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Crítica: En "Solar Power", Lorde analiza el paso del tiempo con un sonido renovado

La artista neozelandesa lanzó "Solar Power", su tercer álbum, donde deja de lado los beats para meterse de lleno en el sonido de las guitarras acústicas y analizar su presente

Lorde. Foto: Getty Images.
Lorde. Foto: Getty Images.

Con cada uno de sus discos, Lorde refleja su postura ante la vida. En Pure Heroine, aquel álbum de 2013 que incluía el hit “Royals”, la joven de 16 años analizaba la vida adolescente y cuestionaba la necesidad de jactarse de los lujos, las charlas superficiales y las sonrisas falsas. Pero, detrás de esa vida feliz que se muestra en redes sociales, revelaba los miedos ante la inminente llegada de la adultez. "Se siente tan aterrador hacerse viejo", cantaba en "Ribs".

En Melodrama, de 2017, la neozelandesa cambió los escenarios de sus canciones, pero el foco era el mismo. Si a los 16 años las inseguridades se disimulaban con amplias sonrisas en las selfies, a los 21 la evasión radicaba en las fiestas, los amores pasajeros y el alcohol. “Todas las cosas que estamos haciendo, / Porque somos jóvenes y estamos avergonzados, / Nos llevan a los lugares perfectos”, aseguraba en “Perfect Places”. “Tantas noches nos arruinaron las caras, / Tratando de encontrar esos lugares perfectos, / Pero, ¿qué carajo son los lugares perfectos?”.

Ahora, con 24 años, llegó Solar Power, un álbum donde retoma su mirada frente al paso del tiempo. Pero, como lo demuestra en las 12 canciones, al final crecer no era tan malo. “Amo la vida que tengo, / La enredadera colgando sobre la puerta, / Y el perro que viene cuando lo llamo”, canta en “Stoned At the Nail Salon”.

Ya lo dejó claro en varias entrevistas: este es un disco de celebración. Más allá de que su voz cargue con ese clásico espíritu melancólico, Solar Power funciona como la aceptación de sus inseguridades.

“The Path”, que abre el álbum, es una despedida a los sentimientos que definieron a Melodrama. Sobre dulces voces sobregrabadas y un clima cercano al pop-rock, repasa su fama repentina (“Fui una adolescente millonaria con miedo a los flashes de las cámaras”) y desmitifica la idea de que los artistas tienen las respuestas a todos los problemas. “Si estás buscando a alguien que te salve, esa no soy yo, (...) / Porque todos estamos rotos y tristes”.

Luego, con “Solar Power”, llega la plenitud. Con la imagen del sol veraniego y de tardes en la playa con amigos, le da espacio a la superación. “Olvidate de todas las lágrimas que lloraste, / Se terminó, / Esta es una nueva postura, / ¿Venís conmigo?”, propone.

Tras esa frase, el resto del álbum se enfoca a todas esas cosas a las que debió renunciar para tener un poco de paz mental. Retoma la presión del éxito ("Cuando Carole dijo mi nombre, sabía que había dejado de ser la misma", canta sobre la vez que Carole King le dio el Grammy a canción del año por "Royals") y se despide del alcohol como método de evasión en “California”, celebra la compañía de su familia en “Stoned At the Nail Salon” y “Ocean Feeling” y le canta a su pareja en “The Man with the Axe”. Es una nueva era.

Y, claro, todos estos cambios están acompañados por la música. Atrás quedaron los sintetizadores y los beats electrónicos de Pure Heroine y Melodrama. La intimidad de sus confesiones se completa con canciones llenas de arpegios de guitarras acústicas y climas relajados. Es una novedad que sorprendió a sus fanáticos apenas escucharon “Solar Power”, el primer adelanto del disco.

Ese sonido inspirado en la música de los setenta y construido junto al productor Jack Antonoff —el joven detrás de grandes discos de Taylor Swift, Lana Del Rey y St. Vincent— también implica una renuncia a los hits radiales. En Solar Power no hay ninguna canción que apunte a ser el próximo “Royals” —aquel éxito mundial que llevó a que David Bowie la definiera como el “futuro de la música”— o “Green Light”. Ahora, la honestidad es más importante que las cifras en las plataformas en streaming. Por eso en “The Path”, canta: “No atiendo las llamadas si es alguien del sello o de la radio”.

Esa búsqueda por la paz mental que aparece a lo largo del disco se inició en 2018, cuando desapareció de las redes sociales y se alejó de la vida pública para renunciar a todas las presiones. Es por eso que en “The Path” también se aleja de la idea del artista como modelo a seguir.

Con una voz cada vez más segura y letras más profundas, Lorde al fin está en paz consigo misma. Aceptó las reglas de esa vida adulta a la que tanto le temía en sus discos anteriores, se animó a repasar el camino recorrido y a dejar de lado cualquier mirada externa sobre su trabajo. Solar Power es el diario íntimo sobre una artista que al fin descubrió el secreto de la vida plena. Y es toda una celebración.

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