letra. Otro desconocido absoluto de la industria que Top Gun puso en primer plano. Se trataba de la primera colaboración entre ambos, ya que Whitlock era el mecánico al que Moroder confiaba su Ferrari y un letrista amateur. Le tocó volver por la autopista escuchando el demo de Moroder hasta encontrar las palabras correctas. El hit en estado embrionario.

Top Gun
Top Gun

The Motels, pioneros new wave, fueron los primeros en grabar una versión que recién fue publicada en 2001 y tras varios intentos del sello Columbia, que tenía el soundtrack, por imponer artistas de su catálogo, Moroder pensó en Berlin a quienes les había producido “No More Words”. El resultado entusiasmó tanto a Tony Scott que filmó nuevas escenas entre Cruise y Kelly Mc Gillis para promocionar la canción. Así, “Take My Breath Away” se editó como simple el 15 de junio de 1986 con “Radar Radio” de Moroder en el lado B alcanzando el primer puesto del top 100 de Billboard y la pole position en los charts de Reino Unido, Irlanda, Holanda y Bélgica. El suceso de “Take My Breath Away” afirmó el aura de rey Midas de Moroder pero no catapultó la carrera de Berlin. 

La incluyeron en el siguiente álbum (Count Three & Pray) sin ningún efecto comercial, lo que precipitó el desbande. Para Terri Nunn, el hit era un nuevo punto de partida para Berlin mientras que John Crawford, el líder del trío, la consideraba poco menos que ilegítima. “Ninguno de nosotros tuvo que ver con esa canción; nadie de nosotros tocó en esa grabación; no tuvimos nada que ver”.

En efecto, fue la colaboración entre Moroder y Nunn lo que definió el poder del hit y puso en evidencia la insustancialidad del repertorio previo del grupo. Basta un repaso al perfil de Berlin en Spotify: de las cinco canciones más escuchadas tres son versiones de “Take my Breath Away”. La original de la banda de sonido a tope con 318 millones de clics.

Olvidemos a Berlin. Lo que la alianza entre Top Gun, Moroder y Nunn (que en estaba balada parecía acercarse al registro de una Bonnie Raitt) provocó es más un hito cultural que un hit. Pensemos solamente en como Wong Kar Wai volvió a echar mano de la canción en As Tears Goes By (1988) pero en una versión en cantonés a cargo de Sandy Lam. Como si ese leve cambio de clave en la armonía dispuesto por Moroder representara un sentimiento nuevo.

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