"Sé que el que entrega, recibe, y yo trato de entregar mi don con sentimientos genuinos porque ahí todo lo demás vuelve”, dice Patricia Sosa cuando repasa su carrera en charla con El País. Confiesa que algunos eventos, como haber sido invitada a cantar para un público de 4 millones de personas en la India, representando a Argentina en un festival Mundial de la Cultura por la Paz en 2016; o cuando cantó en una misa criolla en el Vaticano en 2017; o aún cuando dejó sus canciones en las pirámides de Egipto el año pasado, nunca se los hubiera soñado. “Siempre tuve sueños pequeños y el de arriba tenía planeado cosas tan maravillosas que yo ni siquiera las podía imaginar”, dice.
Tras una temporada en el teatro con la obra Perdida Mente y algunos shows en el medio, la cantante regresa a Uruguay para presentar Sinfonía Pop Rock, el primer concierto sinfónico de sus 50 años de carrera. El reencuentro con el público uruguayo será el día 29 a las 20.30 en el Auditorio del Sodre. Quedan entradas a la venta en Tickantel desde 1900 pesos.
“Fue una idea que se le ocurrió a mi productora, porque veíamos muchas bandas internacionales fusionándose con todo lo que es sinfonía y yo no tenía discos así”, cuenta sobre esta nueva propuesta. “Si bien yo toqué con orquestas sinfónicas, es distinto hacer mi propio repertorio en ese formato sin que falten los hits. Me pareció un desafío interesante presentar mis canciones con otros arreglos”, señala Sosa, que se encuentra grabando disco nuevo para el cual la experiencia de preparar el concierto sinfónico dio un brillo especial.
“Juntarme con músicos que vienen de otro palo me hizo crecer mucho. Mi banda se vio potenciada absolutamente y a los músicos que tocaban música clásica, mezclarse con una banda de rock también les sumó”, dice una de las artistas más versátiles de la vecina orilla. La mezcla y el cambio siempre estuvieron presentes en su obra: desde sus inicios con el rock de La Torre en los años 80, pasando por los discos de folklore que grabó —un género que siente como herencia de su madre— hasta compartir canciones con artistas de la nueva generación de la música urbana como María Becerra.
“A veces me llaman para hacer cosas que yo no tengo ni idea, pero pruebo. Soy cantante y cuando algo me conmueve lo canto”, afirma. “Hay músicos con los cuales a mí me gustaría sumarme, porque siempre se aprende de estas experiencias. Me gusta salir de la zona de confort”.
—¿Alguno en especial?
—De esta nueva generación, Wos y Tiago PZK me parecen muy buenos porque se diferencian de los demás, sus letras tienen metáforas y la poesía tiene que tener metáforas. Si bien ellos muestran una realidad social y están muy comprometidos, también a veces se despegan y hablan de otras cosas que te hacen soñar y eso a mí me gusta.
Teatro
Con Perdida Mente estuvo actuando durante un año y medio al lado de Leonor Benedetto, Karina K, Julieta Ortega y Ana María Picchio. La obra agotó funciones en varios teatros —incluyendo el Movie de Montevideo—, le dejó un par de anécdotas y un balance positivo, aunque, dice, ansiaba volver a la música en tiempo integral. “La verdad es que por más que yo la haya pasado bien, llegó un momento en que me faltaba ocio creativo. Necesito no hacer nada para hacer todo, porque entonces sí, mi cabeza se va a la creatividad, si no se va solamente a la obligación”.
La obra, una comedia dramática que tenía como protagonista a una jueza de la nación que padecía Alzheimer, supuso desafíos al abordar la enfermedad desde el humor, sin dejar de lado la responsabilidad y el peso que posee el tema. “No era una obra más, el texto era tan interesante y al mismo tiempo difícil. Al principio nos preguntábamos cómo la gente se lo iba a tomar, sin embargo, la Asociación Argentina de Alzheimer nos premió por llevarlo al escenario”, señala. “No fue solamente un espectáculo de entretenimiento, fue brindar servicio y creo que cuando el artista, ya sea cantando o actuando, más allá de su arte, brinda servicio, ahí está la misión, porque si no sería solo para el ego”.
Pasado
Cuándo se le pregunta que ve cuando mira hacia tras, Patricia Sosa, la artista de la voz grave e inconfundible, que ya rodó el mundo cantando rock, pop, folklore y baladas, que no tuvo miedo de ser y probar, dice que, ante todo, se mira con cariño. Sin pudor y con irreverencia dice también arrepentirse de algunas cosas: “Hay situaciones por las cuales no hubiera pasado, lugares de donde tendría que haberme ido antes. Pero creo que una vida sin que uno se arrepienta de nada no es una vida. No aprendés. Hay gente que dice ‘no me arrepiento de nada de lo que hice’ y pienso: Ay ¡qué suerte! O sea, sos San Pedro, porque uno comete errores en lo privado y en lo público”, cuenta y recuerda los episodios de machismo que enfrentó en sus comienzos en la música.
“En los 80 yo estaba muy enojada. La gente decía: ‘No te acerques a esta piba porque tiene un carácter muy fuerte‘. Pero yo en realidad estaba a la defensiva, fue mi manera de cuidarme, no tuve otra ¡y dolía eh!, porque siempre estaba sola. Yo no consumía drogas y no era la minita de los músicos, entonces después de los shows prefería irme al hotel”, recuerda sobre su época en La Torre. “Tuviera 20 años con la experiencia de ahora, sé que tendría que tomar otros caminos, pero uno hace lo que puede”.
Sinfónico
Sobre el repertorio que armó para la propuesta que la trae esta vez a Montevideo —y que ya presentó con el cartel de sold out en el Teatro Ópera y en el Luna Park— confiesa que, tras medio siglo de canciones, la selección no fue una tarea simple: “Me es tan difícil, porque si fuera por mí cantaría 4 horas seguidas”, dice con humor y adelanta que la canción elegida para abrir el concierto, “Salva lo que queda” de su disco Suave y profundo de 1994, fue también la que guió la construcción del show.
“A partir de ahí armé un repertorio que tuviera que ver con despertar un sentimiento, una emoción; con que no te vayas a tu casa pensando en otra cosa, sino que cada canción te traiga un recuerdo, que sientas que estás vivo, que en esas dos horas dejes de lado la tecnología y ni te acuerdes de mandar un mensajito, que directamente cierres los ojos y chau”, dice mientras cierra los ojos y sonreí. “Con lo que ofrezco, que es mi canción, necesito generar una comunidad de buenos sentimientos, que tira para adelante. Trato de dejar un mensaje positivo, de esperanza”.