Por Rodrigo Guerra
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Es el último mediodía de febrero y la voz de Charly García en “Promesas sobre el bidet” inunda de música a un apartamento bonaerense. Desde una de las habitaciones, Sofía Gabanna escucha ese clásico de Piano Bar mientras responde, por escrito, las preguntas de El País. Está en medio de una pausa de su primera gira rioplatense y se entusiasma cuando se refiere a su recital en Montevideo.
“Es increíble que pueda cruzar a Uruguay. Recibí mensajes desde hace mucho tiempo y por fin llegó el momento de vernos las caras. Va a ser una noche inolvidable”, adelanta sobre su show de esta noche en Sala del Museo (RedTickets, 800 pesos). “Este tour está siendo realmente especial y no espero menos de Uruguay”.
Para Sofía, que tiene 23 años, nació en Buenos Aires y desde los tres vive en España con su familia, esta gira funciona como un reencuentro con sus raíces. “Tengo ganas de despertarme bajo el cielo de Argentina tomando mate y comiendo un (alfajor) Jorgito”, escribió hace semanas en su cuenta de Instagram. Desde entonces, la hermana de Nathy Peluso pasó por el festival Cosquín Rock, en Córdoba, y se presentó en otras tres ciudades argentinas.
Todo de la mano de Maté al amor (2022), su EP debut que la ubica como una de las grandes promesas de la nueva escena del rap. Con letras sumamente personales, una libertad capaz de llenar de swing a sus fraseos y una versatilidad en la que conviven reggaetón, rap y tango, lo de Gabanna es una propuesta que merece ser escuchada con atención.
Y Maté al amor es una buena puerta de entrada a su obra. Es un EP confesional que, como le dijo el año pasado a Los 40, “se llama así por la ausencia del amor que idealicé desde chiquita”. Es por eso que en “Marvin”, que abre el EP, admite: “Rota, caminando encima de mis derrotas, / El dolor me coloca y me tiene algo loca”.
Ahora, en entrevista con El País, comenta: “Para mí, la transparencia es algo fundamental en la lírica. Yo escribo desde el corazón y desde la sinceridad, aceptando así ciertas contradicciones durante mi proceso creativo”.
Más adelante, en “Future”, ofrece una de sus letras más honestas, donde admite: “Me quité del drama pero quedaron secuelas”. Sobre eso, dice: “Esta es una canción que reduce mucho el desprecio que sentí durante mi adolescencia, pero también deja saber que por muchas veces que caiga, siempre voy a volver a levantarme”. Y esa mirada luminosa es la que, justamente, atraviesa al estribillo (“Soy la fuckin’ dueña de mi fuckin’ future”). “Tengo devoción por la vida y siempre pienso más en lo bueno”, comenta.
La motivación, como deja claro en “Beé-Beé”, es la siguiente: “Quiero poder dejar un buen repertorio en mi tumba, / Y eso nadie lo podrá en mí evitar”. Para Gabanna, que en marzo será parte de Lollapalooza Chile, todo tiene un sentido. “El arte, sin duda, es mi motivo de vida”, asegura. “Sin arte no tiene sentido vivir, y adoro escribir letras que escondan un mensaje significativo y que no sean banales; mi intención es sentirnos mejor entre todos”.
Luego de Maté al amor, la artista publicó una serie de sencillos en los que expande su sonido a través de la fusión constante. “Mi dirección habitual a la hora de componer es el rap, pero me fascinan muchos géneros musicales e intento mezclarlo cuando la ocasión lo merece”, dice sobre canciones como “Carajo”, “Gata suelta” y “Pica Pica”.
A esta última, de irresistibles tintes funky y un estribillo sumamente adictivo, Gabanna la define como un “gran inicio” de una nueva etapa en su camino: “A partir de ahora vamos a poder disfrutar de otro género que me gusta mucho”. Todo eso se podrá escuchar hoy en Sala del Museo.
“Llevo hip-hop en las manos”, dice. “No puedo tener más ganas de pisar el escenario y escucharnos cantar por fin todos los temas que nos acompañaron durante tanto tiempo”.