Poco más de tres meses después de que Joaquín Sabina se retirara de los escenarios, sus músicos se embarcan en una nueva gira con el proyecto paralelo que nació hace 20 años y que, de alguna forma, sigue llevando la obra del español por el mundo. No será una gira más: con el poeta alejado —según ha dicho— definitivamente del vivo, el compromiso de defender su legado es todavía más serio.
Es una responsabilidad “autoimpuesta”, dice la cantante Mara Barros a El País en la previa al show que Banda Sabinera dará el martes 24 de marzo en el Auditorio Nacional del Sodre. Quedan entradas en Tickantel y la velada promete algo especial: cuatro personas podrán subirse al escenario a cantar, con ellos, algunos de esos himnos sabineros que se han vuelto patrimonio iberoamericano.
Barros, que se declara una eterna enamorada de Uruguay —“en Montevideo me siento muy cómoda por la filosofía de vida, por el momento político; me siento libre, segura y culturalmente me apasiona”, dice—, ya ha cantado en esta tierra junto a Sabina, sí, pero también con su proyecto solista y con Noche Sabinera, antigua versión del proyecto que hoy atiende como Banda Sabinera.
Además de ella, en el grupo están Antonio García de Diego, director musical y coautor de varias canciones de Sabina; el baterista Paco Beneyto, la bajista Laura Gómez Palma y el guitarrista Jaime Asúa, quien esta vez no será parte del tour porque se recupera de una intervención. En su lugar vendrá Ignacio Ruiz Pinilla.
“Volver a Montevideo es un placer enorme”, dice la artista andaluza, que pasó 16 años cantando junto a Sabina, un trabajo del que todavía le cuesta hablar en pasado, asumir que es un ciclo que ya se cerró. Y asegura que es “imprescindible” seguir mostrando sus canciones, como si esa fuera una herramienta para ganarle a tanta música actual que ella misma encuentra prescindible.
“La música es sanadora, pero cierta música actual no la considero tan necesaria, no me parece que aporte nada bueno al ser humano. Y estas canciones sí creo que aportan mucho, que te hacen crecer, que te hacen pensar, que te hacen disfrutar, que te hacen sentir. Y sí que hacerlas me parece una responsabilidad, impuesta solo por mí misma. Pero si esto necesita seguir siendo escuchado, ¿por qué no lo voy a hacer yo? Que en un segundísimo plano y en una medida muy pequeña, también formo parte de esa historia”, dice.
Habla de la obra con un profundo conocimiento de causa. No solo por haberla cantado tanto tiempo, sino por haberla escuchado casi que desde que tiene memoria.
“Es que es una obra que casi que te obliga a estudiar. Yo recuerdo de joven, cuando no había internet ni teníamos Google ahí, a un dedo, escuchar canciones de Joaquín con el diccionario al lado, para buscar palabras que no entendía. O escuchar ‘De purísima y oro’ y hablar con mis padres y con mis abuelos de qué quería decir esto, y emocionarme sin haber vivido la época”, dice sobre la canción editada en 1999 que hace un retrato de la posguerra.
Está convencida de que se hubiera casado con aquel que le hubiera escrito una letra como la de “Contigo” y asegura que no sabe a ciencia cierta qué es lo que hace a una buena canción. Como escucha, pero sobre todo como intérprete, tiene algunos indicios: “A la hora de seleccionar mi repertorio, me tiene que pellizcar el estómago”.
“Suelo ser exigente. Hay letras muy bonitas que luego la melodía es sosa o fácil. Y hay canciones, me pasa mucho con las canciones en inglés, que melódicamente me encantan y luego las traduzco y digo: vaya mierda de mensaje”, lanza con franqueza. “Tiene que tener ese equilibrio entre letra y melodía que me emocione, como un buen artista. Y también tiene que ver un poco con mi momento vital, ¿no? Porque hay canciones que con 15 años me emocionaban mucho y que ahora me parecen ridículas”.
Todo eso se conjuga de alguna forma en Joaquín Sabina, a quien Mara acompañó en su última gira atravesada por una mezcla de emociones: una sensación de estar siendo parte de la historia mezclada con la profunda tristeza de quien baja el telón para no levantarlo jamás.
“He llorado mucho, por muchas razones”, confiesa. “Porque he llorado desde la satisfacción y el agradecimiento, que está por delante de todo. Me siento afortunadísima de formar parte de la trayectoria profesional del mejor artista de mi país y al que más he admirado en mi vida, sin que se me haya caído el mito, además. Porque conocer al artista que más admiras es peligroso”, dice. ”Pero Joaquín es tan honesto en su obra y habla tanto de sí mismo, que ya le conoces. Es que todo el mundo le conoce. Su obra es muy generosa”.
Desde ese lugar, Barros vivió el tour Hola y adiós. Hubo algunos conciertos en los que se conmovió especialmente: en el último de Buenos Aires, en el de Montevideo (que ocurrió el 29 de marzo de 2025 en el Estadio Centenario), en Úbeda, por supuesto que en el final de Madrid, el 30 de noviembre. Ahí directamente, dice, se quiso morir.
“Porque si bien ahora cruzamos el charco”, admite, “no es igual: no es la misma gira ni son los mismos hoteles, ni es tanto tiempo, ni hay tantos días libres, ni están todos los compañeros ni todo el equipo técnico, ni voy a cobrar tan bien como cobraba. Pero sobre todo: es que no lo voy a acompañar más a él. Yo era muy consciente en cada concierto y se lo repetía mucho a mis compañeros: disfrutemos, porque no vamos a volver a cantar más con Joaquín. Yo que sé, el resumen final es una mezcla muy extraña, pero muy contradictoria y muy fiel a la verdad. He estado muy triste y he sido muy feliz”.
Barros sabe que ahora, en el Sodre, faltará él. Pero está convencida de que hay un amor común que los convoca a ellos y al público alrededor de la obra, y eso puede más que todo. “No deja de ser una fiesta alrededor de las canciones de Joaquín Sabina, porque la importancia real de nuestro show, y supongo que también de su carrera, son sus canciones”, dice la española.
Y guarda, en algún sitio, la secreta esperanza de que un día su maestro se llene de energía y tenga ganas de salir a girar una vez más. “Hay tantos artistas que han dicho que se retiran y que luego vuelven, que yo todavía no pierdo la fe”, dice. “Pero me da a mí que no va a volver”.
Mientras tanto, están las canciones. Y siempre una razón para cantar.