ANTONIO LARRETA
HBO viene trasmitiendo un extraordinario recital de Madonna llamado Confessions Tour, registrado en Londres, del que se está hablando desde hace muchos meses y que se identifica fácilmente, porque esta vez, el escándalo que caracteriza desde hace años todas sus propuestas, concierne nada menos que una enorme crucifixión en que la propia Madonna ocupa el lugar de Cristo.
Pero conviene advertir desde ya que el escándalo, si lo hay - y lo hubo, con expresa condena papal-debería haberse detenido en la sorpresa inicial. Todo el recital y el gran espectáculo en que lo convierten la estrella y sus colaboradores (escenógrafos, iluminadores, músicos, bailarines) es de una extrema seriedad hasta sus últimos tramos y de un contenido político que involucra la cruz sólo en un fragmento central pero confiriéndole inevitablemente un acento cristiano.
Todas las alusiones a las injusticias y a las indiferencias de nuestra civilización constelan un espectáculo que tiene mucho de gospel, de unción y celebración religiosas. Si Madonna oficia de sacerdotisa, es porque es única su energía y único su talento, y en los últimos veinte minutos sabe pasar con una fantástica naturalidad a darle a su público la Madonna de siempre en una suerte de fin de fiesta en que lucen a la par de ella, sus maravillosos bailarines.
HBO tiene prevista repeticiones del muy recomendable show.