Para 1987, hacía tiempo que Michael Jackson era el Rey del Pop. Era el protagonista innegable de las bandas Jackson 5 y The Jacksons. Si Off The Wall había dejado alguna duda sobre su éxito como solista, Thriller confirmó el fenómeno; de hecho, hasta el día de hoy sigue siendo el disco más vendido de la historia de la música.
Sin embargo, dadas las presiones por parte de su familia, no había sido capaz de hacer una gira en solitario. Fue con el álbum Bad que logró hacerlo por primera vez.
Jennifer Batten, por ese entonces de 29 años, fue elegida para ser la guitarrista durante esa gira. Su melena platinada, similar a una cresta punk, los ojos maquillados con sombra negra y los atuendos excéntricos llamaban la atención, pero su enorme talento y destreza para tocar solos como el de “Dirty Diana” y “Beat It”, originalmente de Van Halen, la convertieron en una figura destacada.
Continuó como su guitarrista en las giras Dangerous y HIStory e incluso tocó en el espectáculo de medio tiempo del Superbowl de Jackson en 1993.
“No se trataba solamente de música, también era teatro. Todos éramos personajes”, dice Batten en diálogo por videollamada con El País.
El 1 de setiembre llegará a Uruguay con This is Michael, un espectáculo en homenaje al Rey del Pop y con más de diez artistas internacionales, incluyendo a Lenny Jay, reconocido como uno de los mejores imitadores de Jackson. Las entradas están disponibles en Tickantel desde 1800 a 5000 pesos.
Este año, la biopic Michael fue un éxito de taquillas y la música del astro sigue sonando aún a 15 años de su fallecimiento. Para Batten, hay que recordarlo como lo que fue: un tornado creativo. Sobre esto y más conversó con El País.
—Hay un montón de imitadores de Michael Jackson. ¿Qué hace especial a Lenny para que decidieras salir de gira con él?
—He tocado con algunos imitadores bastante malos. Estoy realmente feliz de que, en esta etapa de mi vida, solo esté tocando con grandes imitadores. Lenny presta muchísima atención a los detalles. Se mete de lleno, como un científico, para analizar la pronunciación de cada palabra. Es brasileño y valoro mucho el esfuerzo que hace con la pronunciación en inglés.
—Antes de tocar con Michael Jackson eras su fanática. ¿Hubo algo que hayas entendido mejor sobre él una vez que te uniste a su banda?
—Siempre fue surrealista mirar al público y ver a 50.000 personas, entre las que siempre había cuatro o cinco vestidas exactamente como él. Si yo fuera Michael, me resultaría bastante desconcertante ver a cuatro dobles extactos entre el público.
—¿Qué se aprende sobre el mundo del espectáculo al formar parte de un proyecto tan masivo?
—Aprendí varias cosas tocando con Michael. Una de ellas fue el poder del entretenimiento por encima de la música. La música era solamente la base; después estaban la pirotecnia, las luces, los videos, el vestuario... Todas esas capas de entretenimiento estaban ahí porque él quería sorprender y maravillar a la gente. Tuvimos que firmar un acuerdo de confidencialidad en el que nos comprometíamos a no contar nada de lo que iba a suceder antes del primer show. Cada gira era diferente. Siempre incorporaba la tecnología más reciente para dejar al público sin palabras.
—Algunos de tus vestuarios eran sorprendentes. Tu trabajo no consistía solamente en tocar la guitarra.
—Cuando hice la gira HIStory y tenía que usar una máscara de cuero horrible, me dí cuenta: no se trataba solamente de música, también era teatro. Todos éramos personajes sobre el escenario. Eso no te lo enseñan en escuelas de música.
—Una de las cosas por las que se reconoce a Michael Jackson es por su ética de trabajo. ¿Cómo lo viviste vos desde es lugar?
