Lou Reed revisa las canciones de una de sus mejores obras

"Berlin". Tres décadas después, resucita su gran obra conceptual en vivo.

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SEBASTIÁN AUYANET

El nihilista más adorado en la historia del rock hace justicia con su pasado y vive de una de sus obras más defenestradas. Es un rescate en vivo de una gira reivindicadora, puesta en las bateas locales por el sello argentino Ultrapop.

¿Para qué necesitamos un héroe dentro del rock? Ellos jamás viven acorde a nuestras expectativas. Los ejemplos van desde Maradona hasta Jagger. Cuanto más uno se fanatiza, más corre el riesgo de ser traicionado.

Eso fue lo que le pasó a mucha gente con Lou Reed en 1973. Para ese año, él ya había superado la inercia de haber ser sido parte imprescindible (junto a John Cale y la tutoría de Andy Warhol) de Velvet Underground. Había exorcizado ese pasado con Transformer en 1972, que con canciones como Walk on the wild side, Satellite of Love y Perfect day, había conseguido llevar su sombría alma creativa a niveles de éxito que le habían sido lejanos.

En ese escenario llegó Berlin, que parece una proyección a disco del ánimo angustiante de Perfect day. Como quien se regodea, hundiéndose aún más en su angustia, es una obra conceptual a la que no se le roba, en ningún momento, una sonrisa. Después de todo, habla de una pareja bohemia sumida en una historia de drogas, esquizofrenia, celos, rabia y desidia, un catálogo de desdichas que Reed solía frecuentar.

Producido por Bob Ezrin y junto a virtuosos sesionistas (Steve Winwood entre ellos), es un trabajo donde predominan los arreglos orquestales de violines y coros. En todo caso, la historia es la que lleva el peso y la que da a Berlin la condición de ser uno de los álbumes más depresivos en la historia del rock.

Buena parte de su público se sintió estafado en ese momento. Habiéndose perfeccionado hasta romper barreras en la forma rudimentaria de un cuarteto estándar de rock, ahora a Reed le daba por el conceptualismo y por los álbumes que se tienen que escuchar de la misma forma en que se lee un libro. En aquel entonces, incluso la a menudo condescendiente Rolling Stone pegó con fuerza. "Berlin es un desastre", firmó el crítico Stephen Davis. Es que, comparado con las canciones de Transformer -un disco mucho más pop- temas como Oh, Jim o Caroline says I demandan otro tipo de esfuerzo.

Aunque considerado un nihilista que no hace caso de la crítica, Reed omitió Berlin durante 33 años. Rara vez tocó alguna de esas canciones en las giras, aunque el "no hit" The kids sí aparece en Perfect night, registro de un show suyo en 1997. Como hombre que edita en vivo (sin ir más lejos, se sacó el mal gusto con el enérgico Rock n´roll animal en 1974, reciclando temas de la Velvet), revivió a Berlin en 2006.

En general, pocos lanzamientos "en vivo" no son una pérdida de tiempo. Para muchos es apenas un registro -limitado por el formato- del rendimiento de un artista y de sus canciones sobre un escenario. Sin embargo, las canciones de Berlin en vivo adquieren una interesante solemnidad. Si no se llamase Lou Reed, con seguridad hubiera tenido su "gira de álbum conceptual" al estilo Pink Floyd. Lo más cerca que él puede llegar de eso está aquí, en un show para una pequeña concurrencia.

Sucede que, a veces, editar un disco puede ser una simple declaración de intenciones. En este caso, Reed parece simplemente querer legitimar un trabajo salido de una de las mejores etapas de su carrera, a pesar de ser el primero de sus auto- boicots (el más notorio fue Metal machine music, en 1975). De todas maneras, ir a contracorriente le salió mal. A pesar de no tener "números uno" sigue siendo uno de los artistas más perdurables y eso se debe a obras como Berlin. Y ya que no lo hizo en su momento, se le puede permitir que quiera hacer algo más de dinero y volver a girar con estas canciones.

Mostruo - La nueva gran cosa

Hijo de Alejandro, ex La Pesada del Rock y Manal, Kubilai Medina muestra que el ADN juega. De Manal a Mostruo, el rock setentista de base argentina revive conservando pureza y con algún clic moderno, guitarras bruscas y potentes y algún dejo a Frank Zappa.

Candelino - Mora, Etchenique, Ibarburu

Reversiones instrumentales de un trío virtuoso que recorre en clave de jazz y candombe beat canciones de Hugo Fattoruso y Ruben Rada, Leo Maslíah, Eduardo Mateo y Jaime Roos, entre otros. Un experimento algo previsible.

The Rasmus - Black Roses

Los finlandeses hacen pop con los arrebatos metaleros -y ya pasados de moda- de Linkin Park. Nadie podrá decir que no saben hacer canciones para adolescentes y "emos", pero sí que lo hacen sin ninguna otra pretensión. La pereza que les dio crecer se proyecta al disco.

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