JORGE ABBONDANZA
No todos los grandes artistas han tenido buena suerte en cine. Cuando se filmó la biografía de algunos de ellos, a menudo se cayó en el simple pormenor sobre vida, época, amores y acontecimientos cotidianos (Rembrandt, Miguel Angel, Van Gogh, Goya) sin explorar el núcleo devorador que desde el interior de los creadores genera ese producto imponderable que suele llamarse obra de arte. Sólo en pocas ocasiones los pintores célebres obtuvieron en su retrato cinematográfico un enfoque penetrante y un saldo fermental, capaz de explicar la índole de una obra personal, el por qué de un estilo y la circunstancia profunda que determina el surgimiento de esos productos: dichas excepciones fueron Andrei Rublev de Tarkovski (1966), Frida de Paul Leduc (1985), Caravaggio de Dereck Jarman (1986) o El amor es el diablo (sobre Francis Bacon) de John Maybury (1998). En tales casos, a las cualidades señaladas se agregaba el pequeño prodigio de reproducir en la pantalla la calidad plástica de la obra aludida, con lo cual el cine no sólo lograba indagar en los pliegues nada visibles de la inspiración o el impulso expresivo de un pintor, sino que sumaba a ello la fascinación de que una película consiguiera recrear el embrujo visual de esos productos del genio.
Ahora el tema vuelve a primer plano porque desde Europa se anuncia que comenzará el rodaje de una co-producción austro-alemana sobre los últimos años en la vida de Gustav Klimt. Quienes conozcan la obra de ese artífice vienés de comienzos del siglo XX, saben que sus retratos y paisajes provocan una seducción sin par en el contemplador: el supremo refinamiento de la pintura de Klimt se enlaza con suntuosas herencias del arte bizantino y con legados del art nouveau para desembocar en unas piezas que brillan como joyas en los ornamentos, los marcos floridos, los cuerpos ondulantes, las máscaras faciales y los flotantes atavíos. La madurez de Klimt será evocada en ese film cuyo protagonista será John Malkovich, junto a quien figurará la actriz alemana Veronika Ferres en el papel de Emilie Floege, compañera amorosa del pintor, bajo la dirección de Raoul Ruiz, un chileno radicado desde hace años en Francia.
Según se ha dicho, la película (financiada por la red de televisión austríaca ORF) "no será una biografía clásica, sino más bien una imagen atmosférica de un personaje engarzado en una época de decadencia y calamidad", cuando la derrota en la Primera Guerra Mundial determina la desaparición del imperio austro-húngaro y del inquieto universo cultural de Viena en que Klimt se había formado. Pero ese pintor no es la única notabilidad del arte que en estos días vuelve al comentario colectivo: también la mexicana Frida Kahlo pasa al frente, porque en 2004 se cumple el cincuentenario de su muerte y están organizándose múltiples homenajes y muestras para evocarla. Como mucha gente sabe, la personalidad de esa creadora ya pasó al cine: lo hizo magistralmente en aquel título de 1985 donde estaba interpretada por Ofelia Medina y acompañada de una puntería infalible para retratarla en imágenes tan cautivadoras como sus autorretratos. En 2002 hubo en cine otra Frida de menor interés, con Salma Hayek a la cabeza del reparto (y Alfred Molina en el papel de Diego Rivera, su marido) dirigida por Julie Taymor.
RECUERDOS. Pero ahora la Kahlo, cuya cotización sigue al tope en las subastas internacionales de pintura, recibirá recordaciones varias: siete de ellas consistirán en exposiciones de variada índole que se escalonarán a través del año en distintos puntos de México. Esa lista comprende la muestra "Frida Kahlo" integrada por numerosos objetos personales, documentos y aspectos de su vida privada, que se abrirá el 28 de julio en el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana, manteniéndose habilitada hasta el 17 de octubre: "allí se verán los objetos de su afecto y su intimidad" dice la coordinadora Gabriela López. Otra será "Diego y Frida: retratos" que se montará en el aeropuerto internacional de México D.F., que podrá visitarse entre el 22 de junio y el 30 de julio con imágenes (fotos, grabados, pintura, carteles) de la pareja y sus ilustres amigos.
Entre el 24 de junio y el 24 de setiembre en el Museo Mural Diego Rivera se exhibirá "El arte popular en la iconografía de Frida Kahlo", reflejando la pasión de la pintora por las artesanías indígenas mexicanas. Del 14 de abril al 15 de mayo en el Salón de la Plástica Mexicana se mantendrá la muestra "Homenaje a Frida", que será una colectiva con aportes de artistas que evocan a la creadora. En el Museo-Casa-Estudio de Diego Rivera, habrá dos exposiciones: "Frida maestra: un encuentro con los Fridos", del 2 de setiembre al 28 de noviembre, y "Diego y Frida, universo compartido" del 8 de diciembre al 27 de marzo de 2005. Finalmente, a lo largo de 2004 la muestra "Diego y Frida, una sonrisa a mitad de camino" con obras de ambos, recorrerá varios estados mexicanos para trasladarse por fin al Consulado de México en Quebec.
Como ya se ha dicho, Frida estuvo medio muerta en vida (sufrió mutilaciones y afecciones atroces) pero sigue viva después de muerta. El recuerdo de esa mujer única, y por cierto también el de Klimt, son cosas provechosas —por no decir necesarias— en medio del cauce torrencial de noticias que desbordan la capacidad de atención del prójimo con guerras, inundaciones, sequías, finanzas, masacres o escándalos políticos. Un poco de arte de vez en cuando no viene mal frente a ese diluvio.