"Me convertiré en una mariposa"

| Cumplió 96 años y pidió a su grupo que siga grabando el nuevo disco con temas de varios autores

"Compay se nos va", admite Santiago, el hijo del músico cubano de 96 años que en la última década despertó la admiración de todo el mundo. Empuñando el armónico al frente de su grupo, Compay Segundo no dejaba de viajar para presentarse en el Olympia de París, en el Carnegie Hall de Nueva York o en la Sala Nervi del Vaticano con el propio Papa como invitado especial. Pero a su edad avanzada ahora se le agrega un dato preocupante: la insuficiencia renal que padece se ha gravado de tal forma que el creador de Macusa y Chan Chan no volverá a los escenarios que hasta ahora lo han celebrado, incluyendo el del puntaesteño Hotel Conrad en setiembre del 2000.

Según el corresponsal en La Habana de El País madrileño ya se suspendió la gira que el músico tenía prevista por varias ciudades europeas. Y agrega que un clima "de nostalgia, de despedida" se ha instalado en la casa que el músico tiene en las proximidades de la rambla habanera. "No queremos esconder lo que pasa", afirma su hijo. "Sus amigos y todos los que le quieren en el mundo tienen derecho a saberlo: así lo desea Compay, que es un hombre que ha dedicado su vida a la música y a hacer feliz a la gente".

La vitalidad y el buen humor han sido dos constantes en la existencia del músico que no siempre pudo dedicarse por entero a la música. Tras el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro, Compay —que se había forjado un espacio importante entre los soneros cubanos—pasó al olvido y cambió su quehacer artístico por el viejo oficio de tabaquero. Se dedicó a armar puros durante diecisiete años, hasta que al cumplir los 80 volvió a cantar. Para quien recomienda tomar "sopón de carnero" para llegar a viejo, no era fácil retomar el camino. Algunos especialistas españoles le abrieron puertas, hasta llegar en 1992 a los encuentros de son y flamenco en Sevilla. A partir de allí el circuito musical europeo comenzó a demandar su presencia.

El gran salto llegó de la mano del cine, cuando el cineasta alemán Wim Wenders y el músico estadounidense Ry Cooder articulan el film y disco compacto Buena Vista Social Club. En ese proyecto, Compay Segundo ya no estaba solo sino acompañado por varios veteranos de la música cubana, como Omara Portuondo, Ibrahim Ferrer, Rubén González y Pío Leyva (que actuaron en Montevideo hacia fines del 2000), entre otros. Una pauta de lo que desencadenó este fenómeno es el hecho de que entre 1996 y el 2002, Compay editó nueve discos compactos. En el último, Duetos, el músico canta a dúo con Charles Aznavour, Cesaria Evora, Antonio Banderas, Pablo Milanés y Raimundo Amador, entre otros.

Cuando nació fue inscripto con el nombre Máximo Francisco Repilado Muñoz, pero la música no sólo le cambió la vida sino también el nombre: como integraba el dúo Los Compañeros le empezaron a decir "compay" y como además era la segunda voz (Lorenzo Hierrezuelo era la prima) le agregaron el "segundo".

"Yo nací en 1907, en la costa. Después me mudé a Santiago de Cuba con mis hermanos, pero yo no podía irme de Siboney hasta que mi abuela muriera", recordó en el film de Wenders. La abuela le pedía que le encendiera los puros, por lo que Compay decía orgulloso que venía fumando desde los cinco años. "El otro día, cuando el médico le dijo que no podía seguir fumando tabaco ni tomando café, Compay exclamó ‘Si yo sé esto me escondo en un platanal’", comentó su hijo a El País de Madrid.

La música no morirá

Mientras familiares y amigos advierten una difícil recuperación de Compay, el grupo del músico continúa grabando un nuevo disco en los estudios Abdala. El fonograma será editado por Warner Music y contendrá temas de Louis Armstrong (Just a gigoló) y Joan Manuel Serrat, entre otros. "Quiere que sigamos ensayando, que no paremos... Para todos nosotros esto es muy especial. Queremos que el disco se convierta en un homenaje a su música, una música que nunca morirá", sentencia Salvador, el hijo de Compay que integra la agrupación que ahora deberá dar cuenta de su trabajo prescindiendo de la voz que lo caracterizó.

El periodista del madrileño El País también da cuenta de cierta rebeldía ante el posible desenlace fatal al recoger los testimonios familiares. "Su música, lo que el más quería, no desaparecerá", dice Salvador, recordando que en cierta ocasión su padre afirmó: "cuando yo muera me convertiré en una mariposa".

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