Los comienzos de la doctora Scarpetta

Regreso. A 20 años de su edición inicial vuelve "El cuerpo del delito" de Patricia Cornwell

 20110520 458x600

GUILLERMO ZAPIOLA

Sigue siendo una tensa, concentrada, eficaz "novela de procedimiento". Ediciones B ha reeditado "El cuerpo del delito", de Patricia D. Cornwell, segundo título de la serie de la doctora forense Kay Scarpetta.

Hace algunos meses, la misma editorial había puesto nuevamente en circulación Post mórtem, la primera intriga protagonizada por la buena doctora, muy poco antes de lanzar Scarpetta, el décimo sexto título de la saga. Teniendo en cuenta que Cornwell ha publicado ya en inglés dos novelas más sobre el personaje (The Scarpetta factor, Port Mortuary) no es difícil sospechar que esta reedición es también una suerte de aperitivo a la seguramente inminente edición en castellano de The Scarpetta factor. La mejor promoción que puede hacerse de Cornwell es resucitar sus primeros libros.

En efecto, El cuerpo del delito (que se publicó por primera vez en 1991) puede figurar entre los seis o siete mejores trabajos de Cornwell, que son sin casualidad los iniciales, cuando todavía no era millonaria, escribía más corto y le hacía más caso a sus editores. El paso del tiempo parece haberla vuelto más arrogante, menos dispuesta a escuchar consejos y más descuidada a la hora de dejar correr los dedos sobre el teclado de la computadora: sus últimos libros (Predator, La huella, El libro de los muertos, Scarpetta) son más largos, más repetitivos, más forzados en su apelación a la coincidencia, más abruptos en sus finales (reconozcamos también empero que la autora no ha vuelto a caer en las cimas de algunos de sus novelas intermedias como Código negro o La mosca de la muerte, con su melodramática saga de muertes y resurrecciones de seres queridos y sus enfrentamientos con la mafiosa familia francesa Chandonne).

El cuerpo del delito es un típico ejemplo de los primeros Cornwell: relato en primera persona, que acentúa un grado de intimidad con la protagonista (en los más recientes se ha volcado a la tercera, ya sea en tiempo presente o en pretérito indefinido), un terrible asesinato inicial, una esmerada dosificación de los datos de la intriga. Durante un trecho al menos, Scarpetta es solamente una investigadora profesional, pero a cierta altura el caso se vuelve personal y peligroso: la propia doctora se convierte en blanco eventual del asesino.

"Novela de procedimiento", decíamos al principio. Cornwell dedicaba buena parte de su tiempo de narradora a los detalles forenses (en los cuales, dicho sea de paso, es una experta), y allí suelen encontrarse sus mejores momentos. Los libros de Scarpetta mejoran cuando la doctora se pone su ropa de faena, entra en la morgue y comienza a trabajar con un cadáver ("los muertos le hablan", suele decir). Cuando se aleja de los procedimientos forenses y se distrae hacia el carácter de los personajes (que con el paso del tiempo se le han convertido casi en caricaturas, aunque no lo eran al principio) suele interesar menos. A propósito de los personajes, aquí están ya casi todos los de la saga además de la propia doctora Kay: el grosero, homofóbico, glotón y brillante investigador de homicidios Pete Marino, el "profiler" del FBI (más tarde amante y luego esposo de la doctora) Benton Wesley, y hasta la sobrina Lucy Farinelli, todavía una niña, ya un genio de las computadoras pero que no es todavía la lesbiana insufrible en que se convertirá luego.

La identidad del asesino importa menos que el minucioso mecanismo para llegar a su identificación, y Cornwell juega con eficacia sus cartas. Y tiene por lo menos un "plus" que no siempre cumpliría después: un misterio secundario (¿cómo pudo el criminal sorprender a una víctima temerosa, advertida y desconfiada?) que se plantea con tiempo y limpieza, y da lugar a la inteligente vuelta de tuerca que se produce en las intensas veinte páginas finales. Una buena lectura para el fin de semana.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar