Memorias de un adolescente uruguayo en una historieta

Se editó el libro "Ranitas! catarsis y rock and roll"

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MATÍAS CASTRO

La historieta autobiográfica es un género que desde hace al menos una década gana terreno y prestigio en casi todo el mundo y, en particular, en Europa. En Uruguay era un género inexplorado hasta la reciente aparición del libro Ranitas! Catarsis y rock and roll, de Nicolás Peruzzo (coedición de los sellos Belerofonte y Ninfa Cómics). La ranita, en realidad, es el alter ego del autor, y es lo que le permite contar sus experiencias de forma tan honesta como hilarante en una serie de historias que funcionan también como retrato generacional, cosa nada menor. Buena parte del libro está enfocado a memorias y anécdotas vividas por quien fue un adolescente en los años noventa en Montevideo. Boliches, recitales, historias de liceo y las relaciones entre los adolescentes exitosos y los "outsiders" son algunos de los temas que toca Peruzzo y su alter ego con humor y hasta autocrítica.

El prejuicio que indica que las historietas son material exclusivamente dedicado a la fantasía y al imaginario infantil ha quedado un poco atrás. Propuestas como la de este libro y las de otros que ha publicado el sello Belerofonte refuerzan la idea de que la historieta es una forma de arte que, al igual que el cine y la literatura, sirve como forma de expresión de sus autores.

Ranitas! no es un libro que se venda precisamente por su dibujo. Peruzzo, que tiene una interesante experiencia como guionista para otros autores y también dibujante de sus propias historietas, no posa de virtuoso sino que se muestra con total honestidad. De hecho las historias del libro fueron dibujadas en diferentes momentos (algunas ya habían aparecido en su blog) y varían a veces en estilo y calidades gráficas. Lo que se mantiene es el interés de la narración.

Una de las historietas, por ejemplo, fue presentada al concurso de Montevideo Cómics y es, más que una narración, un mensaje al jurado (según como lo imaginaba Peruzzo). Está acompañada por una introducción y un epílogo dibujados para el libro, cuya función es explicar el contexto en el que fue dibujada. Esa apertura y cierre difieren notoriamente en lo gráfico de la historieta presentada al concurso, pero enganchan perfectamente en cuanto a los textos.

Como el subtítulo del libro lo indica, el autor usó las historietas como forma de catársis y el ejemplo del concurso es uno de los más claros. Otro es el que refiere a lo que le ocurrió cuando se chocó con lo absurdo de la burocracia a la hora de intentar algo muy sencillo. La frustración de ese episodio fue reflejada en la historieta que va al final del libro.

Peruzzo no ahorra en insultos ni malas palabras. Pero no son gratuitos, como tampoco sus puntos de vista sobre algunas situaciones de su vida adolescente. Esa es una de las fortalezas de este testimonio tan divertido como único.

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