Muestra de Alfredo Zorrilla a veinte años de su muerte

La exposición reúne 18 obras en el Museo Zorrilla

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CARLOS REYES

Mañana, a las 19.30 horas, en el Museo Zorrilla (José Luis Zorrilla de San Martín 96, Punta Carretas) se inaugura una exposición con 18 obras del pintor Alfredo Zorrilla, conmemorando los 20 años de su muerte.

La muestra, que se puede visitar hasta el domingo 18 de abril, de 14 a 18 horas, está organizada por José Luis y Luis Ignacio Gomensoro, con la participación la hija del pintor, Francisca Zorrilla, y el curador de la exposición, Marcelo Ruvertoni.

Zorrilla nació el 10 de abril de 1927 en las afueras de Montevideo, en una quinta familiar. Autodidacta, el pintor supo sacar partido a esa ausencia de enseñanza formal en el terreno de la plástica. "Al no haberme formado en ninguna academia, no tengo esa horrible limitación férrea a la que la mayoría de los plásticos están inscriptos. Es una maravilla sentirse libre".

Y efectivamente, al mirar la pintura de Zorrilla se nota ese sentido de libertad, que también se expresa en la temática. Reuniones familiares, orquestas, guitarreadas, un grupo de remeros, un paseo por el parque: los temas que trabajó expresan tranquilidad, diversión, ganas de vivir.

El recurso queda subrayado por el uso de colores planos y los juegos entre las superficies claras y las oscuras, además de una característica que lo hace inconfundible: la ausencia de rostros. Con esa estética que tiene algo del arte naif, Zorrilla plasmó un mundo de generaciones pasadas, concretando con una técnica propia imágenes del Novecientos, con los hombres de galera en el hipódromo o la familia posando en el parque.

Las obras que se exponen en esta muestra son óleos sobre tela, unos de tamaño superior al metro de lado, y otras de formatos más pequeños. En ellos Zorrilla comunica distintas dinámicas: unas veces expresó la quietud de la vida familiar burguesa, otras el vértigo de una orquesta de tango o de los tranvías cruzando por la ciudad. Otras veces capta en una sola tela los contrastes entre la naturaleza y los códigos sociales, las maneras educadas y las muestras de cortesía.

"Por el lado paterno, la familia le vino con un pincel en la mano. En la familia de su abuelo no había nadie que no pintara o dibujara. El propio Juan Zorrilla de San Martín fue pintor. En su museo de la calle Ellauri hay una pinacoteca pintada por él. Su tío Pedro, hijo de Juan, fue pintor futurista. Su tía Maruja era una retratista cuyos cuadros de Tristán Narvaja y Pablo de María están en la Facultad de Derecho. Su esposo, Raúl Montero Bustamante también fue pintor. José Luis Zorrilla descolló como escultor a niveles excepcionales, pero fue también un pintor de categoría y un dibujante decididamente fuera de serie", anota José Luis Gomensoro.

También señalan los organizadores de la muestra que así como Pedro Figari pintó los salones federales que seguramente no llegó a conocer, Zorrilla pinta el universo social de sus padres, las reuniones, los usos y costumbres, la moda y los bailes.

"Aunque parezca al servicio de un tema, la pintura de Zorrilla, como la de Figari, supera la anécdota, y se ubica por encima de ella. Y por culpa de un elemento fulgurante accede a ese privilegiado terreno en donde un pintor se convierte en imagen de su pueblo, como un poeta en voz de su pueblo", remata el autor del catálogo.

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