—Ensayé más para ese show que para cualquier otro en mi vida, incluido Jeff Beck. Tuvimos un mes de ensayos, en diferentes salas: los cantantes en una, los músicos en otra, los bailarines en otra. Trabajamos todas las partes de los arreglos en vivo de la gira Victory. Después nos reunimos todos con Michael. Una vez que ya teníamos la música incorporada, trabajamos la puesta en escena y todos los efectos especiales. Eso fue otro mes de jornadas larguísimas. Para cuando hicimos el primer show en Tokio, no había ninguna duda. Todo salía de manera natural, así que podíamos poner el 100% de nuestra energía en la actuación.
—Tu solo de “Beat It” es memorable. ¿Hay algo que recuerdes de los ensayos de esa canción?
—Antes de trabajar con Michael, la tocaba en una banda de reversiones. No me di cuenta durante un mes que se sentía diferente. Pensé que era porque estaba tocando para mucha gente en lugar de hacerlo en un club. Y después, al escuchar una grabación en vivo, me di cuenta de que era una versión muchísimo más rápida. Él aceleraba muchas canciones. “Working Day and Night” era una carrera a toda velocidad comparada con la versión del disco (Off The Wall). . Si Van Halen hubiera tocado a esa velocidad, habría hecho un solo completamente diferente.
—De hecho, tuviste la oportunidad de tocar el solo frente a Van Halen. ¿Cómo ocurrió?
—Estaba llegando tarde a un ensayo con otra banda en Los Ángeles. Hacía calor y el tráfico era un infierno. Cuando llegué, el mánager de la banda me dijo: “Van Halen está al lado. Quiere que demuestres que puedes tocar el solo de ‘Beat It’”. Estaba abrumada y dije que no. Finalmente, el técnico de Van Halen vino a nuestra sala y me preguntó si podía ir a saludarlo. Cuando fui, Van Halen me puso su guitarra encima, así que quedé prácticamente atrapado y lo toqué. Fue fascinante. Habría dado cualquier cosa por tener un smartphone en ese momento y algún registro de lo que ocurrió en aquella habitación. Porque, aunque estábamos tocando las mismas notas, él tocaba un par de cosas de una manera muy diferente. Volví al día siguiente para ver si todavía estaba allí, pero se había ido.
—Live in Bucharest es un concierto que quedó inmortalizado en grabación y del cual formaste parte. ¿Tenés algún recuerdo de esa noche?
—Recuerdo haber estado especialmente nerviosa. Cuando sabés que te están filmando, aparece todo otro nivel de autoconsciencia. Me preguntaba si debía cambiar las cuerdas. Si las cambiaba, podían estirarse y desafinarse; si no las cambiaba, corrías el riesgo de que se rompieran. Finalmente, las cambié y, justo al final de mi solo en “Working Day and Night”, las cuerdas estaban realmente estiradas. Usé hasta el último resto de fuerza que tenía para estirarlas y llevarlas nuevamente a la afinación, pero fue imposible. Y el momento se hizo eterno. No podés cambiarlo: está grabado en una cinta.
—Este año se estrenó Michael, su biopic, y se sigue hablando de su vida y obra a 15 años de su muerte. ¿Cómo te gustaría que lo recuerden?
—Como lo que fue: un tornado creativo. La gente lo conoce por sus canciones, pero había muchísimos elementos diferentes en su creatividad. Compartíamos maquillador y yo escuchaba historias sobre él sentado en la silla de maquillaje, transmitiendo ideas constantemente y escribiendo letras. Era como un recipiente creativo para las ideas que llegaban de la atmósfera. Debería ser recordado por su profesionalismo, por las décadas de energía que dedicó a la innovación. Hay muchísima gente hoy simplemente copiando lo que él hizo. Él fue original en muchísimos sentidos.
—¿Cuál es la intención de This Is Michael? ¿Qué te gustaría que se lleve la gente?
—Su enorme volumen de trabajo. No hay una sola canción que toquemos en el escenario que no haya sido un éxito. No hay demasiados artistas capaces de hacer eso. Muchos sostienen sus carreras con uno o dos grandes éxitos. Es increíble porque es un show en el que ves a tres generaciones de una familia. No vas a ver eso en un show de Metallica.