Grammys 2018
Las cosas que quedaron después de la gala y los reconocimientos del domingo
Bruno Mars, un políticamente correcto que la Academia reconoce
Desde que se conocieron las nominaciones hasta ahora nos hemos pasado hablando de la diversidad que promovían estos premios. Sin embargo, que Bruno Mars arrasara ganando todo a los que aspiraba, incluyendo los tres principales de la noche (canción y grabación del año por “That’s What I Like”, y álbum del año por 24K Magic), habla de cómo la Academia sigue prefiriendo lo tradicional, lo políticamente correcto, lo que no divide aguas. ¿Porque quién se resiste a este hawaiano de african look y sonrisa exageradamente perfecta? Su repertorio está lleno de feel-good songs, de música que nos hace sentir bien, y él está lleno de talento. Perfilado como el mejor heredero posible del legado artístico de Michael Jackson, dijo el domingo que lo único que quería traer con este disco era amor. Y al parecer, en tiempos tan conflictivos, la Academia no quiso ni torcer a favor de raperos con discursos filosos, ni a favor de dos latinos que revolucionaron el mercado. Eligió el amor o, mejor dicho, la opción más amable.
La derrota de Jay Z y un patrón que se repite
Jay Z llegó al día de los Grammy como el más nominado (con ocho candidaturas) y rodeado de una familia que es hoy la realeza de la música, y se fue con las manos vacías. Aunque su 4.44 es uno de los puntos más altos de su recorrido artístico, el domingo quedó opacado por supuesto por Bruno Mars, y luego por Kendrick Lamar que era otro de los favoritos de la noche. Lamar, aunque no tuvo la consagración que se esperaba con DAMN, se llevó cinco premios en total incluyendo el de mejor disco de rap; gramófono que levantó al grito de “¡Jay Z para presidente!”. Es, una vez más, la confirmación de que por más bien que le vaya al hip hop, lo masivamente comercial sigue siendo otra cosa, y eso la Academia lo sabe: que en 2017 el exorcismo de demonios de Beyoncé en Lemonade haya caído ante el sólido 25 de Adele, y que en 2016 la fórmula pop de Taylor Swift haya sido considerado mejor que el To Pimp a Butterfly de Lamar, hablan de un patrón que se repite.
"Despacito", la canción del año que no fue
Y de la mano con esto viene la derrota de “Despacito”, que va más allá de gustos y de calidad. Algún lector de este diario dijo que un jingle como este no podía ganar como canción del año, pero la realidad es que sí lo debería haber hecho: “Despacito” fue la canción de 2017 y da la sensación de que no hubo país que no se enterara. Además, este viraje latino en la música mundial en tiempos en que Donald Trump sueña con muros que mantengan intacta a su preciada cultura americana, tenía un sabor diferente y se esperaba que el domingo consiguiera un toque todavía más dulce. El trago al final fue amargo, más que nada para Luis Fonsi y Daddy Yankee, que volvieron a compartir escenario aunque ya no se llevan bien (y en el cuadro montado eso se notó, porque faltó chispa), y habrán sentido que el esfuerzo no valió la pena.
#GrammysSoMale, el hashtag que refleja una realidad
Y si la diversidad fue dejada de lado a la hora de la verdad, también fueron dejadas de lado las mujeres. La única ganadora de la ceremonia televisada fue Alessia Cara como artista nuevo (en una decisión tardía y discutible). A Lorde, nominada a álbum del año por su excelente Melodrama, ni siquiera se le ofreció actuar en vivo en la gala como sí al resto de los nominados en esa categoría (aunque Jay Z no actuó); y a SZA que llegó como la mujer más nominada de la noche, no le dieron nada, más allá de la posibilidad de romperla en el escenario.
El drama de Kesha nos emocionó a todos
El Time’s Up que viene acaparando la temporada de premios cinematográficos acá paso más desapercibido, aunque tuvo ciertos momentos de impacto. Más allá de las rosas blancas que los artistas lucieron en sus atuendos como símbolo de apoyo, hubo un momento excluyente en la noche que fue la actuación de la cantante Kesha, quien vestida de blanco y acompañada de sus colegas, hizo una desgarradora interpretación de “Praying”, la canción que le dedicó al productor Dr. Luke, a quien en 2014 denunció por acoso y abuso físico y psicológico. Su performance fue presentada por un poderoso discurso de la cantante Janelle Monae, y cerrada por las lágrimas del presentador James Corden. Sin embargo, que en una categoría predominantemente femenina como la de mejor interpretación vocal pop solista, Ed Sheeran le ganara con una canción que sólo elogia el cuerpo femenino, a este mismo himno, o a la poderosa “Million Reasons” de Lady Gaga, habla de lo mucho que falta trabajar al respecto.
Un toque de pimienta para la corrección política
Al margen de la consagración políticamente correcta de Mars y del grito de Lamar pidiendo a Jay Z como presidente (un hombre al que el propio Trump le ha contestado por Twitter alguna pelea), hubo espacio para hacer humor en base al presidente estadounidense, en un sketch que fue la gran sorpresa de la noche, porque contó con la aparición de la excandidata presidencial Hillary Clinton leyendo junto a otros artistas, un fragmento del polémico libro Fire and Fury que relata el primer año del mandatario en la Casa Blanca. Por supuesto, el bando de Trump ya utiliza esta aparición para despotricar contra la propia Clinton, y para pedir que música y política no se mezclen. ¿Será lo que la Academia busca promover con sus decisiones? Pues si la música ha servido como herramienta de lucha durante décadas y décadas, va siendo hora de que las instituciones también la valoren como tal, y no sólo como un elemento que sirve para entretener, acompañar y elaborar listas de referencia.
