Dos shows con entradas agotadas para un Estadio Centenario con aforo completo —es decir, 50.000 personas por noche, repartidas entre el campo de juego y las tribunas Olímpica, Ámsterdam y Colombes— inscribirán a Shakira en la historia grande de los recitales uruguayos.
Hubo otros récords. En 2012, Paul McCartney aseguró el sold out en un par de horas tras colapsar la red Abitab con interminables colas en locales de todo el país (eran otros tiempos). En 2022, Tini Stoessel se convirtió en la primera mujer en agotar en esa cancha. La colombiana estiró la marca: será, para siempre, la primera artista en llenar el Centenario en dos noches consecutivas en una misma gira.
Para cuando termine el 4 de diciembre, 100 mil personas la habrán visto cantar sus hits, hacer la danza del vientre y montar coreografías imposibles en un país que no le es ajeno.
Porque aunque se haya demorado tanto en volver (14 años desde su última vez en el Este, 25 desde su paso por Montevideo), Shakira tiene, aquí, más que un récord. Una alianza, un disco y un himno —y aquella chacra compartida con Antonio de la Rúa en José Ignacio, La Colorada— son su lazo más profundo con Uruguay.
Esta es la historia.
"Loba", una alianza con Jorge Drexler
Cuando le propusieron trabajar con ella, Jorge Drexler dijo: “Si voy a aprender algo del pop, que es un género que me interesa, ¿por qué no aprender con la reina, que lo controla mucho más que yo?”. Con esa misma inquietud que lo rige hasta ahora y que lo ha llevado a navegar por distintas aguas musicales, Drexler se alió con Shakira para su disco She Wolf, de 2009, un antecedente directo al mensaje del álbum Las mujeres ya no lloran que presenta ahora.
El uruguayo ya había ganado un Oscar por “Al otro lado del río”, de Diarios de motocicleta, y era un referente de la canción de autor en Iberoamérica, cuando lo contactó el equipo de Shakira, ya convertida en una estrella del pop global. “Sigo sin entender muy bien qué de las cosas que hago la motivaron”, declaraba por entonces.
A pesar de eso, aceptó. Comenzaron a distancia y convivieron una semana intensa en Bahamas. Drexler asegura que en siete días de intercambio creativo bajó una sola vez al mar, por tres minutos: el resto del tiempo estuvo rimando y rimando, en jornadas de hasta 12 horas por día, para entregarle a su colega lo mejor que podía. En 2018 le dijo a la revista Factum: “Cuando fui a trabajar con ella, me di cuenta de que soy un atorrante”. Drexler figura en los créditos de tres canciones de She Wolf: “Loba”, “Lo hecho está hecho” y “Años luz”.
Un disco que se moldeó en José Ignacio y lo cambió todo
Mucho antes de reclutar a Jorge Drexler, Uruguay y las Bahamas ya habían jugado un rol central en un disco que cambió para siempre la carrera de la colombiana: Laundry Service, Servicio de lavandería.
Lanzado en 2001, el disco fue el crossover a conciencia que llevó a Shakira de ser una gran estrella latinoamericana a un fenómeno global. Canciones como “Whenever Wherever”, “Objection” y “Underneath Your Clothes” la metieron en lo más alto de los rankings británicos y se tradujeron en millones de ventas en Estados Unidos. Ya nunca hubo vuelta atrás.
Para construir todo eso, cuando todavía no era propietaria de La Colorada, Shakira eligió las afueras de José Ignacio para encerrarse a crear. Pasó de no hablar casi nada de inglés a dominar el idioma como una nativa y, apoyada en clases particulares, un diccionario de rimas, y en la obra de Walt Whitman y Leonard Cohen, encontró una forma de trasladar su estilo compositivo a la nueva lengua, sin perder personalidad.
Hizo la mayoría de los demos en un estudio portable en José Ignacio, incluyendo el de “Objection”, una pieza que siempre sintió como un tango (más allá de sus otros colores), inevitablemente atravesada por Antonio de la Rúa, cuyo amor perfumó las canciones.
En 2021, cuando Laundry Service cumplió 20 años, Shakira reconoció: “Fue un antes y un después. Mi vida no sería ni remotamente la misma si no hubiera dado ese salto”.
"Waka Waka", el himno que nació en su chacra de Uruguay
“Cuando la escribí me di cuenta de que tenía una canción importante entre manos, porque compuse letra y música al mismo tiempo. Cuando esas cosas me pasan, es como si fuera magia. No siempre sucede. Recuerdo que estaba en mi finca en Uruguay y caminaba del granero a mi casa, pensando en el Mundial y en la canción. De pronto empecé a cantarla toda seguida, y cuando llegué a la casa abrí la puerta y le dije a Antonio: ‘¡La tengo!’”. Así describía Shakira, en entrevista con Vanidades en 2010, el momento eureka en el que nació “Waka Waka”, el himno del Mundial de Sudáfrica 2010 y una de sus canciones más populares hasta ahora.
“Waka Waka” fue eso, un rayo de luz que la bañó mientras erraba por el campo en un país al que ahora vuelve, 25 años después de la primera vez, con un show monumental que se cierra justamente así: con “Whenever, Wherever”, “Waka Waka” y “Loba” (y remata con la sesión de Bizarrap), un trío de canciones que de alguna forma, aunque no se sienta, aunque nadie lo diga, guardan —en algún rincón de su ADN— un poco de Uruguay.