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Desde que Rusia invadió a Ucrania el 24 de febrero, el sector cultural lanzó una dura serie de boicots contra el gobierno de Vladimir Putin.
Desde que Rusia invadió a Ucrania el 24 de febrero, cada día se acumulan nuevos boicots al país agresor. Por ejemplo, Estados Unidos y la Unión Europea excluyeron a siete bancos rusos del sistema SWIFT —el soporte que respalda las transacciones globales—, la FIFA expulsó a Rusia del Mundial de Catar 2022 y hasta hay países que dejaron de importar vodka para tratar de debilitar su economía. La cultura, por supuesto, no se quedó atrás.
El primer acto de rechazo a la guerra lo protagonizó Eurovisión, el histórico concurso de la canción europea y uno de los grandes acontecimientos de la agenda cultural del continente. Primero anunciaron que mantendrían a la participación de Rusia aludiendo al carácter “no político” del certamen, y unas horas más tarde, cambiaron su decisión.
Y ese no es el único caso en la escena musical. La ópera de la Scala de Milán, las filarmónicas de París, Múnich y Róterdam y la Ópera estatal de Baviera decidieron prescindir del director ruso Valeri Guérguiev, amigo personal del presidente ruso, Vladimir Putin, luego de que se haya resistido a condenar la invasión.
Algo similar le sucedió a su compatriota Anna Netrebko, una de las voces más conocidas de la ópera actual. La soprano se vio obligada a retirarse temporalmente de los escenarios tras la lluvia de cancelaciones que le generó su postura “tibia “ante el conflicto bélico. “No es el momento apropiado para actuar ahora y para hacer música”, escribió ayer en un comunicado para justificar la pausa abrupta.
A esta lista hay que agregarle la cancelación de shows que varios artistas occidentales habían programado en tierras rusas: Nick Cave and The Bad Seeds, Green Day, Franz Ferdinand, Louis Tomlinson —que en mayo llegará al Antel Arena— y The Killers .
En el plano audiovisual, las sanciones son más severas. Esta semana, el Festival de Cine de Cannes se sumó al boicot y excluyó de la edición de este año a las delegaciones oficiales y a toda instancia vinculada al gobierno ruso.
El martes, la Academia Europea del Cine publicó un comunicado que anunciaba que excluirá a las películas rusas de los Premios del Cine Europeo de este año. Si bien declaran que reconocen y aprecian “a esos valientes cineastas en Rusia que se oponen a esta guerra”, aseguran que esta postura es la necesaria para este momento. “En vista de un ataque brutal e injustificado, tenemos que apoyar a nuestros hermanos y hermanas en Ucrania cuyas vidas corren peligro”, aseguran.
En el caso de las películas que se exportan a Rusia, Disney, Paramount, Sony y Warner Bros —cuatro de las mayores distribuidoras globales— cancelarán todos sus estrenos en el país. Por lo tanto, el público ruso deberá esperar para ver en cines al Batman protagonizado por Robert Pattinson o a la esperada nueva apuesta de Pixar, Alerta roja.
Netflix, por su parte, confirmó el lunes que no va a cumplir con la flamante ley audiovisual de Rusia, que obliga a la plataforma a incluir la oferta de una veintena de canales públicos locales para poder operar en el país. Eso incluía la emisión de contenidos de productoras cercanas al Kremlin como Channel One, la cadena de entretenimiento NTV y el canal de la Iglesia Ortodoxa. Ayer, el medio especializado Variety anunció que el gigante del streaming suspenderá todas sus producciones filmadas en Rusia.
Por otra parte, la Bienal de Venecia, considerada uno de los eventos artísticos más importantes del mundo, adoptará el camino del festival de Cannes al no aceptar la participación de delegaciones oficiales, instituciones o personalidades vinculadas al gobierno ruso. Sin embargo, aclararon que sí recibirán a artistas que se opongan al régimen.
“La Bienal rechaza, mientras persista esta situación, cualquier forma de colaboración con aquellos que han implementado o apoyan un acto de agresión de gravedad sin precedentes”, anunciaron.
La industria cultural ya se levantó contra la invasión a cargo de Rusia. Es un intento por recuperar la paz en un momento crítico para el futuro de Ucrania.