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Gustavo Ripa: la historia de "Calma Sur", su show en Magnolio Sala y por qué le gusta tocar en lugares íntimos

Este viernes, Gustavo Ripa llegará por primera vez a Magnolio Sala para presentar las canciones de su nuevo proyecto. Antes del concierto, el guitarrista dialogó con El País.

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Gustavo Ripa.
Foto: Gentileza Gustavo Ripa.

Cuando Gustavo Ripa habla de su guitarra de ocho cuerdas, destaca la ampliación de su paleta sonora. “Como el instrumento tiene dos cuerdas graves más, esas frecuencias resuenan de otra manera. Las sentís en el pecho cuando estás tocando”, asegura. “Con algunas modificaciones de afinación, estoy cerca del guitarrón criollo”.

Para visibilizar el efecto que producen ambas cuerdas del instrumento que empezó a usar en SimpleMente, su disco de 2017, Ripa lo relaciona con colores. “Las frecuencias graves te llevan al color tierra”, define. “O si nos centramos en la óptica de los chakras, sería algo más asociado a lo rojo de lo básico. Pero yo prefiero pensar en esos colores rojizos de tonos mate o semimate que se asocian con el material de la tierra”.

La definición del exmiembro de Rumbo y Canciones Para No Dormir la Siesta se ajusta al espíritu de su trabajo solista. Tanto en la trilogía Calma como en el disco SimpleMente hay una intención cercana a los colores que mencionó: a través de su guitarra, busca ir a la esencia, a lo más profundo y minimalista del acto de interpretar música. “Yo soy bien austero”, asegura. “Mi camino ha sido el de hacer versiones del repertorio popular con guitarra solista”.

Y en la unión entre su formación como guitarrista clásico y su experiencia en dos de los grupos claves de la música uruguaya de mediados de los setenta, Ripa ha delineado un celebrado proyecto que rescata y reimagina varias joyas del cancionero local.

El camino inició en 2010 con, justamente, Calma, un álbum que incluía versiones de temas como “Biromes y Servilletas”, “Príncipe Azul” y “El tiempo está después”. El proyecto se expandió y tuvo otras dos entregas, recibió discos de oro y de platino y tres premios Graffiti. En 2017 lanzó SimpleMente, que se podría definir como un Calma 3½. Es que la primera parte incluía seis versiones de temas locales, mientras que la segunda ofrecía cinco piezas para cuatro venezolano. El cierre quedaba en manos de una versión de “Estrela, estrela”, del brasileño Vitor Ramil.

Visto a la distancia, esa canción era una llave a lo que sería su siguiente proyecto. Se trata de Calma Sur, donde Ripa expande aún más su repertorio al versionar a compositores de Argentina, Brasil y Chile. En 2021 lanzó el EP Autores chilenos: solo guitar, que incluye a “El cautivo de Til Til”, “El Cigarrito” y “Los momentos”, y luego seleccionó a más autores.

El álbum aún no se publicó, pero Ripa adelanta que tendrá canciones como “11 y 6” (de Fito Páez) y “Plegaria para un niño dormido” (Almendra), y otras de artistas como Mercedes Sosa y León Gieco. “La idea es tocar esas canciones que nos pertenecen, porque yo no le veo fronteras a la música. Yo siento que Fito y Spinetta son uruguayos también porque los sentimos nuestros”, define.

Calma Sur, además, incluirá versiones de canciones locales como “La mamá vieja” y “Quien te viera”, de Eduardo Mateo; y “Ese maldito momento”, de No Te Va Gustar. “A veces las melodías se camuflan en el medio de una cantidad de sonoridades, pero cuando las llevás a otro ámbito las enaltecés”, explica. “Escuchar una canción conocida en otro paisaje te da una sensación diferente”.

Este viernes a las 21.00, Ripa llegará por primera vez a Magnolio Sala para presentar todas estas canciones en vivo (Tickantel, 800 pesos). “Me encanta tocar en una sala así porque la gente está bien cerca y puede escuchar hasta mis errores”, comenta. “Se genera una experiencia intima de comunidad; incluso puedo escuchar la respiración del público, y eso me gusta mucho”.

Además de la música, el guitarrista compartirá una serie de reflexiones sobre “la identidad, las percepciones del mundo y la importancia de reconocernos”. En ese sentido, cita al músico Alejandro Terán, quien asegura que asistir a un concierto es “un acto de resistencia al algoritmo”. Luego, dice: “No hay un arte más presente que la música, entonces el estar ahí viendo a un tipo que toca la guitarra y hace música instrumental, hace que sea una experiencia absolutamente diferente a las demás”.

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