Miguel Cufos se ríe antes de responder. “Canto hace más de 30 años, pero estoy tan nervioso como si fuera un debut”, comenta. Cuesta creerle. Después de todo, hizo bailar a varias generaciones, recorrió miles de escenarios y se convirtió en una de las voces más reconocibles de la música tropical uruguaya. Los éxitos le sobran. Sin embargo, nunca había sentido que un recital pudiera parecerse tanto a un debut.
Mañana, a los 59 años, ofrecerá por primera vez un espectáculo solista en un teatro. El Auditorio Nelly Goitiño será el escenario de un recorrido por una carrera que, solo con Karibe con K, dejó clásicos imbatibles como “Terremoto de amor”, “Amores como el nuestro”, “La única” y “Mi mundo, tú”. Las entradas se venden en Tickantel y los precios van de 650 a 900 pesos.
El mes pasado, Cufos condensó más de tres décadas de carrera en un enganchado de 19 minutos. Invitado al ciclo de YouTube En la Pera Sessions, repasó clásicos de Karibe con K y de su etapa en Chikano, rodeado de discos de oro y platino, trajes enmarcados y otros recuerdos de aquella época dorada. Entre los comentarios hubo uno que resumió mejor que ninguno el espíritu de la propuesta: “Pusiste el currículum arriba de la mesa. Gracias por demostrar, Miguel”.
Esa intención también atravesará el recital de mañana. Además de las canciones que marcaron su historia, llevará al Auditorio Nelly Goitiño parte de ese archivo personal. El espectáculo también tendrá un quiebre. En medio del recital, Gastón “Rusito” González lo entrevistará en vivo para repasar distintos capítulos de su obra. “Detrás de un artista hay una persona, un ser humano común y corriente”, dice Cufos para explicar el espíritu de ese segmento. Después, el micrófono pasará al público, que también podrá hacerle preguntas.
El show también incluirá momentos acústicos, en los que Cufos estará acompañado apenas por piano y violín, antes de volver a la pista con la larga lista de éxitos bailables que marcaron su carrera. Entre los invitados estarán Mariano Bermúdez y Alex Stella. Sobre ese recorrido, habló con El País.
—¿Cuál fue la primera canción que grabaste con Karibe con K y que notaste que era un hit?
—“Telepatía”, que es de Roberto Carlos. Eduardo (Ribero el fundador y director artístico de Karibe con K) me lo dio, lo hicimos y anduvo bien. Un día, de la nada, le comenté que tenía un tema que podíamos grabar y le llevé “Déjame intentar”, que le gustó y le fue bien. Más adelante propuse “La única”. Muy pocas veces le erré en los temas.
—¿Cómo llegaste a “Un terremoto de amor”?
—La escuché por José Vélez, un español, y me encantó. Yo estaba atento a los temas que salían y tuve, digamos, la virtud de ponerme en el lugar del público. Buscaba algo que me gustara al escucharlo, pero también necesitaba que la gente se pudiera sentir identificada. Podía ser por un desamor u otra cosa que te había pasado. Y con “Un terremoto de amor” sentí que podía funcionar. Enseguida me imaginé en el ritmo nuestro, porque no todos los temas entran en la plena, y cuando vi que calzaba justito lo hicimos. No había mucho misterio. Hoy por hoy se me hace un poco más difícil porque la plena es más movida, pero en ese momento la salsa romántica funcionaba mucho.
—Y “Amores como el nuestro”, que grabaron en Kumpleaños con K (1993), es el ejemplo perfecto.
—Sí, es mi caballito de batalla donde canto; si no hago ese tema me reclaman (se ríe). Ahora se escucha muchísima salsa, pero en aquel momento era muy difícil llegar a ese tipo de temas porque no los pasaban por la radio. La única forma era que alguien te trajera un cassette o un CD de Estados Unidos o Puerto Rico. Así me pasó con “Amores como el nuestro”: un amigo me grabó unos temas en un cassette y cuando escuché que lo cantaba Jerry Rivera, me ganó desde el arranque. Nos apuramos a grabarlo porque en aquella época todas las orquestas estaban en la misma: Sonora Palacio, El Cubano de América, Sonora Cumanacao y la Borinquen. En aquel momento eran casi todos covers, no se escribía tanto. Entonces, cuando llegaba un tema había que apurarse. Lo grabamos y fue un golazo de punta a punta.
—El concierto de mañana va a ser importante porque es un nuevo paso en tu camino solista. Hace dos años volviste a cantar en bailes y a grabar canciones. En paralelo, seguís con Karibe con K. ¿Qué cambió en estos dos años?
—Este es un resurgimiento. He tenido altos y bajos, y algunos excesos, y hace dos años estoy en un trabajo de recuperación. De la garganta estoy espectacular, entonces una cosa lleva a la otra. Una vez que dije: “Esto ya fue”, el cuerpo y la mente se empezaron a recuperar y eso me permitió volver a cantar los fines de semana en los bailes. Entonces, la gente está escuchando al Miguel de antes. Ahora se viene el teatro y me voy a dedicar a grabar algunos temas para cambiar el repertorio. Algunos van a ser covers, pero también voy a intentar escribir algunos. En eso voy a andar.
—¿En qué momento hiciste el quiebre y notaste que tenías que volver a empezar?
—La verdad es que le debo todo este resurgimiento a mi señora, Paola. Ella me ayudó y me hizo entender que tenía que cambiar. Yo también quería, pero no podía solo. Había llegado a un momento en que cantaba dos o tres canciones y me quedaba afónico. Entonces dije: “Estoy quedando pegado, no puede ser. En dos días estoy tirando por la ventana todo lo que hice en mi vida”. Eso fue hace tres años, cuando yo tenía 56. Ahí hice el quiebre y Paola fue el gran motor de esto, mi apoyo. Siento que Dios la puso en mi camino para ayudarme.
—¿A qué te referís con “excesos”?
—Al alcohol y la droga. Yo lo controlé mucho tiempo, pero llega un momento en que te desgasta porque vos decís que estás bien pero la gente se da cuenta enseguida de que no. Y te va afectando la garganta, principalmente. Por eso hice un quiebre y encontré el apoyo necesario. Yo he hecho de todo y no me arrepiento de nada porque lo disfruté a mi manera, pero es parte del pasado. Ahora quiero ver la vida desde otro lado.
—En este tiempo cantaste varias veces con Karibe con K en el Teatro de Verano y el Antel Arena. ¿Cuál fue tu primera conquista tras tu cambio de vida?
—Bueno, yo estuve a punto de perder a Karibe por esto que me pasaba. Justo estábamos por hacer el primer Antel Arena y fue Paola quien me ayudó con el desafío. Entonces, cada vez que ensayábamos yo iba impecable. Fue un camino de a poquito: una vez que la gente me veía cantar con Karibe se daba cuenta de que yo había cambiado; antes los empresarios no me querían contratar porque no sabían si iba a poder cantar más de 10 minutos. Una vez que pasé eso, empecé a hacer boliches todos los fines de semana y ahora hago este teatro. Al principio era reacio a hacerlo, pero me decidí cuando me di cuenta de que le debía algo al público por todo lo que me dio estos años.